La Bienal de Sevilla, el Festival de Jerez, la Bienal de Málaga… Parece que todas se suman al carro de ofrecer en su programación propuestas que perfilen las diferentes aristas del flamenco, queriendo parecer más modernos, originales, diferentes y, a veces, hasta provocadores u osados. Pero no llegó a tanto Huellas de Poemas, de Alicia Morales y Álvaro Martinete. Los artistas granaínos se sirvieron de una voz y una guitarra para encorsetar los versos de poetas como Lorca, Rosalía de Castro, San Juan de la Cruz, Alberti, Miguel Hernández o José Luis Ortiz Nuevo en un repertorio de temas, que no cantes, muy acancionaos.
El aficionao cabal que viniera con su entrada buscando el pellizco se fue como vino. La oferta incluyó un puñao de caricias, probaturas y experimentos en una garganta bien timbrada, con afinación, gusto, velocidad en la voz, un amplio registro tonal y trazos flamencos. No seré yo quien cerque el coto a la creatividad. El arte es eso. Pero aquello no fue lo que yo esperaba en un festival de lo jondo, por más que el acompañamiento y la catalogación de las piezas encajaran entre las ramas de ese árbol de los palos. Y a pesar de la innegable calidad cantaora de Alicia y el trabajazo que se intuye detrás, mis oídos se fueron con la guitarra durante todo el recital: Álvaro Martinete nos regaló una velada de auténtica maestría. Sensible en las composiciones, rotundo en la pulsación, preciso en los picaos, pulcro en los trémolos, falsetas y tiraíllos, y esencialmente enjundioso a la vez que servicial con el cante de Morales, a la que le tendió seis ríos de plata para que desnudara con empalagosa suavidad todo su esplendoroso ideario musical cuyas letras tuvo que ir releyendo en los papeles que apoyaban sobre un atril, gesto que nunca me ha gustado de cuantas actuaciones flamencas he visto donde se haya usado este recurso. Afortunadamente han sido pocas.
«A pesar de la innegable calidad cantaora de Alicia y el trabajazo que se intuye detrás, mis oídos se fueron con la guitarra durante todo el recital. Álvaro Martinete nos regaló una velada de auténtica maestría. Sensible en las composiciones, rotundo en la pulsación, preciso en los picaos, pulcro en los trémolos, falsetas y tiraíllos»
Los honores a Morente se están convirtiendo en un peaje en Granada. De ahí que se desdibujara su eco colándose cada tres por dos entre los melismas y la concepción de los temas que tejió Alicia.
La sonanta trinó en solitario sobre los maderos. Luego apareció Morales de blanco impoluto por un lateral de las gradas. Templó El llanto de la guitarra, corazón malherío por cinco espadas. Y al compás que Álvaro dispuso sobre el golpeador de la tapa de la bajañí, calentó su gañote la cantaora deambulando por aires seguiriyeros, de liviana y cabales. Magnífico el solo por granaínas de Martinete, preludiando el renuevo melódico que le dio Alicia, coronándolo con abandolaos y descollando en la jabera.
Asumió el reto de navegar por otras historias en la soleá Noche oscura, desvirtuando los soníos negros de la tradición a la vez que se sintió en el rebusco de sensibilidades nuevas. Álvaro se deshizo derritiendo la melaza de los flamencos en una extraordinaria guajira dedicada a su madre, musicalizada en las entrañas, desde el rincón más heterodoxo de la ortodoxia. Un recitado de Morales, estribillos y el soniquete por Huelva condujeron hasta orillas choqueras por fandangos. Muy diferentes, pero fandangos, al fin y al cabo. Prosiguiendo por este camino a la deriva sonó la rondeña y acabó el recital Vendiendo flores, una creación que transita entre los tientos y tangos de Graná que incluyó en su disco La novia de cristal (2019).
Alicia Morales y Álvaro Martinete dieron con valentía una vuelta de tuerca a los vientos tradicionales del flamenco. Quedó en pie la mayor parte del respetable que pedía otra y este crítico cabizbajo con la piel arrullada solo con tibieza y un subidón de azúcar. Yo no quería más, sino diferente, porque en la saturación de discursos que buscan la novedad en los poemarios y la originalidad musical, está el olvido de que ya se ha hecho de mil formas. Y al final, lo moderno resulta ser el retorno a las raíces para recrearlas con el refresco de la interpretación y la impronta de quien tiene lo que hay que tener para decir algo en esto. No le niego su mijita de personalidad al asunto, pero no me atrapa de manera convincente. Visto lo visto y escuchado lo escuchado, solo fue una cosa más.
Ficha artística
Huellas de Poemas, de Alicia Morales y Álvaro Martinete
I Bienal de Granada
Centro Federico García Lorca, Granada
21 de septiembre de 2025
Cante: Alicia Morales
Guitarra: Álvaro Martinete










































































