Vaya por delante que no soy de los que exigen a los festivales flamencos que no programen nada ajeno al género. Si lo jondo se cuela desde hace décadas en todo tipo de eventos, desde ciclos de teatro a festivales de jazz y hasta de pop-rock, ¿por qué no vamos nosotros a ser hospitalarios con otros lenguajes?
Eso pensé mientras asistía a la representación de Rodin, la propuesta con la que el bailarín Sergio Bernal se plantó anoche en el Teatro Villamarta, en el marco del Festival de Jerez. La obra está inspirada en la figura del gran escultor francés, como pretexto para abordar el mito del artista capaz de insuflar vida a la materia inerte. Tres piezas en concreto articulan el montaje: el Torso de Hombre de Louis XIV, en la que Bernal se corona a sí mismo como el rey Sol; el célebre Pensador, tal vez la escultura más popular de todos los tiempos, y El beso como paradigma de representación de la pasión amorosa.
Desde la subida del telón, Bernal demuestra una perfección técnica y un dominio de la escena abrumadores. Aunque mis conocimientos de danza clásica son francamente limitados, no hace falta ser un experto para entender que las piruetas, los saltos y arabescos están ejecutados con pulcritud mientras suena la deliciosa música de Jordi Savall.
Bernal, que ha sido Primer Bailarín del Ballet Nacional de España, es un ejemplo de la completísima formación que tienen hoy los profesionales de la danza, incluyendo por supuesto el clásico español, si bien quienes acudieron al coliseo jerezano en busca de flamenco hubieron de esperar 40 minutos, casi la mitad del espectáculo, para escuchar el primer taconazo, y un rato más para ver un zapateado acompañando por un conjunto de cuerda.
«Este Rodin, flamenco solo lo justo, pero defendido por un bailarín formidable y un elenco a la altura, entre tanta forma escultórica terminó dejándonos de piedra a más de uno. Pero piedra de las que laten, sienten y se conmueven»

Aunque Bernal pone sus mejores intenciones en ese empeño, y desde luego mete a tiempo todos sus acentos, parece evidente que se siente más cómodo en un registro clásico a secas que en los códigos propiamente jondos. No es que no sea capaz de hacerlo, sino que en esa vertiente queda muy lejos de la belleza y emoción que transmite con su faceta principal.
Todo ello acaba dando la impresión de propuesta cogida por los pelos o metida con calzador en un festival que cumple treinta años, y que se celebra en una de las capitales mundiales del baile flamenco. Aunque también pudiera responder a un deseo muy consciente del programador de introducir creaciones solo tangencialmente flamencas que, o bien atraigan a públicos refractarios al flamenco, o bien abra una puerta a la danza clásica para los flamencos más fundamentalistas. Todo puede ser.
Mientras barajaba estas hipótesis, Sergio Bernal pasaba de ser escultor a jugar él mismo a ser escultura, pues pasa la mayor parte del montaje exhibiendo una anatomía minuciosamente cincelada, recreando la vieja fantasía de la estatua que cobra vida y se anima. Su protagonismo absoluto encuentra en Ana Sophia Scheller la compañía femenina ideal, compartiendo ambos una sincronía sin tacha y culminando escenas de enorme delicadeza y sensualidad.
Lo seguro es que este Rodin, flamenco solo lo justo, pero defendido por un bailarín formidable y un elenco a la altura, entre tanta forma escultórica terminó dejándonos de piedra a más de uno. Pero piedra de las que laten, sienten y se conmueven.
Ficha artística
Rodin, de Sergio Bernal Dance Company
XXX Festival de Jerez
Teatro Villamarta, Jerez
27 de febrero de 2026
Coreografía: Sergio Bernal, Ricardo Cue, Valentino Zucchetti
Música: Roque Baños, Jordi Savall, Maurice Ravel, Rachmaninov
Baile: Sergio Bernal, Ana Sophia Scheller
Guitarra: Daniel Jurado
Percusión: Javier Valdunciel
Violín: Carmen Victoria Luzón, Alejandro José Vázquez, Ramiro José García
Chello: Jorge Eduardo Gutiérrez
Viola: Marta Rodríguez
Clarinete: Carolina Prado






















































































