Aquí se suele comenzar la jornada bien temprano. Sobre las ocho y media de la mañana, la prensa, los artistas, miembros de la organización del Flamenco On Fire coinciden en la cafetería (bufé) del Hotel Tres Reyes y de ahí ya no se para hasta entrada la madrugada. El cansancio apenas se nota, o al menos esa es la información que hay que mandarle a la mente para poder aguantar hasta el final. El jueves 28 de agosto, después de doce horas sin desconectar, asistí a un nuevo amanecer, a una carga eléctrica que me dio energía para seguir soñando con el flamenco como camino a la felicidad. La culpa la tuvo Alba Heredia, bailaora del Sacromonte granadino que lleva en sus genes la estirpe de Mario Maya, Marote y Manolete. A los cuatro años comenzó a bailar en público, en las cuevas. Ella nació en la Cueva de Rocío y así tituló a este recital ofrecido a las casi doce de la noche.
Seguiriya, tangos y una soleá con final por bulerías le sirvieron para dejar el sello de su casa, la bandera en lo más alto del baile flamenco y gitano de la actualidad. Imprevisible y audaz, es capaz de conectar con todos los públicos, se baja del escenario e interactúa. Hacía tiempo que no veía nada parecido, santa medicina. La bailaora ha sido recientemente madre y se mostró más sensible de lo normal, entregada al cien por cien. La guitarra de Juan Jiménez, la percusión de Lucki Losada, el compás de Rober el Moreno y el cante de José del Calli y El Bola fueron el mejor motor para esta bailaora de raza.
El Bola, Ismael de la Rosa, venía de cantar con la guitarra de José del Tomate en el Espacio Pansequito, rebautizado así por la dirección del festival. El eco del recordado cantaor sonaba mientras el público accedía y nos inundó la nostalgia. El recital de ambos fue brillante, el futuro ha llegado. Este es el cante y el toque que está y estará, además debe ser así porque interpretan desde la tradición, con imagen actual. Pronunciando cada letra, cada nota, respetuosos con el público, indagando en la memoria.
«Seguiriya, tangos y una soleá con final por bulerías le sirvieron para dejar el sello de su casa, la bandera en lo más alto del baile flamenco y gitano de la actualidad. Imprevisible y audaz, Alba Heredia es capaz de conectar con todos los públicos, se baja del escenario e interactúa. Hacía tiempo que no veía nada parecido, santa medicina»

La guitarra tuvo presencia con José Antonio Rodríguez, maestro cordobés que el día antes fue pieza clave del Alzapúa III. En esta ocasión, en Espacio Sabicas, lo vimos en solitario y ofreció un gran recital de toque con armonías y cadencias de singular ejecución. Lo escuché a pocos metros, como si estuviéramos todos en un cuarto de cabales. Una cosa que no suelo comentar y creo que es importante hacerlo es que el 80 por ciento de las actividades de este festival cuentan con entrada gratuita, como el concierto que os cuento de José Antonio. Hay un público familiar, niños que se quedan embobados, suelen mantener silencio hasta que se termina la intervención y es ahí cuando ovacionan generosamente.
Los balcones siempre entusiasman. Duquende inició la jornada del jueves desde el del Ayuntamiento de Pamplona, donde el chupinazo, con Julio Romero y las palmas de Pescaíto y Cristóbal Santiago. El cantaor está en un gran momento y es nuevamente destacable. Tomatito estaba en ese salón, tocándole las palmas sin que el público supiera nada. ¡Qué se ríe uno con Tomatito! De un lado a otro sin apenas respirar, encontrándome por el camino, como en la foto aparece, a dos flamencos que en plena calle cantaban fandangos de Huelva. Agujetas Chico estaba en el balcón de La Perla, otro hotel que se presta a la iniciativa. Público nuevamente con ganas, deseosos de escuchar el perfil musical y creativo del hijo de Dolores, del nieto de Manuel Agujetas. Toca y canta a la vez, y ambas cosas las hace para llorar de emoción. Su quejío es tan propio que no necesita definición.
Y en Baluarte, el gran escenario, Antonio Najarro llevó su compañía para expresar el Romance Sonámbulo de Lorca desde un lenguaje onírico, inmaterial y lleno de referencias granadinas como La Alhambra, la naturaleza, la luna y el mar, el bosque lleno de niebla. Es un gran montaje, con un cuerpo de baile de catorce (puedo haberme equivocado) y una fuerte carga audiovisual para apoyar el movimiento dancístico del baile flamenco, danza española, folclore… Un sueño del que no queremos despertar. ♦



















































































