Era la primera vez que la bandera gitana presidía el fondo del escenario en 51 años de vida de la Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla. Atá por dos esquinas con los cordones de unos zapatos, pintó el azul del cielo por arriba y el praíto verde por abajo. La rueda roja de un carro en el centro y el sentimiento a flor de piel. Hubo que quitarse el sombrero ante la disertación de una mujer valiente y con tres docenas de ovarios que se subió a reivindicar su sangre y defender la gitanidad, mucho más allá de lo que circunda al flamenco. Seis quintales de arrojo, uno por cada cien años de los que ya vive aquí su pueblo. Y una espuerta más, por lo que llevamos en este. Con conocimiento, desparpajo, to el age y el coraje del mundo sentó cátedra en cinco minutos que supieron a potaje de hinojos. Pastora Filigrana rubricó un hito en la historia de esta ensolerada peña. Y lo contó como nadie. Con el izquierdo en la boca y levantando al público. Lo que del corazón sale a borbotones, al corazón hirviendo llega. Después presentó al cuadro y to fueron delicias. Ole tú, prima. Aunque yo sea gachó.

La idea fue de El Barullo, que pegó un silbío a la peña pidiendo sus tablas pa celebrar este día señalaíto. Le faltaron esos buñuelos. Otra vez será. Y José Antonio Troya, que preside el templo del flamenco sevillano, le abrió los postigos de par en par diciéndole todo esto es tuyo.
El nieto de Farruco no es sordo. Y se dejó acompañar por las mieles y los arañones de Manuel de Gines y Juan de la María, que lo llevaron en volandas desde que salió del camerino. Ramón Amador le tendió sus cuerdas pa que pisara sobre su música gitana marcando en el pentagrama calorró los mandamientos del baile macho de los Fernández. ¡Ay, si su Pilar lo hubiera visto! Porque bailó pa chillarle. El Barullo vino con su amor y los chaborrillos. Luego les cuento. Pero se subió a los maderos y mandó.
«Su estampa ya valía la entrada. Y dolió tela por soleá, en la que pintó las posturas que brotan de lo mamao. Aquí descolló por to lo alto. Los marcajes herían. Sus hombros dibujaron con empaque. Paró el tiempo señalando las vereítas negras en la que pesan los silencios. El Barullo le bailó al cante y a la guitarra. Y a la historia de su pueblo, a lo que corre por sus venas»
Primero Ramón tocó solo, pa derretirnos en el sueño de trémolos y alzapúas, afinando la bajañí en tono de jondura. Meció los melismas acaramelaos de su nuez por tientos tangos Manuel de Gines, acariciando las cadencias y acordándose de Pastora y Juana la del Revuelo. Prosiguieron por alegrías y el de la María principio meloso con las de Córdoba, rifándose con su compañero la sal, hasta las bulerías de Cádiz. La muerte llamó a Juan en la seguiriya, despellejándose estrujaíto en la entrega, cambiando los giros y rizos del cante por medio tono más. Crujió bien en el cambio de Juanichí El Manijero y el público lo ovacionó. Al siete brillando tocó magistralmente al acompañamiento de la soleá por bulería el bueno de Amador, que trinó destilando sensibilidad y flamencura por las yemas de sus dedos toíta la noche, preñao de enjundia. Y al fin de fiesta se subieron la mujer de El Barullo y sus chiquillos, demostrando el arte de esta familia gitana que perpetúa los avíos de una estirpe sin parangón. Pa sacarlos a hombros a tos.
¡Y cómo bailó El Barullo, señores!
Lució por alegrías sin alharacas ni imposturas. Impregnó de elegancia su baile, recio, puro y añejo, con salpicones de frescura. Muy personal, poseído por las hechuras de su abuelo, pero no es una copia. Es el que más se parece, trasmina y huele. Impetuoso, pero no desbocao, potente y varonil, sabiendo recogerse sin resbalones ni desplantes rebuscaos, bailó por derecho, sin tonterías ni ostentaciones de percusión vertiginosa. Aunque demostró una definición impecable con los pies, su braceo era redondo en los pasajes de gracia y tenso en los cierres. Supo mover la chaqueta, pararse, pasear y flirtear con el compás por alegrías como le dio la gana, sin desmadrarse ni que se le moviera el sombrero.
Su estampa ya valía la entrada. Y dolió tela por soleá, en la que pintó las posturas que brotan de lo mamao. Aquí descolló por to lo alto. Los marcajes herían. Sus hombros dibujaron con empaque. Paró el tiempo señalando las vereítas negras en la que pesan los silencios. Le bailó al cante y a la guitarra. Y a la historia de su pueblo, a lo que corre por sus venas. Y cuando quiso irse de los maderos, ralentizó una recogía de un millón de quilates que estalló arrancando los oles de cuajo. Este gitano es distinto y sabe rebañar en sus pataítas y las llamás los misterios que te remueven las tripas. La bulería fue ya el despropósito para tatuar en la retina de los buenos aficionaos la gitanería de El Barullo.
¡Opre roma!
Ficha artística
Recital de baile de El Barullo
Día Internacional del Pueblo Gitano
Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla
8 de abril de 2026
Baile: El Barullo
Cante: Manuel de Gines y Juan de la María
Guitarra: Ramón Amador


















































































