Lo que propone el almeriense Julio Ruiz pertenece al programa In-Progress 2025 y conoció su estreno absoluto el pasado 3 de junio en la Bienal de Flamenco de Madrid, situando al espectador ante un proyecto interdisciplinar en el que hay más comunicación no verbal –entiéndase mímica– que danza de primer orden en sentido estricto, combinándose con diferentes enfoques como la escritura y una performance muy tangencial, pero sin lograr que el crítico se colocara de pleno en el contexto de herencia familiar y la conexión intergeneracional que pretendía la propuesta.
Así definido según nuestra interpretación, que no es fácil por la complejidad de la actitud cognitiva y dado que el texto proyectado en el proscenio era difícilmente visible por no decir imposible, Ruiz deposita sus agitaciones, acciones y relaciones, pero tengo para mí que no gestiona bien las emociones para canalizarlas y orientarlas eficazmente.
Y digo lo que antecede porque se busca el impacto apelando a la cucaracha, el cisne, la zorra y la araña, con paseos escénicos, excesivas tiradas al suelo y actitudes fútiles, es decir, una fauna que dificulta planificar el contexto familiar y esa herencia invisible que pasa más por el corazón que por el testamento.
En la interacción que se propone, el almeriense se relaciona con una danza confusa, incluso hasta con Tchaikovsky para la búsqueda personal, con lo que converge en lo que podríamos llamar antropología filosófica, la exploración entre lo humano y lo animal, dado que lo que examina es eso, precisamente, con un comportamiento que se podría hacer más preciso desde el vestuario femenino, pero como quien pasa de la comedia a la tragedia desde el ímpetu, tema recurrente en el teatro.
La Familia es, pues, una fábula –cucaracha, cisne o zorra– que al parecer se corresponde a la madre, la tía y la abuela de Ruiz, alegoría que se justifica más notoriamente en El lago de los cisnes que ejecutó el guitarrista David de Ana, con el protagonista vestido de cisne y esparciendo plumas por el escenario.
«Ruiz utiliza un lenguaje que se mueve entre lo flamenco –más zapateado que otra cosa–, lo moderno y lo contemporáneo, con diagonales, giros fuera de ejes e impulsos que no aportan savia nueva, ni tan siquiera energía renovada, con movimientos que dejan en evidencia la destreza técnica y la mímica en lo personal»
Ruiz apela, igualmente, a la levantica manifiestamente mejorable de Pepe de Pura y al taranto bailado con remate de tangos, para el que aparece envuelto en un abrigo de pelo y se mueve en la teriantropía, la transformación de humano a animal, el mito del hombre que se transforma en otro animal, personaje cuyas imágenes retrata la historia –recuérdense, verbigracia, a los dioses egipcios– y que comparte rasgos humanos y otros tomados de otros animales.
En el enfoque dancístico, Ruiz utiliza un lenguaje que se mueve entre lo flamenco –más zapateado que otra cosa–, lo moderno y lo contemporáneo, con diagonales, giros fuera de ejes e impulsos que no aportan savia nueva, ni tan siquiera energía renovada, con movimientos que dejan en evidencia la destreza técnica y la mímica en lo personal, en la propia manera de asumir cada paso, desplazamiento o giro, de lo que colegimos que la estructura final sea compleja desde el entendimiento, pues se forma un tejido donde el diálogo con las intenciones se antoja abstruso.
No cuestiono que Julio Ruiz quisiera dejar en el escenario su conato de vida a la herencia o transmisión familiar, pero no la fortaleza técnica, ni menos aún la hondura, por más que se esfuerce en entregarnos nuevas sutilizas en sus movimientos, en las que no queda la sensación de gusto, aunque sí la homogeneidad física, esa que le aporta la otredad como posibilidad de creación, la particularidad como motivo de inspiración.
La familia, un cuento de Julio Ruiz es, como su nombre indica, una narración algo vaga que aborda la idea de identidad en todo su prisma, al menos desde tres ángulos familiares, con la sistematización de un proceso creativo en pos de una nueva percepción y aprehensión de lo real para ser plasmado en su obra.
El inconveniente está en que la tendencia dancística no contagia por su esencia de organismo vivo. Ni tan siquiera por lo que podríamos llamar improvisación estructurada. Tampoco transfiere la idea de fondo, la de priorizar la interacción animal para construir composiciones que más que relevar la importancia del cuerpo y el movimiento, reconoce que somos parte de algo, pero el arte de vender, o del decir en libertad, nada tiene que ver con la esencia de los relatos breves.
Claro que si la fábula de El burro y el pozo, en la que la actitud del équido frente a la adversidad nos enseña que tenemos la capacidad de sacudirnos cuanta tierra nos echen, La familia es una fábula artificial demasiado anodina como para enseñar lecciones morales.
Ficha artística
La familia, un cuento de Julio Ruiz, de Compañía Julio Ruiz
XXX Festival de Jerez
Centro Social Blas Infante
25 de febrero de 2026
Idea original, dirección, coreografía e intérprete: Julio Ruiz
Creación musical y guitarra: David de Ana
Artista invitado: Pepe de Pura (cante)
















































































