Hay cantaores que medio metro de altura de escenario lo atan para desnudarse a gusto y su talento vive mejor entre amigos, con un buchito aunque sea y soltándose con libertad. Las tablas imponen. Y ciento cincuenta ojos macarenos jincaos en el gañote asfixian a cualquiera. Y no se es menos ni más artista. Es cuestión de práctica y distintas sensibilidades, de las caunás de ca persona.
De un tiempo a esta parte tengo que reconocer que Abraham El Zambo es una de mis debilidades. Lo conocí en una fiesta, después en un recital en Valencina y lo volví a escuchar este sábado en Sevilla, en la Peña Flamenca Torres Macarena, la que se ha convertido en mi segunda casa. Lo acompañó Domingo Rubichi a la guitarra con la jondura que acostumbra, sirviendo lo que hay que dar para mecer el cante entre las sedas gitanas de bordones cobrizos y primas con brillo.
Dulcificó la malagueña doble de El Mellizo, acariciando los tercios sin adornos ni sobrantes. Y así templó su garganta privilegiá de sones naturales que no aspiran al asombro, sino a colarse hasta el tuétano con sigilo y provocar el escalofrío. Ahí llegó en la soleá. Pura, sin aligerarse perdío en la bulería pa escuchá que se estila en Jerez. Ligó tiempos y tercios, hilvanando letras poco manoseadas y de buena calidad literaria, conjugándolas con algunas de siempre y otras muy sentías, de las que duelen al escucharlas, paseándose con regusto por Alcalá o la Triana de La Andonda en la que descolló. Remató luego valiente como le dio la gana. De lo mejorcito de la noche. Para los tangos lo escudaron a las palmas su padre Joaquín El Zambo, el guitarrista José Gálvez y Merchi del Chíharo, como pa salirse del tiesto. En la tanda de fandangos volvió a cautivar azotando con alguno caracolero o de El Gloria. Taranto y cartagenera cosió después sin usarlos de relleno, sino mascándolos con empuje, mejor en el segundo cuerpo, en el que se rebuscó los centros preñao de empaque. La bulería por soleá llevó el sello de la tierra y la casa, evocando las hechuras de su tía María Bala, prendío de compás y holgao en los fraseos. La seguiriya fue un tiznón azucarao que hirió suavito, bien enjaretá desde Tío José de Paula hasta el remate apretao para el que se puso de pie a espetar las higaíllas. Los palmeros subieron otra vez para lacrar el recital por bulerías y no hubo que ponerle muchas pegas, salvo que vino algo mermao de voz y no pudo encontrarse tan a gusto como de costumbre. Pero nunca plano.
«La fiesta de un cantaor natural. Se olvidó de que traía la voz rozá y dio tres recitales más y mejores, sin presiones y cantando por placer, sin jurdores que mediaran. (…) Repartió los pellizcos pegando más abajo que en la tarima. Perdonao queda, porque nos hizo vivir una de esas juergas flamencas que se quedan clavaítas»
Después se bajó a la barra, entre amigos, con un buchito por prescripción y se alternó con flamencura una ristra de cantes rizaos con su padre Joaquín, entre algunas letrillas de Raquel Heredia y hasta las de un crítico desvergonzao. Aquello fue otra cosa. La fiesta de un cantaor natural. Se olvidó de que traía la voz rozá y dio tres recitales más y mejores, sin presiones y cantando por placer, sin jurdores que mediaran, por el gusto de compartir entre los flamencos jartibles ‘que no tienen casa’ lo que le salió del corazón. Repartió los pellizcos pegando más abajo que en la tarima. Perdonao queda, porque nos hizo vivir una de esas juergas flamencas que se quedan clavaítas para los buenos recuerdos de las noches en vela que se llevan sin rumbo. Y esto es el flamenco. Lo demás es otra cosa. Si tienen oportunidad de escucharlo, no se lo pierdan. Y como dije una vez:
«A Abraham El Zambo le rebosa el cante sin querer. Se le escapa. Dice los tercios sin pensarlos. Los deja caer con pasmosa naturalidad. No se obceca en cavilar el cante, lo recrea tamizándolo con los mimbres de su apellido sin remedar a nadie. Canta a su manera, sin ostentaciones ni gritos. No atiende a demostraciones. Solo se queja y paladea como poquitos saben hacerlo, domeñando los bajos, doliéndose a tierra, porque empujar es más fácil y para eso hay muchos. Pero aguantar los abismos de un lamento jiere».
Ficha artística
Recital de cante de Abraham El Zambo
Peña Flamenca Torres Macarena, Sevilla
17 de enero de 2026
Cante: Abraham El Zambo
Guitarra: Domingo Rubichi
Palmas: José Gálvez, Joaquín El Zambo y Merchi del Chícharo






































































































