En la reciente encuesta que hicimos en el seno de la redacción de ExpoFlamenco para elegir los 25 mejores discos del siglo XXI, acabó cerrando la lista la cantaora jienense Ángeles Toledano con su debut discográfico, Sangre sucia. Como es sabido, este tipo de votaciones no pretenden arrojar un canon indiscutible, pero sí dan pistas de cómo ha ido evolucionando la música y el gusto de la afición en un periodo de tiempo. En este sentido, el cante de Toledano aparece como un exponente de ese flamenco que ya no se escandaliza con los sonidos electrónicos ni a las puestas en escena heterodoxas, y que al mismo tiempo tiene un anclaje muy firme en la tradición; o, dicho de otro modo, a salvo de la histeria de los más puristas.
Tras un año intensísimo de conciertos por todo el país, la artista de Villanueva de la Reina ha empezado el 2026 cumpliendo un sueño que tenía desde niña, y era poner un pie en el Festival de Nîmes. Lo que quizá no había imaginado era que tendría el honor de inaugurar la edición de este año, y lo haría casi llenando el enorme patio de butacas de la Gran Salle del Espacio Paloma. El escenario inundado de humo se tiñe de luz roja sangre –la Sangre sucia del título de su disco– y arranca un espectáculo sencillo en su formato, en el que todo, la guitarra, la percusión, los coros y los efectos lumínicos y sonoros, se subordinan a la voz de la estrella.
Vestida de blanco, encerrada en su círculo de neones, alguno podría esperar un sonido tecno, pero lo que suena es una toná campesina, la misma que abre su disco bajo el título Araora. Algo así como Ora et labora, reza y trabaja, pero sobre todo no pierdas de vista de dónde vienes. Y envuelve tus raíces con el vestido que te dé la gana, pero no te olvides de honrarlas.
«Solo espero que tanto la industria como los más severos jueces de la afición flamenca la dejen crecer con naturalidad, porque esta prometedora historia no ha hecho más que empezar. Y muchos queremos leer el cuento completo, con las mínimas interferencias. Aunque, como ella misma dice, donde hay una mente sorda/ es muy difícil escuchar…»
Así, Toledano salió de casa para recorrer los predios de la soleá –ora por Frijones, ora Triana…– todo bien reconocible y ajustado a los preceptos, por más que las programaciones aporten matices disonantes para los oídos menos acostumbrados. De ahí pasó a las bulerías de Nocturna manzana, para viajar a levante por taranta con resonancias camaroneras y morentianas. De hecho, hubo muchos momentos para pensar en el legado de Enrique, no tanto como cantaor propiamente dicho, sino como abridor de puertas. Los genios son, entre otras cosas, aquellos que dan permiso a las generaciones venideras a atreverse con lo que antes nadie se atrevió. Son los que enseñan que “sí, se puede”.
Y Toledano puede muchas cosas: por ejemplo, jugar con las voces –espléndidas– de sus dos compañeras del coro en un trío por alegrías, ondear la bandera del feminismo por jaleos con la pegadiza Nada ha pasado, pero todo ha sucedido, o entrar y salir airosamente en los tiempos de la seguiriya encandilando al respetable con luces psicodélicas y una base rímica trap.
Aunque Toledano se disculpó varias veces por toser mientras conversaba con el público, debido a las secuelas de una gripe reciente, mantuvo en todo momento su afinación y la dulzura que es una de sus armas principales. Si hubiera que reprocharle algo a su espectáculo, sería el de una (¿deliberada?) frialdad, tanto en lo visual como en lo sonoro, que mantiene al espectador en una zona más cerebral que emocional durante demasiado tiempo. Cuando el corazón empieza a caldearse, con la preciosa versión de Las Grecas (Qué bonito aquella noche) o con las bulerías que le arregló Yerai Cortés (Nada ha pasado, pero todo ha sucedido), tiene que caer el telón.
Lo que parece indiscutible es que Ángeles Toledano no es un clon de Rosalía, por más que ambas tengan cosas en común –por ejemplo, habitar una misma época histórica–, ni una subversiva. Solo espero que tanto la industria, siempre tentada de controlar en exceso, como los más severos jueces de la afición flamenca la dejen crecer con naturalidad, porque esta prometedora historia no ha hecho más que empezar, y muchos queremos leer el cuento completo, con las mínimas interferencias. Aunque, como ella misma dice, donde hay una mente sorda/ es muy difícil escuchar…
Ficha artística
Sangre sucia, de Ángeles Toledano
Festival Flamenco de Nîmes 2026
Gran Salle, Paloma
13 de febrero de 2026
Ángeles Toledano, cante y programaciones
Benito Bernal, guitarra flamenca
Manu Masaedo, batería, percusión y programación
Belén Vega y Laura Espadas, coros y palmas






































































