En pleno hemiciclo de la Bienal de Flamenco de Granada, la Abadía del Sacromonte acogió uno de sus espectáculos estrella en el que la conjugación de flamenco y otras músicas determinaron una propuesta con altibajos. Fue la recién estrenada Fundación Enrique Morente la que presentó a los artistas y agradeció a la Bienal que cuenten con ellos. Chencho Medina, alma mater de la misma, hizo los honores con brevedad contándonos el motivo de su participación, que no fue otro que la celebración del 50º aniversario del disco de Enrique Se hace camino al andar y del 150º aniversario del nacimiento del poeta Antonio Machado. Y dio paso a la voz de Soleá Morente quien expresó su gratitud por estar allí. En su discurso incluyó una frase que cantaba su padre en la bulería Pa mi Manuela: «Si digo gitano digo errante, si digo libertad digo mentira». A esta copla Soleá añadió «si digo Ruibal digo arte, si digo Carmen digo vida».
La Abadía del Sacromonte es un espacio inmejorable, con un claustro enorme en el que la fuente principal divide el cuadrilátero, lo que invita a buscar posición en la silla para poder ver el escenario en toda su amplitud. El programa fue doble. De un lado, Javier Ruibal. Y del otro, Carmen Linares. Del gaditano (El Puerto de Santa María) sobran las palabras, merced a una dilatada y perfecta trayectoria currada a base de esfuerzo, tesón y calidad. Sin embargo, no se entiende que esté en uno de los escenarios principales de la Bienal de Flamenco. Repito, flamenco. El mismo artista llegó a decir: ¡qué temeridad! Y aunque pudimos encontrar atisbo de flamenco en una suerte de tanguillos y bulerías en tonos menores, el resto fue un repertorio de canción de autor, excelente, impecable y cargado de nostalgia. Musicó obras de Federico García Lorca (Es verdad, por tu amor me duele el aire) de forma melódica, en modo cantautor de pro, para cambiar el tercio a uno de sus buques insignia, Guárdame. Acompañado a la percusión de Javi Ruibal y las guitarras de Edu Espín y José Recacha, interpretó Sueño que te sueño, A la hora de la muerte, A Morente, Aurora, La geisha gitana, Solo la dosis hace el veneno y La Rosa de Alejandría. En descarga de Ruibal hay que decir que es el cantautor más flamenco de entre todos los que hay, por lo que cada una de sus canciones rezuma un halo de cante encubierto que puede justificar que estuviera en la Bienal.
La segunda parte corrió a cargo de quien es la cantaora con más años y más tradición en los escenarios de las últimas décadas. La gran Carmen Linares se entregó a pecho descubierto, sacando el cante de las entrañas, con voz rasgada, agotada y consumida por los años pero con una flamencura que ya quisiera cualquier cantaora hoy día. Dedicó sentidas palabras a Morente, a su amistad, a su familia allí presente, salvo Estrella, y contó alguna anécdota (lo mismo hizo Ruibal) de su amistad con esta casa cantaora.
«La gran Carmen Linares se entregó a pecho descubierto, sacando el cante de las entrañas, con voz rasgada, agotada y consumida por los años pero con una flamencura que ya quisiera cualquier cantaora hoy día»

Con las guitarras de Salvador Gutiérrez y Edu Espín, y las palmas y coros de Rosario Amador y Ana María González, arrancó por cantiñas, aquellas que grabara en el disco en la antología La mujer en el cante, a las que añadió una suerte de romeras. Por tangos recorrió un abanico estilístico de órdago en casi todas las variantes de Graná. Se apropió del poema Andaluces de Jaén, no sólo para acordarse de Enrique sino para afirmar que fue el primer cantaor que empezó a hacer cantes con poesía, como ella mismo dijo, aunque no se acordó que fue Pepe Albaicín en 1958 el iniciador en ello con la Baladilla de los tres ríos. En cualquier caso, lo hizo magistralmente por peteneras y tarantas. Carmen estuvo muy habladora, contando su juventud al lado del Ronco del Albaicín, de sus comienzos, de sus andanzas y de sus vivencias en la capital. Entonó tientos quedándose a solas con la sonanta de Espín para de nuevo sentir el eco de Morente por seguiriyas, en las suyas, sí, las suyas, su estilo, cuño propio. Es innegable que fue un creador y por tanto se le debe reconocer. Y lo fue en la seguiriya, en tangos y casi todo lo que cantaba. Carmen cambió la guitarra por la de Salvi Gutiérrez y de seguida apreciamos en la cantaora las tonalidades que Enrique insufló a este cante en los primeros tercios de cada copla rematando con la del Mellizo, muy mecida y aterciopelada, sin estridencias.
Abordó fandangos de Huelva, A la Virgen de la Bella, con letra de Juan Ramón Jiménez, rescatados también en la magna antología de la Mujer en el cante, tan necesaria como flamenca, en la que participaron Ana María y Rosario, que se marcaron dos buenos fandangos.
Entraba el frío y terminaba la noche, pero no le dejaron marchar. El público en pie le hizo entonar por bulerías otra de las creaciones de Enrique con letra de Antonio Machado, en marcado homenaje al 150º aniversario. Invitó al escenario a la menor de la familia, Soleá, en un mano a mano entre ambas con Yo escucho los cantos.
Ficha artística
Morente: se hace camino al andar
I Bienal de Flamenco de Granada
Abadía del Sacromonte, Granada
13 de septiembre de 2025
Cantautor: Javier Ruibal
Cante: Carmen Linares
Guitarras: José Recacha, Salvador Gutiérrez y Edu Espín
Percusión: Javi Ruibal
Palmas y coros: Rosario Amador y Ana María González
Colaboración: Soleá Morente









































































