Antonio Canales (Sevilla, 1961) charla con expoflamenco sobre el Tablao Villa Rosa en Madrid, su forma de entender su baile y sus aprendizajes sobre el flamenco. También nos deja alguna pincelada sobre su actuación el 27 de agosto de 2025 en Pamplona, con guitarristas de primer nivel, con Montse Cortés en el cante, la colaboración especial de Pepe Habichuela, y bajo la dirección artística del periodista Jose Manuel Gamboa. «A los bailarines, lo que les pido y exijo es que sean ellos mismos. Yo no elaboro mis trajes. Me gusta hilar trajes a medida», dice.
Una entrevista de Manuel Cid.
– Ha apadrinado el mítico Tablao Villa Rosa en Madrid, fundado en 1911. ¿Cómo está siendo la experiencia? ¿Cómo lo viven los artistas y la afición?
– Bueno, yo tuve la gran suerte de estar en su reposición, y por supuesto en su brillante inauguración. La verdad sea dicha, que estábamos emocionados de poder rescatar una joya sin igual: el abuelo de las catedrales del flamenco. Fueron meses de muchísimo trabajo minucioso y sobrio. Se limpiaron todos los azulejos del gran maestro Benlliure. Y lo reconstruimos con el máximo respeto, cariño y fidelidad, para hacer de él el templo por excelencia. Yo lo dirigí durante un año, sin pisar las tablas. Orquesté desde el elenco de grandes artistas y cuadro flamenco hasta los maitres, camareros y técnicos. Pero hoy en día los tiempos han cambiado y ya ese modelo de flamenco gourmet es imposible de sobrellevar. Así que ahí está, cada noche, funcionando a gran velocidad y con gran calidad. Pero ese flamenco que yo esperaba y pretendía dar, en los tiempos que corren, el público español no tiene ganas de consumirlo.
– ¿Ve importante que el flamenco se adapte a los tiempos modernos y alcance a un público de masas? ¿O piensa que tiene que seguir siendo una música de culto?
– El flamenco es imparable y algo vivo en constante evolución. No podemos pretender ponerle puertas al campo. En todas las épocas hubo cabida para todo. Y gracias a muchos corazones inquietos, el flamenco se ha nutrido y lo sigue haciendo en todas las direcciones. El problema está en el público. En la demanda. En la ignorancia, que es muy atrevida.
«¡Alzapúa siempre tiene el aliciente del misterio sin desvelar! Estamos con muchas ganas e ilusión de darlo todo y entregar nuestros corazones para que se derrame la magia. Lo merecen Pamplona y el On Fire»
– Comenzó su carrera como bailarín con el Ballet Nacional, sintiendo una gran influencia en su forma de entender el baile y la dedicación al oficio. ¿Cómo le ha influido el estudio clásico? ¿Qué integró en su forma de bailar flamenco?
– Aún sigo contaminándolo día a día. Si existe un estilo canalista es por ello. Mi alma siempre está a la búsqueda de nuevas formas. El saber no ocupa lugar. El vacío pesa mucho más.
– ¿Cree fundamental la obsesión con el baile? Muchas veces ha reivindicado que al baile hay que dedicarse por entero, hay que dedicar la vida a ello. Y le pregunto, Antonio: ¿qué le ha dado el baile? Y por lo tanto, ¿qué le ha quitado?
– Por supuesto que hay que entregarse en cuerpo y alma a él. Si no haces ese voto de clausura es imposible sentir su divinidad. Es una vocación muy corta, y el tiempo es tu amigo y tu peor enemigo a la vez. Me ha dado toda mi razón de ser. Y me ha quitado todo lo que no me servía.

– Es interesante el papel del espectador en el flamenco. Desde el señorito que pagaba las actuaciones en esos años de franquismo, el público del café cantante acompañando la música con copa de coñac, tabaco y charlas, el entendido de las peñas, el compadre en un día de juerga. ¿Cómo influye el público a la hora de bailar?
– Ahí está el dilema que emponzoña la calidad de nuestro arte eterno. Si los niños estudiaran en las escuelas el flamenco, le aseguro que todo esto tendría otros tintes y valores. Somos Patrimonio Inmaterial de la Humanidad porque hemos superado muchos naufragios. Ahora hay que educar con conciencia y maestría primero a nuestro público español y después al mundo.
– Quisiera preguntarle sobre el cuerpo del hombre en el flamenco. En los «inicios», se consideraba el cuerpo masculino como el que acompañaba a la bailaora, pensado para servir de pareja de ella. Ya Estebánez Calderón lo menciona en 1847: «El bailador la seguía menos como rival en destreza, que como mortal que sigue a una diosa.» Usted ha sido referente en traer el cuerpo del hombre delante del escenario, como cuerpo autónomo. ¿Cómo ha vivido la evolución del baile de hombre en el flamenco?
– Antes de mí tuve a grandes maestros y ejemplos. Escudero, Antonio, Gades y muchos otros. He podido bailar sus grandes obras, que son nuestro repertorio nacional, y he sentido esa evolución de la que me habla en mi propia piel. Al igual que en el Ballet Clásico, al principio, el hombre solo transportaba a la mujer. Pero era de esperar, que al pájaro le crecieran alas y volara también solo en libertad.
«Los tiempos han cambiado y ya ese modelo de flamenco gourmet es imposible de sobrellevar. Ahí está, cada noche, funcionando a gran velocidad y con gran calidad. Pero ese flamenco que yo esperaba y pretendía dar, en los tiempos que corren, el público español no tiene ganas de consumirlo»
– Vicente Escudero comentaba aquello del baile recto del hombre, sin mover las caderas y con las manos en forma de cuenco. Decía aquello de «¡Baile de hierro! ¡Baile de bronce! ¡Así bailaría yo!». ¿Cómo hablaría de su baile, Antonio?
– A mí me gusta ser ingrávido, y a la vez una roca de granito. Pero lo que más me gusta es retar al equilibrio. Lo demás, líneas rectas o curvas, viene solo.
– Comentó en una entrevista que está en el ocaso de su carrera como bailaor. Dice que está más centrado en coreografiar y dirigir. ¿Qué le interesa de esa creación como coreógrafo? ¿Qué le pide al bailaor?
– El mundo del coreógrafo no tiene mucho que ver con el del intérprete. Son paralelos, pero viajan por separado. A los bailarines, lo que les pido y exijo es que sean ellos mismos. Yo no elaboro mis trajes. Me gusta hilar trajes a medida.
– ¿Cómo tiene planteada la actuación en el espectáculo Alzapúa III en el Festival Flamenco On Fire el 27 de agosto? ¿Con ganas de subirse a las tablas?
– ¡Alzapúa siempre tiene el aliciente del misterio sin desvelar! Lo que sí le puedo decir es que estamos con muchas ganas e ilusión de darlo todo y entregar nuestros corazones para que se derrame la magia. Lo merecen Pamplona y el On Fire. ♦






































































