Cuando se habla de flamenco, el imaginario colectivo lo asocia de inmediato con Andalucía: la guitarra, el compás, el cante y el baile que brotan en patios, peñas y tablaos. Sin embargo, a miles de kilómetros de su origen, este arte ha echado raíces con fuerza inesperada en una ciudad estadounidense marcada por la herencia hispana: Alburquerque, en el estado de Nuevo México.
Allí, el flamenco ha dejado de ser una propuesta exótica o una curiosidad cultural para convertirse en una expresión integrada en la vida diaria. No es extraño encontrar programas educativos con el flamenco como parte estructural del currículo, ni ver cómo niños y jóvenes lo practican con la misma naturalidad con la que estudian matemáticas o ciencias.
Formación académica con acento jondo
Uno de los referentes en esta singular proyección del flamenco es la escuela pública concertada Tierra Adentro de Nuevo México (TANM). En este centro, el flamenco no se limita al escenario: forma parte del desarrollo formativo del alumnado desde etapas tempranas. Las clases combinan técnica, historia y vivencia del arte flamenco, en un proyecto pedagógico que cuenta con el respaldo de profesionales y estudiosos del género.
Además, la Universidad de Nuevo México (UNM) es, a día de hoy, la única institución de enseñanza superior en Estados Unidos que ofrece un programa académico específico en flamenco. Su Departamento de Teatro y Danza lleva más de cinco décadas atrayendo a estudiantes internacionales interesados en la formación rigurosa y especializada en las artes escénicas vinculadas a la tradición española.
«Cada año, Alburquerque acoge el Festival Flamenco Internacional, un encuentro que reúne a artistas de proyección mundial en un entorno que combina formación, exhibición y divulgación»
Una ciudad volcada con el flamenco
Más allá de las aulas, Alburquerque se ha consolidado como uno de los epicentros del flamenco en el continente americano. Cada año, la ciudad acoge el Festival Flamenco Internacional, un encuentro que reúne a artistas de proyección mundial en un entorno que combina formación, exhibición y divulgación. Durante una semana, se ofrecen espectáculos, clases magistrales y conferencias que convocan a público y alumnado procedente de numerosos países.
La iniciativa es impulsada por la Fundación Nacional de Flamenco, una organización que ha jugado un papel fundamental en el desarrollo y consolidación del arte jondo en esta parte del mundo.
Mientras en España el flamenco lucha por ocupar un espacio estable en la educación pública, en Alburquerque ha logrado institucionalizarse como una herramienta cultural y formativa de primer orden. Un caso singular que demuestra cómo la tradición puede encontrar nuevos caminos sin perder su esencia.








































































