Después del rotundo éxito de la obra Muerta de amor, que se estrenó en la pasada Bienal de Flamenco de Sevilla 2024, Manuel Liñán & Compañía hacen temblar el Teatro Villamarta, de Jerez de la Frontera, y levantan al público en una enorme ovación unánime. Muerta de amor vuelve a encumbrarse como una de las más hermosas y mejores obras de flamenco de los últimos tiempos. Seis bailaores de altísima calidad que ocupan el escenario con su arte y su singular personalidad dirigidos por la mano y el baile magistral de Manuel Liñán.
Si Liñán es un magnífico bailaor, también lo es como director y brillante como coreógrafo, lo que ha quedado evidenciado en esta producción de gran belleza y perfección. Siete hombres para bailar en clave de amor, junto con la voz rotunda, desgarradora y enérgica de Mara Rey, el cante con sabor a Jerez de Juan de la María, la guitarra preciosista de Francisco Vinuesa y los impecables instrumentista, Víctor Guadiana, y percusionista, Javier Teruel.
Y ya no es sólo la perfección en el baile del cuerpo de artistas y músicos que componen el cuadro, es también el trabajo de los profesionales que han cuidado cada uno de los detalles perfectamente medidos, estudiados, ensayados y coordinados en la obra. Nada falta, nada sobra, todo está en su justo lugar. Muerta de amor pone de manifiesto la necesidad de que el trabajo en el flamenco cuente con buenos profesionales expertos en cada especialidad.
Dos horas en las que el público del Villamarta se desgañitó lanzando oles al escenario. Dos horas inundados de amor en una expresión tan sutil, tan generosa, tan delicada y tan verdadera que no tiene contestación. Porque no hay fuerza más poderosa que el amor. Y, como dijo Umberto Eco, el amor es más sabio que la sabiduría.
«Desde la copla de Marifé de Triana, Rocío Jurado o María Jiménez, el cuplé por bulerías, las sevillanas, la colombiana, la alegrías, la bulería por soleá, la zambra, la soleá, los tangos, las bulerías, todos los palos del flamenco quedaron desgranados y servidos en bandejas de cristal a los enamorados, a los amantes, a los traicionados, a los despechados a los desilusionados y a los eternamente felices»
El escenario presenta dos paredes en L de matices malvas, rosas y naranjas, todos ellos brillantes, sobre las que destacan los artistas vestidos de negro que fueron ocupando el escenario a las órdenes del maestro Liñán. Ahora todos, ahora uno sólo, ahora dos o los que sean necesarios. Ahora el cante se resguarda entre los músicos a un lado del escenario, casi pasando desapercibidos en la oscuridad del proscenio. Ahora cantando alante, ofreciendo el cante al bailaor.
Es de admirar la grandeza de un maestro del baile que es capaz de rodearse de los más adecuados artistas para lo que la obra reclama y que, a su vez, haga sentir a cada uno de ellos ser el protagonista en el escenario, en un gesto de respeto y profesionalidad que sólo cabe elogiar a voces. Todos tuvieron su espacio, su carga artística, y su papel bien definido. Conjugar todo eso en una coreografía donde nada choque solo puede ser producto de una calidad humana que se evidenció en Muerta de amor.
Cada traje con su forma, cada forma pensada para el artista que la luce, nadie es igual a nadie, la diversidad se proyecta en la obra y en el respeto que merecen. Cada cual bien situado en su lugar, porque cada parte es importante y el todo depende de todas las partes. Hay casi un algoritmo subyacente en la obra que ofrece una disposición perfecta. Ellos bailan, y también cantan, cosa poco frecuente y que despierta mayor interés en el público.
Desde la copla de Marifé de Triana, Rocío Jurado o María Jiménez, el cuplé por bulerías, las sevillanas, la colombiana, la alegrías, la bulería por soleá, la zambra, la soleá, los tangos, las bulerías, todos los palos del flamenco quedaron desgranados y servidos en bandejas de cristal a los enamorados, a los amantes, a los traicionados, a los despechados a los desilusionados y a los eternamente felices.
No podía ser de otro modo. Con este exquisito menú flamenco, solo cabía que el público saliera del Villamarta con el corazón bien colmado. ¡Y así fue!
Ficha artística
Muerta de amor, de Manuel Liñán & Compañía
XXIX Festival de Jerez
Teatro Villamarta
1 de marzo de 2025
Dirección y coreografía: Manuel Liñán
Coreógrafo invitado: José Maldonado
Artista invitada: Mara Rey
Baile: Manuel Liñán, José Maldonado, Juan Tomas de la Molía, Miguel Heredia, José Ángel Capel, David Acero y Alberto Sellés
Cante: Juan de la María
Guitarra: Francisco Vinuesa
Instrumentos: Víctor Guadiana
Percusión: Javier Teruel



































































































