Mención aparte requiere el solo de guitarra por soleá de Manolito Herrera. Vino a sustituir el vacío que dejó el fallo del jurado del concurso del día anterior, ya que habitualmente abre el certamen el ganador del Premio Antonio Mairena al cante. Este año quedó huérfano, desierto, de ahí que la pulcritud del trino de la sonanta jonda, colmá de clasicismo y fresca a la vez de Manolito llenara de flamencura los maderos del auditorio para entrar en faena como el pueblo de Mairena se merece.
La noche iba en homenaje a Nano de Jerez, pero de su reconocimiento ya habla con precisión y acierto el amigo y compañero Manuel Martín Martín en esta casa, tal como hiciera en su extraordinaria glosa, ya que fue el maestro de ceremonias con el desparpajo, jovialidad y la sabiduría que le dan la experiencia. Para eso es el decano de la crítica flamenca en la actualidad.
El festival de festivales abrió la jaula al quejío con el cante de José Canela, que desaprovechó la oportunidad de coronarse sobre estas ensoleradas tablas. Se acomodó en las alegrías calentándose a compás. Fue a ratos insípida la bulería por soleá. Quiso buscarse en la seguiriya, pero se perdió por completo en los bajos, sin contención y con carencias de voz. No en el empuje. Se quedó siempre por los rincones, en aquel que murió su mare, y remató el lamento seguiriyero con la dolorosa mía que solo exige tercio y medio de empaque. Ni siquiera la magnífica guitarra de Antonio Higuero, que lo arrastró a embestidas hacia arriba, consiguió tapar los esconchones de una actuación mediocre que terminó por bulerías. A las palmas estuvieron Fernando Canela y Antonio Flores sin pena ni gloria.
Repitieron estos palmeros improvisaos con Virginia Gámez, que se arropó en la guitarra limpia y servil de Andrés Cansino. En Mairena también agradan las hechuras de Calixto Sánchez y Virginia fue alumna avanzada suya. Tuvo abonado el terreno del gusto y ofreció un repertorio sedoso, largo y templado de caricias en un pueblo en el que predomina la afición por el cante que hiere. A pesar de todo, levantó ovaciones y dejó en contraposición a este crítico en la apatía. Se meció por tientos tangos, acordándose como suele ocurrir de Juana la del Revuelo. Luego se metió en Triana. Ejecutó con perfección escrupulosa la granaína y media granaína que evocó a Vallejo, regodeándose en su propio cante. En las cantiñas paseó de Cádiz a Córdoba y después cerró con «un popurrí de canciones por bulerías». Soy una feria, Compromiso, Por ti, María de las Mercedes, ¡Qué mala memoria tienes!… fueron las elegidas para conformar un recital con tintes copleros, sin los zamarreones que gran parte de los maireneros y el público del festival vienen esperando.
«Cástulo estuvo soberbio. Endiñó pellizcos y reivindicó el cante de Mairena y a lo que se acude a esta plaza. María Terremoto volvió a formarla. Con solo veinticinco años es capaz de arrasar por donde pisa»
Luisa Palicio levantó disfrutona y con delicadeza la madrugada tras el descanso. Como si la gala empezase aquí. Porque de su cuerpo brotaron con paladar los dibujos de la escuela sevillana del baile, ora con el mantón por alegrías, ora con la bata de cola en la soleá. Conjugó el dominio de la técnica dancística –pies definidos, excelente braceo, coreografía bien montada– con la elegancia en la pose, distinguiéndose y propiciando miradas de entusiasmo. Quizás muchas de las figuras resultaron medidas, aunque reinó en ella la naturalidad integrada en gestos de belleza estética que cautivaron al respetable. Parte de culpa de su éxito la llevaba detrás: una guitarra de categoría, la de Jesús Rodríguez, su pareja sentimental, y el cante de Miguel Ángel Heredia, Manuel de Gines –que cada vez canta mejor y me gusta más– y el bronce fundío de la garganta gorda de El Pechuguita. En el interludio se rifaron unas letras por tangos para el gozo de los asistentes.
Manuel Cástulo se presentó cantando por derecho, henchido de aplomo y rotundidad. Se trajo a Lebrija en las palmas de los mejores: Juan Diego y Manuel Valencia. Le marcaron las vereas del compás. Y el guitarrón de Manolito Herrera lo llevó en volandas en un acompañamiento de enjundia que descolló para enmarcarlo. Sorprendió el cantaor con un repertorio menos manido del que ya nos tiene convencidos. Rompió por farruca con gallardía. Luego siguió por serrana, liviana y cambio de María Borrico, crujiendo. Llevó acompasados unos tangos gustosos y cuando parecía haber terminado atreviéndose con Luz de Lucena, cuplé por bulerías de Manuel Mairena, tronó en la seguiriya de Manuel Molina, la de Joaquín Lacherna y el macho de Juan Junquera, con letras de su autoría en tributo a su pare de su alma, que en gloria esté. Cástulo estuvo soberbio. Endiñó pellizcos y reivindicó el cante de Mairena y a lo que se acude a esta plaza.
María Terremoto volvió a formarla. Con solo veinticinco años es capaz de arrasar por donde pisa. Paquito Vega le lleva la percusión al punto. Nono Jero a la bajañí ya es la horma de jerezanía de su garganta. Y el soniquetazo de las palmas de Cantarote y Juan Diego Valencia redondearon el cuadro que volcó el festival. María entonó la caña con cadencias nuevas sin salirse del tiesto. Y apretó los puños por seguiriyas, escarbándose los centros al llorar por su opaíto Fernando. Echó el candao al dolor con los días señalaítos de Santiago y Santa Ana y luego encontró el arrullo en los tangos, bamboleándose como se debe. Derrochó velocidad en la voz, compás y afinación con guiños a Pastora, a La Repompa de Málaga y hasta a Los Chichos liando un auténtico escándalo cuando se apartó del micro y se puso más flamenca si cabe bailando con age y donosura. Regaló un poquito por alegrías frescas, las de su disco. Distintas y con olor a sal. Tras el salpicón de espuma gaditana echó el cerrojo por bulerías para acabar un recital de tronío. María tiene un vozarrón, es un vendaval de aires virginales que pican en la tradición de su apellido para pintar de colores el flamenco de nuestros días. María Terremoto es un portento de cantaora.
La ronda de tonás reincidió en la tónica del festival, en la que destacaron las de Manuel Cástulo, para guardarla en la talega de los repelucos, y la de María Terremoto, concisa y directa al izquierdo. Se trata de transmitir o no transmitir. Y ellos fueron los que salvaron el festival.
Ficha artística
LXIV Gala del Festival de Cante Jondo Antonio Mairena
En homenaje a Nano de Jerez
Auditorio Municipal Manuel Mairena, Mairena del Alcor, Sevilla
6 de septiembre de 2025
Cante: José Canela, Virginia Gámez, Manuel Cástulo y María Terremoto
Guitarra: Antonio Higuero, Andrés Cansino, Manuel Herrera y Nono Jero
Palmas: Fernando Canela y Antonio Flores, Juan Diego y Manuel Valencia, Cantarote y Juan Diego Valencia
Guitarra solista: Manuel Herrera
Baile: Luisa Palicio
Cante: Miguel Ángel Heredia, Manuel de Gines y El Pechuguita
Guitarra: Jesús Rodríguez
Percusión: Paquito Vega
Presentador: Manuel Martín Martín












































































































