Hasta la colcha. Los adoquines de la Plaza Basurto aguantaron los pasos de la nutrida concurrencia. Era solo pa socios. En Jerez se pegaban guantazos por un asiento en la peña. La Buena Gente se está coronando con una programación gourmet, de exquisiteces jondas. O se hace bien o no se hace. Tonterías las justas. Poquito pero muy bueno. Con un ambiente agradable y un público aficionao, salpicao de artistas de categoría que vienen a ver a los artistas.
El verbo de Curro Albaicín, el tronío de los metales de Jaime El Parrón, la sonanta de filigranas de El Bolita y el cante fresco y rajao del gañote dulce de Marina Heredia hicieron las delicias de los presentes en una noche memorable de esencias granaínas en la que la cantaora recibió emocionada la insignia de oro de la ensolerada peña jerezana.
Paco Benavent fue el maestro de ceremonias. Presentó al elenco y condujo la reunión soltando las preguntas que dibujaron parte de la trayectoria de los flamencos y las particularidades de los cantes granaínos que inundaron la sala sin la mala follá con la que los tildan. To lo contrario: discurrió el asunto entre risas y anécdotas del Sacromonte, los gitanos, Lorca y El Albaicín, ahondando en la tradición de esta bendita tierra en la que desde 1840 acogieron a más de cuatro mil calorrós que pronto supieron llenar la cartera con el jurdó del turismo, vendiendo en sus cuevas la zambra como representación de las partes de las bodas gitanas.
De malográ bailaora se pasó al cante Marina Heredia, «para fortuna del flamenco», bromeaban. Y fue ella quien rompió el silencio abriéndole la jaula al quejío al arrope del soniquete de las cuerdas de El Bolita, que cabalgó por los aros de su bajañí entre Granada y Jerez, preñado de los aires morunos de la ciudad de la Alhambra. Una mijita por alboreá, la cachucha y la mosca pa ir haciendo el oído a las mieles calientes de esta gitana guapa sirvió de antesala para caldear la sala. Porque Marina vino especialmente flamenca y henchida de inspiración, al arrullo de la veteranía, del último reservorio del tronco rancio de Graná.
Curro templó su nuez recitando a Lorca con gallardía, anticipando la malagueña y los fandangos del Albaicín que meció con sumo gusto la cantaora, recreándose en los melismas que mamó en su cuna.
«Marina vino especialmente flamenca y henchida de inspiración, al arrullo de la veteranía, del último reservorio del tronco rancio de Graná. (…) No se podía ir esta mujer sin evidenciar su querencia por los tangos granaínos, que borda como nadie, zalamera y pícara, femenina»

Pero el reventón de la noche llegó por soleá. De la salía al remate El Parrón dio un repaso de maestría sin pegar voces, trenzando los jipíos de campanas gordas que reposan en su tragaero. Se amarró a la anarquía de los que conocen el paño y jugó con los mimbres de su sabiduría recreando los tercios, masticando ca una de las variantes pa imprimirle su apellido. Hizo suya La Andonda y los pasitos que daba o los aires de La Serneta sin alharacas ni imposturas, fajándose los machos, olvidándose de ostentaciones y el grito. El Parrón nos crujió los huesos a pellizcos redondos de empaque y flamencura. Tronó rebuscándose en el pecho los soníos negros que nos desbarataron la cordura. Tremendo, jondo, solemne y con enjundia. La ovación no se hizo esperar. Y quedó para el recuerdo en la talega de los repelucos de los aficionaos cabales.
Marina lució la caña con el bamboleo y los ayes que pide el cante. Citó después a Juanillo El Gitano, que se prodigaba por seguiriya y murió de una embolia por soleá. «Hay que morir cantando o haciendo el amor. Es que este vinillo me pone divino», apostilló Curro. Sonó el lamento seguiriyero de El Parrón pregonando sus duquelas negras y aquellas desgracias hasta en el andar y que no tenelo una puerta adonde llamar. Tras el macho valiente llegó el alivio.
Condecoraron con la insignia de oro de la peña a Marina, que quiso compartirla con sus compañeros de entarimao. Fue el presidente Javier Mejías quien se la impuso. Y le regalaron de flores un ramo. Todo por su trayectoria y representar a esa generación de cantaoras jóvenes y flamencas que sin abandonar su herencia artística refrescan el canon desde la libertad.
El Bolita los llevó a todos mejor que en brazos, compenetrado a la perfección imperfecta del que seduce con la espontaneidad. Un mástil sin rincones ni secretos, pulsación precisa, compás, falsetas cristalinas de composición original, ecléctico y ortodoxo, viejo y nuevo… con esto y así brilló para hacer brillar, engrandeciendo con su servidumbre de guirnaldas de colores los recitaos de Curro y el cante del Parrón y Marina.
No se podía ir esta mujer sin evidenciar su querencia por los tangos granaínos, que borda como nadie, zalamera y pícara, femenina. Me hubiera encantao verle una pataíta meneando sus hechuras, pero no surgió ni en la bulería con la que echó el cerrojo, donde también se acompañó de las palmas improvisás de Carlos Grilo y espetó con giros almibaraos de alfileritos hirientes, rompiéndose de vicio en la entrega, aquellas cositas de Adela La Chaqueta que tanto nos gustan.
Ficha artística
El camino de Graná… a Jerez
Peña Flamenca La Buena Gente, Jerez de la Frontera, Cádiz
8 de noviembre de 2025
Cante: Jaime El Parrón y Marina Heredia
Recitados: Curro Albaicín
Guitarra: José Quevedo El Bolita
Presentador: Paco Benavent







































































