En tiempos en que se está repensando permanentemente sobre el baile flamenco, donde se busca más la perspectiva integradora que la vuelta a los principios, siempre es grato que el artista se reencuentre con lo vivenciado, con el proceso en el que ha experimentado situaciones antes de abrirse a los sucesos externos.
Es el objeto directo de Natural, donde Farru se refiere a la experiencia personal adquirida desde, obviamente, el impacto emocional significativo en el entorno familiar, pero a partir de situaciones que le impactaron como artista, de lo que el espectador puede deducir el significado de las vivencias, estrechamente relacionadas con la modificación de su forma de ser, pero también con la percepción de las emociones flamencas.
Estamos, por tanto, ante una forma distinta de ver la vida artística y flamenca, desde que arranca la presentación con el baile de Farru, con los diálogos que mantiene con el cante de Ezequiel Montoya y Rafael de Utretra, acciones asociadas a la memoria y a la experiencia, dejando las huellas tal y como constatamos en cada gesto que cada cual lleva a lo largo de su vida.
Natural es, pues, desde el principio una historia de connotaciones sin libreto, y hasta con ensayos medidos para la perfección, lo que no imposibilita el que quien tenga calidad la haga aflorar, como Rafael de Utrera, que nos brindó una malagueña con una voz bien timbrada, brillante e importante por extensión, lo que aporta proyección a esta propuesta que, unida a la personalidad de Farru, brindan una coloración con derroche de carisma.
La calidad gitana de Farru hace que el montaje no sea monocorde, con lo que la articulación del zapateado en la seguiriya no adolece del acoplamiento riguroso a que el tiempo moderno nos tiene acostumbrado. Es decir, un montaje con menos improvisación y más vuelo, menos arrebato y más fantasía, lo que significa que todo sonaba en su sitio y como tenía que sonar, a más de sobrado de convencido pulso argumentativo y tan ensimismado que completaba aún más la exposición.
«Asistimos a una representación globalmente muy esmerada, con destellos de baile más que varonil y gitano, tan necesitado. Experiencias ligadas a momentos significativos en la vida de Farru, esto es, lo que se refiere a sus vivencias, esas situaciones específicas que se convierten en los pilares que sostienen su identidad, sus relaciones»
Quiero explicar con ello que la improvisación creativa es un arte que va más allá de la mera espontaneidad. Para que los diálogos maximicen su potencial de naturalidad, es menester que los ensayos permitan a los artistas experimentar pero de verdad, descubrir y refinar sus técnicas y estilos. Solo así, el ensayo, tanteo o laboratorio creativo, puede influir, decisivamente, en la capacidad de un flamenco para improvisar en este tiempo y resaltar su importancia en el desarrollo creativo.
Así lo constata Farru en el cierre, ofreciendo la guitarra al cielo y manifestando que se puede ser bailaor macho sin dejar de ser músico. Hay en tal sentido otro dato a retener, el ambiente de confianza en los miembros de la compañía, que facilita la exploración de ideas novedosas pero añejas y el desarrollo de la creatividad, tal que su toque por bulerías. Aunque insisto, hay momentos que cuando están bien trabajados, como el guiño a Diego del Gastor, o cuando José Galvéz nos acercó al desfiladero de la magia, nos pueden llevar a descubrimientos sorprendentes que, de otro modo, no se habrían considerado.
Reconozco que Farru, porque lo conozco desde su más tierna infancia, tiene la facilidad de encontrar la habilidad de responder en tiempo real a las circunstancias musicales y a las emociones. Y diré más: está tan familiarizado con el flamenco que sus vivencias le proporcionan la base más sólida sobre la cual improvisar, como así se patentizó en la introducción de cantiñas y, sobre todo, por bulerías.
Aquí la espontaneidad le surgió de la sinergia de ideas y talentos vividos, lo que hace del montaje un viaje creativo y compartido que beneficia a todos los involucrados, enriqueciendo no solo las habilidades individuales, sino también el resultado final del proyecto artístico.
Hay, en esa exploración estructural de temas rítmicos, interpretaciones llenas de emoción y dinamismo en el que no sólo se domina la instrumentación, sino también el desafío ante lo inesperado, especialmente cuando genera un espacio de improvisación que enriquece el desenlace final.
Asistimos, por consiguiente, a una representación globalmente muy esmerada, con destellos de baile más que varonil y gitano, tan necesitado. Experiencias, en suma, ligadas a momentos significativos en la vida de Farru, esto es, lo que se refiere a sus vivencias, esas situaciones específicas que se convierten en los pilares que sostienen su identidad, sus relaciones, y que le afectan tanto al artista que las expresa desde la forma en que se siente en el escenario, y hasta cómo le atañe a su futuro.
Ficha artística
Estreno nacional de Natural, de El Farru
XXX Festival de Jerez
Sala Compañía, Jerez
22 de febrero de 2026
Baile: Farru
Guitarra: José Gálvez
Cante: Ezequiel Montoya
Percusión: Lolo Fernández
Artista invitado: Rafael de Utrera
















































































