Conocí a Luis Soler Guevara, el malagueño estudioso del flamenco que acaba de fallecer con 81 años, en su querida Mairena, siendo yo jurado del prestigioso concurso de esa localidad de los Alcores sevillanos junto a su sobrino y colega de fatigas, el gran Ramón Soler, el no menos grande Antonio Barberán y el sabio cantaor Marcelo Sousa. Tuve la suerte de compartir largas y muy instructivas charlas con Luis, quien me acogió como amigo y colega con la generosidad propia de esa familia y a quien agradeceré siempre haberme brindado su amistad sincera y el haber compartido sus conocimientos con este gallego aficionado. Los años que trabajé en el Conservatorio de Córdoba, residiendo en Cádiz (2007/2017), muchos domingos, en vez de viajar vía Sevilla, lo hacía por Málaga, y así paraba a desayunar con Luis y echaba la mañana con él, aprendiendo. Tenía en el sótano de su casa una bodeguita, y allí bajábamos con la guitarra y le acompañaba una hora entera por soleá sin repetir un solo cante con un hilito de voz que le quedaba, pero con una entrega y una fuerza expresiva que ya quisieran muchos. Luis era un auténtico sabio de la cosa jonda. Se sabía los cantes de verdad. Te repetía dos versiones de la malagueña del Canario remarcando las sutiles diferencias entre la del Pena padre y la de su hijo con una precisión pasmosa. Un portento. Vivió el flamenco con una pasión que he visto pocas veces.
«Todos los flamencos le adoraban y respetaban. No me lo han contado, lo vi con estos ojos. Luis Soler se merece todos los elogios y reconocimientos que se le puedan rendir ahora que ya no está entre nosotros. Siempre permanecerá en la memoria del mundillo flamenco y en el corazón de los que tuvimos la suerte de compartir con él»
Ha sido reconocido con los más prestigiosos galardones. Su actividad profesional en Algeciras durante la mitad de su vida le llevó a acercarse a los flamencos del Campo de Gibraltar, llegando a saber de cante más que ningún otro flamencólogo que yo haya conocido. Sus estudios sobre su adorado Antonio Mairena, destacando Antonio Mairena en el mundo de la Siguiriya y la Soleá, junto a su sobrino Ramón, un clásico de la bibliografía flamenca (1992), han marcado el paso a los que nos dedicamos al análisis musical del cante. No en vano, la clasificación del repertorio flamenco de seguiriyas y soleares que hasta hoy sigue guiando a la afición parten de esa obra. También hicieron la magnífica colección en 40 cedés Testimonios flamencos con grabaciones, inéditas muchas de ellas, o Los flamencos del Campo de Gibraltar, por citar sólo algunos. En su casa me enseñó unos tomos gordísimos de memorias que tenía mecanografiados y encuadernados y que ojalá puedan ver la luz algún día.
Todos los flamencos le adoraban y respetaban. No me lo han contado, lo vi con estos ojos. Luis Soler se merece todos los elogios y reconocimientos que se le puedan rendir ahora que ya no está entre nosotros. Siempre permanecerá en la memoria del mundillo flamenco y en el corazón de los que tuvimos la suerte de compartir con él. Gracias por todo, querido Luis. Te echaremos de menos. Fuiste un auténtico fenómeno, la generosidad del flamenco personificada. Ahora ya estás con tu querido Antonio.







































































































