Uno de esos cantaores a los que sacó a relucir Antonio Mairena es Juan Talega. Un cantaor verdaderamente peculiar por su cante, su voz y su figura. Ya Antonio Gala lo definió, por su aspecto y por su cante, con estas palabras en 1973 en la revista Sábado Gráfico: «Juan Talega, con su facies leonina de leproso milenario, estaba allí, en escena, acorralado, falseado, limpiándose la esfinge reseca que tenía por cara con un pañuelo grande. Estaba allí y no estaba. ¿Cómo iba a estar, de verdad, un león en un teatro? Hay animales que no se reproducen en cautividad. Un león nacido en la jaula de un zoo tiene melenas, zarpas, cola batiente y ojos enojados. Pero, ¿es todo eso solo lo que le hace león?».
Otros poetas también le han hecho una semblanza. En el blog El arte de vivir, tan útil, de José María Ruiz Fuentes, podemos ver el siguiente, además de datos sobre el cantaor y otros muchos artistas:
Sevilla y su provincia
se lamentan y lloran.
Porque ha muerto su gitano
que les cantaban por Soleá,
Seguiriyas, Tientos, Tonás,
Bulerías y Martinetes.
Juan Talega donde estás
gitano de gran pureza
estoy en el cielo
cantándole a mi tierra,
te queremos escuchar
para no olvidarte
porque eres el gitano
de nuestra escuela
el más grande.
El poeta Juan Sebastián, gran aficionado al flamenco, le ha dedicado, como a otros artistas, un poema. Lo pongo aquí para disfrute:
Voz de sensitivo plomo
que nos lleva con su peso,
inevitable y oscuro,
a lo más hondo del cielo.
Vestigios de la Roezna
y sus romances de albero,
claridad alcalareña
con sus celestes etéreos,
y Joaquín el de la Paula,
en las cuevas prisionero.
Suena Juan, más que a campana,
a murmullo de lo eterno.
Lo supo Antonio Mairena
y lo colgó como ejemplo
de la pureza del Cante,
entre los sonidos negros.
Tal vez surcara sus venas
«en vez de sangre, veneno».
Juan Fernández Vargas, para la posteridad flamenca Juan Talega, nació en el pueblo sevillano de Dos Hermanas el 4 de noviembre de 1891. Es decir, estamos ante un cantaor nacido en el siglo XIX, aunque obviamente, su vida de adulto se desarrolló en la primera mitad del XX. Falleció el 31 de julio de 1971 en el mismo lugar donde nació. Era sobrino de Joaquín el de la Paula, el de los cantes de Alcalá, que en la voz de nuestro protagonista alcanza, como dice el doctor Antonio Reina en el libreto, «una majestuosidad inigualable». Es, así, un eslabón, continúa Reina, entre los cantes más antiguos, los de la escuela de Tomás el Nitri del Loco Mateo, de los que no tenemos grabaciones directas y de ahí la importancia de lo de eslabón, cadena testamentaria, herencia. En su voz, concluye, «resuenan remotos ecos raciales, como si pretéritas generaciones gitanas se quejaran en el misterio de su voz». Y termina citando a Domingo Manfredi, que contesta a los que lo acusan de saber demasiado, de ser un tanto frío, diciendo que «los duendes estaban con él, pero tan sumisos y tan atentos a los que hacía, que apenas se le notaba».
«Un trabajo necesario siempre, un recuerdo a Rafael Infante, de impagable labor y una sencillez y elegancia que disfruté y disfrutamos, un cantaor que no deja a nadie indiferente, a veces también rechazado, pero siempre más flamenco y jondo que un… pongan ustedes lo que les parezca»
Hay palabras de otros compañeros de viaje del director de la colección Flamenco y Universidad, Rafael Infante, al que tanto debemos todos y al que personalmente recordamos con afecto. Segundo Falcón lo recuerda con admiración y amistad, llegando a llamarlo amigo y padre, una guía de honradez y honestidad. También intervienen Josema Pelayo, de La Bodega Estudio de Grabación, y Juanpe Carabante, grafista de la colección.
En este enlace puede verse la semblanza que hicimos de Rafael Infante tras su fallecimiento, en la revista La musa y el duende, dirigida por José L. Navarro, otro grande de la investigación del flamenco. Se le dedicó un número especial, en donde intervengo con el artículo «Rafael Infante. Memoria personal de un flamenco atípico y entrañable»: https://loscaminosdelcante.com/wp-content/uploads/2022/10/la-musa-y-el-duende-45.pdf
El folleto se completa con una relación de las letras de los cantes y la portada, magnífica, es un dibujo, la cabeza de Juan Talega de perfil, obra del pintor tan buen aficionado Juan Valdés, fechado en 1977. Se dedica el CD a Rafael Infante.
Este disco hace el número setenta de la colección, que se dice pronto. Contiene cantes que ya el propio Infante había dejado preparados para la edición, con lo que se ha respetado este contenido, según nos comentó Segundo Falcón, incluyendo cantes inéditos y otros ya conocidos. Su repertorio lo conocemos bien, limitado, pero intenso, por lo indicado anteriormente y por su propia interpretación con esa voz tan grave, como venida de una cueva. Escuchamos trece cantes, distribuidos en solo cuatro palos: soleares (de la Serneta, de Alcalá, etc.), seguiriyas (distintos estilos), bulería por soleá y martinetes y tonás. Todo representativo de su casa, de su cante, con su sello.
Escuchemos en este enlace un cante por seguiriya del cantaor. Pueden cerrar los ojos, o apagar la luz, verán qué sensación tan profunda. En este caso, acompaña Diego del Gastor con su toque único:
Son en total 48:41 minutos de cante como de otro tiempo, que nos traen un recuerdo de lo que el flamenco tiene de especial, al menos así lo entendemos personalmente. Desde el inicio nos invade con su eco, soleá de Alcalá y de la Serneta, con letras tan conocidas como la siguiente:
Dices que tú a mí no me quieres
pena yo no tengo ninguna
porque yo con tu querer
no tenía hecho escritura.
Entre las que siguen, nos han llegado más las seguiriyas del Loco Mateo, concentrada, casi litúrgica, dolorida, con letras como la consabida «Oleaítas, mare …», o los martinetes y tonás del corte octavo, con otro cantaor, Antonio Mairena. Igualmente, las bulerías por soleá «Te tenía a ti que faltar…».
Un trabajo necesario siempre, un recuerdo a Rafael Infante, de impagable labor y una sencillez y elegancia que disfruté y disfrutamos, un cantaor que no deja a nadie indiferente, a veces también rechazado, pero siempre más flamenco y jondo que un… pongan ustedes lo que les parezca.
→ La verdad del cante, de Juan Talega. 2025. Colección Flamenco y Universidad, volumen LXX. A la memoria de don Rafael Infante.






































































