Alberto García y Juan Manuel Cortés tienen esta misma tarde una cita en un balcón de la Plaza de la Calade. Allí actuarán para un numeroso público en el marco del Festival de Nîmes, desgranando un repertorio puramente flamenco. Pero antes, pasado el mediodía, están anunciados en otro evento, esta vez a las afueras de la ciudad. En concreto, en el barrio de Mas de Mingue, que forma parte de lo que llama una zona de seguridad prioritaria (ZSP), esto es, “un territorio geográfico francés que sufre más que otros la inseguridad diaria y la delincuencia arraigada”, según las autoridades del Ministerio del Interior.
Los artistas están acostumbrados a visitar distritos como este. De hecho, les encuentran una coherencia total con su trabajo. “¿Dónde nació el flamenco? ¿En un teatro?”, se pregunta Cortés. “No, el flamenco viene de los márgenes. Este lugar es también flamenco”. Bajo un cielo plomizo, propio de estas fechas, se levanta el Centro Social Jen Paulhan, donde tendrá lugar su actuación. Un espacio multiusos, que lo mismo sirve para convocatorias culturales que para actividades deportivas, y que hoy se va a convertir en un improvisado foro flamenco gracias a estos descendientes de españoles que cultivan la pasión por lo jondo más allá de los Pirineos.
Una hora antes de la cita, el barrio parece sumido en una rutina un tanto deprimente. Tres chavales deambulan con aire aburrido, un anciano magrebí arrastra los pies por la acera con las manos a la espalda. Pero poco a poco va llegando el público, de todas las edades, etnias y procedencias. Principalmente mujeres, que como es sabido son las personas más participativas, ya sea en un club de lectura o en un taller de teatro. Aquí también son mayoría.
«La mayor parte de los espectadores no tiene la menor idea de este arte, de modo que los artistas deben empezar desde el principio: explicando que el flamenco se compone fundamentalmente de cante, baile y toque, y que es el resultado de un mestizaje que parte del sustrato folklórico andaluz y se nutre de la herencia gitana, sefardí, africana…»

García y Cortés han calentado en un cuartito que hace las veces de camerino antes de enfrentarse al público. Lo de calentar es, además de literal, imprescindible, porque hace un frío considerable entre estas paredes. De hecho, la primera broma tiene que ver con las bajas temperaturas. “¡El fuego del flamenco nos hace mucha falta hoy!”, afirma frotándose las manos, y el respetable, que ni siquiera se ha quitado los abrigos, asiente entre risas.
La mayor parte de los espectadores no tiene la menor idea de este arte, de modo que los artistas deben empezar desde el principio: explicando que el flamenco se compone fundamentalmente de cante, baile y toque, y que es el resultado de un mestizaje que parte del sustrato folklórico andaluz y se nutre de la herencia gitana, sefardí, africana… Un código que comprenden muy bien los vecinos de un barrio multicultural, como son casi todos hoy en Francia, y van camino de serlo también en España.
A la hora de entrar en los compases, Cortés echa mano de unas piezas de lego. Es su modo, bastante efectivo por cierto, de mostrar que existen compases binarios, ternarios… Y si se combinan las suficientes piezas, incluso de doce tiempos. Una vez que el compás ha entrado por los ojos con todos sus colores, toca probar con las palmas. El público lo pilla a la primera, aunque lo difícil parece mantener el tiempo. Cuando se van demasiado, Cortés les reprende con humor. “Parece que alguien se ha tomado un pastis antes de venir, ¿eh?”, dice aludiendo a la popular bebida alcohólica que sirve de aperitivo en esta región.
También van a incidir en la importancia de las letras, en cómo son capaces de expresar toda la gama de emociones, desde la exaltación de la alegría a la pena más honda, pasando por las cuestiones metafísicas más profundas. Y como recompensa a la atención y la paciencia de los presentes, concluyen con un breve recital en el que García ilustra con su cante todo lo que han ido aprendiendo durante una hora larga. “¡Ole!”, repiten por el patio de butacas, y esa es la última lección del día: premiar a los que dan su arte con esas tres letras que suenan, más que nunca, universales.
Ficha artística
Alberto García & Juan Manuel Cortés
Festival Flamenco de Nîmes 2026
Centre Social J. Paulhan
14 de enero de 2026.
Alberto García, cante
Juan Manuel Cortés, guitarra y percusión








































































