Cuando uno sabe a lo que va, solo queda el disfrute. Si es que surge la oportunidad. Y así ocurrió. Porque la Guitarra coral de Yerai Cortés fue todo un espectáculo. Si me hubiera empecinado en acicalarme la sesera para asistir al concierto de un guitarrista flamenco como instrumentista vendría con la decepción en la cara. Pero me llenó las pajarillas de gozo con una propuesta flamenca y molona. Me sedujeron el rollazo de Yerai, los coros y un bordón.
Aquello no iba de hilar un tema con otro a fin de incidir en el virtuosismo de la bajañí, como hubiera hecho cualquier tocaor ante el auditorio. Tampoco ahondó en demostrar que conoce tres mil acordes armónicos. Con unas cuantas falsetas con aires birlados de los maestros de la guitarra, un dominio absoluto de los tiempos, el compás, los silencios… y el descaro de quien se pasa por el forro la ostentación en aras del placer de tocar a salpicones de age se pegó hora y media sobre los maderos y se me hizo corto. Rasgueos de vértigo, una musicalidad que cabalga entre lo rancio y lo fresco y un pulgar punzante y rabioso fueron los ingredientes que colorearon su discurso conceptual sobre las seis cuerdas. Todo ello ligado con el protagonismo –excesivo a veces– de un coro de mujeres vestidas de blanco que, simulando el ritual del jolgorio y la algarabía de las juergas flamencas donde se corean las letras y se tocan las palmas con independencia de quién lo hace mejor o peor, justificó el título de la obra y le dio sentido argumental.
Aunque sin conocer la historia que hay detrás del laureado documental La guitarra flamenca de Yerai Cortés la actuación seguiría siendo un punto, suma sentarse en el graderío a confirmar lo que la película narra. Yerai compuso desde las vivencias y con un fin. Y pudo deletrearse en su cara y cada una de sus notas el mensaje de su guitarra.
«Un espectáculo minimalista y guasón, sin salirse de los tiestos del flamenco, haciéndolo digerible, amable, sin adornos superfluos que buscaran el efecto. (…) Sin venderse a lo comercial por el simple hecho de hacer algo que llene bien la nevera, sino con sus avíos bien apañaos»

El cenital dibujó el espacio donde discurrió el asunto durante toda la noche. El coro y Yerai principiaron con una suerte de verdiales con personalidad. Pareció entroncar después con temas por malagueña, farruca –soberbia–, el bolero Quizás de Nat King Cole, alegrías –centelleante–, el Anda jaleo, bulerías –una con sabor lebrijano–, seguiriya, rumbas y tangos, la mayoría presentes en su disco, con algunas interrupciones de voces en off de testimonios que figuran en el documental.
Brilló la sencillez escénica porque no hacía falta nada más: un cañonazo de luz, los asientos, la silla para el guitarrista y el humo. Microfonía aparte, claro. El compás y la espera formaron parte fundamental del juego. También el silencio maestrante de quien escuchaba la historia. Trémolos, tiraíllos y notas tapadas. Mucho soniquete y originalidad. Yerai y las niñas, tremendamente disfrutones, contagiaron penas y alegrías al respetable. La sensibilidad y el deleite podían cortarse con una navaja. Conformaron así un espectáculo minimalista y guasón, sin salirse de los tiestos del flamenco, haciéndolo digerible, amable, sin adornos superfluos que buscaran el efecto más allá de lo que se consigue con la propuesta en sí. Sin venderse a lo comercial por el simple hecho de hacer algo que llene bien la nevera, sino con sus avíos bien apañaos.
Yerai paró aquí el recorrido galopante y desbocado que lleva hoy la guitarra y señaló que con una pulsación rotunda de melodías netas, aparentemente sencillas, pero solo simples, olvidándose de armonías indigestas y preñando su toque con el bordón, puede darle un revolcón de gusto a la sonanta que traiga adeptos a borbotones al preciado instrumento. Desde la fiesta, el coro, el sonsonete… y los placeres campechanos y esenciales del ciprés, encandiló con sutilezas y un montón de detalles jondos que no arañaban ni dolían, sino que aliviaron los pesares. De eso también se trata.
Ficha artística
Guitarra Coral, de Yerai Cortés
Andalucía.Flamenco
Teatro Central, Sevilla
30 de noviembre de 2025
Guitarra: Yerai Cortés
Coros y palmas: Macarena Campos, Salomé Ramírez, María Reyes, Elena Crespo, Nerea Domínguez y Marina Medina





































































