Recuerden que estamos en la sección #DesdeDentro, tras un pequeño parón que nos hemos permitido por las citas navideñas y las primeras semanas tristes de enero. Aquí, en estas líneas, trasmito emociones vividas, sentimientos que florecen en los momentos que presencio, con un lenguaje cercano y alejado de la mera crítica periodística, quizás tampoco me acerque a la crónica como tal. Tal como me gusta expresarme en estos artículos, desenfadado y abierto al disfrute, acudí a la Peña La Perla de Cádiz, que había conseguido unir en un mismo cartel a dos de las figuras más atractivas del cante flamenco contemporáneo.
Naím Real, palmero habitual en citas flamencas y miembro directivo de la entidad, está consiguiendo grandes hitos y puede asegurarse que ha revitalizado uno de los centros culturales de la Tacita de Plata. En plena fase de preliminares del concurso carnavalero en el Teatro Falla, en la más profunda cuesta de enero, con una noche desapacible en viento, lluvia y frío, el amplio salón de La Perla se llenó de público, y no solamente de gaditanos. Incluso desde Zamora vinieron algunos para presenciar tal acontecimiento que, aunque puede darse también en otros festivales del verano, rara vez ocurre en una peña. Aquello parecía una caldera, iba subiendo la temperatura por momentos.
Sentí la necesidad de reiniciarme y quise no perderme tal acontecimiento para también contarlo en esta revista que ha de ser testigo de este tipo de hitos. Para acceder a la peña había que pagar un donativo que revierte luego en la manutención de la misma, ya que rara vez cuentan con subvenciones. Ambientazo en el interior con caras conocidas, con expectativas altas, con interés en recorrer un repertorio que ambos llevan a la excelencia.
Fue Javier Villar, compañero de Calle Lechería, de Radio Puerto, quien presentó escuetamente y con certeza a quienes se subirían al escenario. Poco más de las diez y cuarto y aquello empezaba a coger cuerpo, a subir la temperatura, a tenor de los comentarios en voz alta de los asistentes. No fue la solemnidad la principal cualidad del respetable, todo lo contrario, pero no lo digo en tono peyorativo. Aquello era una fiesta, sabiendo escuchar, pero esa sensación de familiaridad permitía sacar el mejor jugo de cada interpretación.
«Una ronda de fandangos, primero Antonio Reyes a solas y luego junto a Granaíno, dieron por cerrada la noche memorable de dos cantaores que hicieron temblar las murallas de Puerta Tierra»

Pedro El Granaíno sonrió nada más salir. Con el infalible Patrocinio Hijo, a quien se le llegó a preguntar desde el público “¿cuántos dedos tiene esa mano?”, diseñó un recital en el que partió de su tierra con la granaína y media granaína, hilvanando sus bajos con guiños a Camarón y Tomás Pavón en los fandangos abandolaos de después. Se atrevió con las alegrías, quizás por estar en Cádiz, poco habitual en sus últimas apariciones, y nos regaló unos tangos propios de su cuerda, con dedicación especial a Macarena Reyes, hija de su compañero Antonio, que miraba desde “bastidores”. Las palmas de Naím, Edu Gómez y Miguel Heredia no fallaron ni un compás. En las seguiriyas profundizó en los silencios, hiriendo con el Reniego de Tomás y su versión de Manuel Torres del Santiago y Santa Ana. Público en pie y ellos dispuestos a coronarse por bulerías.
Tras un breve descanso, segunda parte para el otro metal de la noche que llegaba igualmente relajado (dentro del siempre nerviosismo propio) a “mi segunda casa”. Antonio Reyes, el de Chiclana, aterrizó para reventar el termómetro. Más y más calidez, más y más calidad. Unas frescas y resultantes alegrías compuestas por Cepero le ayudaron a conquistar pronto. Nono Reyes es otro de los talentos a tener en cuenta en la guitarra de acompañamiento, estuvo sublime. Le sobraron las palmas en la soleá, solo voz y guitarra, con muchísimo gusto en la ejecución y nada meloso, sino firme. Se refugió en letras menos escuchadas en la seguiriya, doliente igualmente, para eclosionar en las bulerías con un compás excelso, sobrado de matices y referencias… “correo tu qué vas a España…”.
Camarón, muy presente en todo momento. De hecho, la propuesta se llamó Con alma de Camarón, aunque no fue el único maestro que salió a la luz en la memoria. Una ronda de fandangos, primero él solo y luego junto a Granaíno, dieron por cerrada la noche memorable de dos cantaores que hicieron temblar las murallas de Puerta Tierra.
Aunque los he escuchado bastantes veces, en todo tipo de escenario, creo que enero invitaba a la concentración, a las no prisas de dobletes veraniegos, ni a cumplir con las diarias, así como loables, apariciones en otros momentos del año. Esa paz emocional e interior creo que fue clave para que ellos mismos se gustaran y por eso el respetable hablaba de “noche histórica”. ♦








































































































