Ayer, día 3 de febrero, falleció Luis Soler Guevara, a los 81 años, después de una larga y penosa enfermedad. Sus dos hijas, Marisa y Eva, lo adoraban. Su esposa Isabeli ha sido una compañera que ha demostrado con creces lo que es querer a alguien.
Soy el menos indicado para valorar lo que ha supuesto su labor en el mundo del flamenco. Sí puedo decir que ha sido el mejor aficionado que he conocido nunca, con una memoria prodigiosa para recordar todos los cantes y, lo que es más importante, poseedor de un fino instinto para saber estinguir.
Todos los que lo han conocido han sabido de su generosidad. En un mundo donde muchos son cicateros a la hora de compartir, a él le dolían las manos de dar grabaciones, escritos e información para que artistas y aficionados crecieran. Con la llegada de los discos duros, directamente les grababa en estos soportes a quien quisiera todo el caudal de grabaciones, fotos y textos que atesoraba. Y esto era así para gente afín a sus gustos como para los que no lo eran.
No he conocido a nadie así.
No es el momento de extenderme. Solo tengo que decir que por él estoy en este mundo del flamenco. Para los flamencos se ha ido un puntal enorme de este arte. Para mí se me ha ido mi tío Luis. Que descanse en paz.







































































































