«Nunca es igual saber la verdad por uno mismo que tener que escucharla por otro» (refranero popular)
Lo que vais a leer, estimados lectores, es una brevísima síntesis de nuestro trabajo de investigación sobre el Zángano de Puente-Genil [1], centrada en el papel protagonizado por nuestro inolvidable Don Antonio Fernández Díaz ‘Fosforito’, leyenda del cante y genio universal de la música. Son muchas las formas flamencas en las que el maestro dejó huella creativa, y una de ellas sin duda es en esta tipología de fandango abandolao.
El Zángano de Puente-Genil ha sido durante años un tema de confusión y debate entre la afición pontana. Los testimonios orales, a menudo vacíos de evidencias científicas, crearon un auténtico desconcierto sobre su naturaleza y origen. ¿Nació del cante de los hortelanos? ¿Fue una invención de Coros y Danzas de la Sección Femenina? ¿Fue Pedro Lavado o el maestro Fosforito el que lo creó flamenco?
Ante estos interrogantes, la investigación rigurosa, siguiendo la línea actual de la flamencología, exige establecer conclusiones definitivas exclusivamente a partir de evidencias. Estas evidencias se centran en las grabaciones como documentos imprescindibles para el análisis musical, mientras que la tradición oral, aunque importante, no debe ser el elemento definitivo. Dentro de este marco de rigor, la figura del maestro Fosforito se establece como protagonista fundamental.
El mosaico conceptual del Zángano Pontanés
Para comprender la aportación de Fosforito, es esencial diferenciar previamente las tres formas musicales a las que se refiere el término “zángano” en Puente-Genil, todas ellas encuadradas en el género estilístico del fandango:
– El Zángano Tradicional o Folclórico: se trata de un fandango ligero y bailable a tres de aire alegre y vivaz, con parentesco con los verdiales. La tradición oral sitúa su interpretación en los siglos XVIII y XIX por los hortelanos en las riberas del Genil. Sin embargo, a pesar de la insistencia de los testimonios orales, no se han encontrado evidencias, grabaciones o transcripciones que demuestren fehacientemente la existencia de este zángano tradicional –el supuesto germen del zángano flamenco– en las huertas pontanas. En el siguiente enlace se puede observar el baile de un zángano folclórico con la melodía del verdial tradicional:
– Zángano de Coros y Danzas: consiste en una forma musical bailada y cantada legada por los Coros y Danzas de Sección Femenina de la Falange Española de Puente-Genil a partir de la década de los cuarenta del siglo pasado. Aunque el zángano se asocia al baile a tres –dos mujeres y un hombre–, la música se fundamenta en dos fandangos distintos. Así, mientras que el primer fandango se trata de una versión del fandango de Lucena atribuido a Dolores de la Huerta, el segundo fandango guarda grandes parentescos con otros fandangos de Coros y Danzas [2]. Estos fandangos son un producto musical más elaborado, pulido, con coreografías estables y un acompañamiento instrumental más rico, alejados de la espontaneidad del folclore tradicional. Aunque la tradición oral apunta a que el zángano de Coros y Danzas es una recuperación del zángano tradicional, no lo podemos asegurar al no disponer de registros sonoros o transcripciones de este último. En el siguiente enlace podemos escuchar ambos fandangos [3]:
No obstante, en cuanto al zángano folklórico conviene señalar un dato posterior a nuestra investigación aportado por Rafael Chaves Arcos a inicios de 2024 al descubrir la existencia de una longevísima cantaora local pontana, Isabel Genil Gálvez o Álvarez (1849-1958), quien había vivido la friolera de 109 años. Dicha mujer, oriunda de los pagos huertanos denominados ‘Cordobilla’ y ‘Majada Vieja’ pertenecientes a Puente-Genil, pudo transmitir el antiguo zángano y otros cantes al grupo de Coros y Danzas, ya que, como se indica en la prensa recopilada por Chaves, «la Sección Femenina de la Falange de esta ciudad aprendió de esta señora numerosos villancicos, cuya letra y música comprenden preciosas páginas de la tradición navideña. Enseñó también la popular canción titulada Zángano de Puente Genil, que hace muchos años entonaban los huertanos pontanenses». [4]
– Zángano Flamenco: cante perteneciente al grupo de los fandangos abandolaos, adquiriendo su auténtico rango flamenco cuando Antonio Fernández Díaz ‘Fosforito’ lo grabó en 1957. Se aprecian dos variantes –la de Fosforito y la de Pedro Lavado– diferenciadas fundamentalmente por sus primeros tercios melódicos. En este enlace podemos escuchar la variante de Fosforito [5]:
El nacimiento del cante: la obra de Fosforito
La importancia de Fosforito es vital, pues fue el responsable de que el zángano entrara en la historia discográfica y en el corpus flamenco. El maestro grabó su primer zángano flamenco para Philips en 1957 con la letra Qué adelanto con quererte, siendo el primero que se grabó en toda la historia. Luego grabó tres más: Tierra donde yo he nacío (1969), Cómo tú estás junto a mí (1969) y Nazareno y Olivares (1971), este último con la guitarra de Paco de Lucía.
El propio Fosforito considera que Nazareno y Olivares es el que “mejor representa el modelo de zángano flamenco” [6]. Sobre la controversia de si lo aprendió del pueblo o si fue una creación propia, el maestro fue tajante cuando lo entrevistamos: “Mira, Álvaro, eso es una historia falsa. Si el zángano hubiese sido una cosa del pueblo, ¿cómo es que no lo cantaron Juan Hierro, El Seco o los cantaores históricos de Puente Genil antes que yo? El zángano nació conmigo, antes no existía” [7]. Esta es una afirmación que consideramos muy pero que muy significativa, al proceder de un cantaor que ha pasado a la historia como uno de los mayores genios creativos. Él creó su zángano flamenco a partir de su experiencia vital y entorno sonoro, fundamentado en la música de artistas consagrados.
La arquitectura musical: Cayetano y la Rondeña
Un análisis musical pormenorizado de los cuatro zánganos de Fosforito revela que su variante se inspira en dos formas flamencas anteriores, lo que refuerza la idea de una creación de autor. Una variante más cuadrada, proponiendo una melodía con un ajuste más regular con los compases de la guitarra dado su extraordinario sentido rítmico. Estas dos formas flamencas son:
– El Fandango de Cayetano [8] (presente en los tercios impares del zángano):
En los cuatro zánganos de Fosforito, los primeros, terceros y quintos tercios melódicos son iguales entre sí, coincidiendo sus líneas melódicas con la del primer tercio del fandango de Cayetano Muriel, grabado casi tres décadas antes del zángano flamenco. Cayetano, un cantaor clave en la configuración del fandango de Lucena, mantuvo una gran amistad con el cantaor pontanés José Bedmar El Seco (maestro de Fosforito y Pedro Lavado), por lo que su fandango era muy conocido en Puente-Genil y poseía el mismo aire de los fandangos del sur de Córdoba. El mismo Fosforito confirmó haberse inspirado, «seguramente inconscientemente«, en el fandango de Cayetano, pues era una «figura universal en aquella época» [9] y un referente en la calle, donde él aprendió a cantar. Esta coincidencia melódica es la razón por la que su variante se define por su comienzo con el fandango de Cayetano.
– La Rondeña registrada en 1954 por Jacinto Almadén [10], presente en los tercios pares del zángano:
Con relación a los segundos tercios melódicos de los zánganos observamos que son muy parecidos al segundo tercio (“por esos mares de Dios”) de la rondeña grabada por Jacinto Almadén [11]. La diferencia fundamental que Fosforito incorpora es la inclusión al final del mismo de una alteración melódica, denominada V grado rebajado o bemolizado (sic). Este bemol [12] le confiere al tercio un final sonoro y color peculiar, recurso consustancial al zángano flamenco que lo distingue de la susodicha rondeña. Este recurso también aparece, con frecuencia variable, en el sexto tercio melódico de los zánganos de Fosforito. La aparición de este rasgo sugiere una herencia del fandango de Lucena o de los cantes de Levante. Fosforito utiliza el “ay” –donde se sitúa el bemol– al final del segundo tercio en dos de sus zánganos.
Con respecto a los cuartos tercios melódicos, apreciamos que son parecidos al segundo tercio de la rondeña de Almadén, diferenciándose en las caídas.
Por último, los sextos tercios melódicos son los más complejos desde el punto de vista musical, tercios a los que no hemos encontrado similitud con ninguna otra forma musical, por lo que en principio cabe la posibilidad de considerarlos como de elaboración propia. En estos tercios también se aprecia el V grado bemolizado.
Por lo tanto, el zángano de Fosforito se define por la siguiente progresión melódica:
Primer tercio——-Primer tercio del fandango de Cayetano
Segundo tercio—–Segundo tercio de Rondeña (con bemol)
Tercer tercio——–Primer tercio del fandango de Cayetano
Cuarto tercio——–Segundo de Rondeña con diferente caída
Quinto tercio——–Primer tercio del fandango de Cayetano
Sexto tercio———¿De elaboración propia?
Fosforito frente a la variante de Pedro Lavado
La otra gran variante del zángano flamenco es la de su paisano y coetáneo Pedro Lavado [13]:
La diferencia fundamental entre ambas variantes se encuentra en el primer tercio melódico. Así, mientras la variante de Fosforito comienza consistentemente con el primer tercio del fandango de Cayetano, la variante de Pedro Lavado lo hace, predominantemente, con la melodía del primer tercio de la rondeña –Navegando me perdí– [14]. Por otro lado, esta variante se caracteriza por un apoyo melódico en la nota más aguda del primer tercio, dándole un carácter más valiente.
Aunque Pedro Lavado siguió en una ocasión el modelo de Cayetano con su zángano Hay un mu señor paseo [15], fue Fosforito quien lo grabó primero, fijando el estilo original. La interpretación de Fosforito es más cuadrada y regular en el ajuste de la melodía con la guitarra, mientras que la de Pedro es más libre, siguiendo el estilo de los maestros antiguos, fundamentado en la métrica de las letras. Aunque Fosforito grabó el primer zángano, estableciendo la variante inicial del cante, ambos cantaores –Fosforito y Pedro Lavado– resultaron determinantes para la consagración del zángano flamenco como un cante diferenciado, cada uno con su propia variante musical [16].
«El zángano flamenco es, por lo tanto, una composición que toma fragmentos de otros fandangos. Siendo Fosforito el primero en grabarlo y fijar su estructura, su aporte, junto con la variante creada por Pedro Lavado, es la razón por la que este cante ha perdurado en la genealogía flamenca»
El debate de los orígenes y la refutación de la evolución folclórica
A lo largo de nuestra investigación, uno de los puntos más arduos fue desmantelar la creencia, muy extendida, de que el zángano flamenco es una evolución artística del zángano folclórico recuperado por Coros y Danzas, concretamente del segundo de sus fandangos, ya que el primero es una versión del fandango de Lucena atribuido a Dolores de la Huerta.
La afirmación de que el zángano flamenco es una evolución artística del zángano folclórico que recuperó Coros y Danzas carece de fundamento. El segundo fandango del Zángano de Coros y Danzas de Puente Genil guarda muy pocas similitudes melódicas con el zángano flamenco, solo se observa una clara semejanza en sus cuartos tercios melódicos. La melodía se estructura de manera diferente y su ritmo está adaptado al baile [17]. El segundo fandango del Zángano de Coros y Danzas, como ya se ha indicado, guarda más semejanza con otros fandangos de Coros y Danzas. Esto nos lleva a cuestionar el posible parentesco y a plantear si los creadores de Coros y Danzas utilizaron patrones melódicos comunes de otras formas musicales interpretadas en los famosos concursos que se organizaron durante la posguerra.
Una anécdota de los años cincuenta ilustra esta circunstancia [18]: durante un ensayo de los Coros y Danzas de Puente-Genil en el que contaron con Fosforito para practicar su coreografía, las niñas no pudieron cuadrar los pasos de baile con el zángano que cantaba el maestro Fosforito, lo que sugiere que lo que ellas estaban acostumbradas a escuchar era rítmica y melódicamente distinto a lo que les cantó el maestro.
Conclusión: el genio creativo y el rango flamenco
Antonio Fernández Díaz ‘Fosforito’ es leyenda del cante y uno de los mayores genios creativos que ha dado el flamenco. Su importancia para el zángano flamenco de Puente-Genil es haber sido el artífice que lo elevó, a partir de 1957, en la discografía a la categoría de estilo flamenco propio, dándole su auténtico rango flamenco.
Fosforito utilizó su intuición y acierto para percibir en formas musicales anteriores –el fandango de Cayetano y la rondeña de Almadén– materia para una creación flamenca. Diseñó un cante que no solo enriquece el corpus de los cantes abandolaos, sino que, al fijar la variante original, inició su pervivencia discográfica e identidad geográfica. Fosforito, y así me lo reconoció en varias ocasiones, creó este cante para su pueblo, de ahí su denominación. Por lo tanto, nos encontramos ante un fandango de creación personal.
La creación de Fosforito es comparable a la obra de un compositor que toma temas musicales universales y bien conocidos para reescribirlos bajo una nueva forma de arte: tomó una melodía de Cayetano que el propio Fosforito definió como una figura universal, utilizó una melodía de la rondeña, le imprimió su sello rítmico cuadrado y el color del V grado bemolizado, resultando un cante perfectamente terminado.
El zángano flamenco es, por lo tanto, una composición que toma fragmentos de otros fandangos. Siendo Fosforito el primero en grabarlo y fijar su estructura, su aporte, junto con la variante creada por Pedro Lavado, es la razón por la que este cante ha perdurado en la genealogía flamenca. Su maestría y sentido rítmico hace del zángano flamenco un estilo diferenciado.
Nuestra humilde aportación ha sido abrir un camino para conocer el zángano flamenco. Aunque nos hubiese gustado responder con certeza a todos los interrogantes iniciales, la propia naturaleza de este género, tan marcado por la tradición oral, lo hace imposible. ♦
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Apéndice
Documental El zángano de Puente-Genil, por Álvaro de la Fuente
[1] Esta investigación aparece en nuestro libro Flamencum Revolutum. Editorial Saludos Flamencos, 2020.
[2] Hemos encontrado parecidos con el Zángano de Motril, Fandango de Antequera, Fandango de la Siega y Fandango de Benalmádena.
[3] Esta grabación pertenece a Danzas Populares de Córdoba Vol. 1 (Grabación Sonora). Fonoruz: C-138. 1984. El primer fandango –Acaba ya de salir– lo podemos escuchar en el minuto 0:30, el segundo fandango –Hortelana soy señores– en el minuto 01:20.
[4] Recogido por Chaves de la página 8 del n.º 6.088 del diario Nueva Rioja de Logroño, en página 5 del n.º 3.817 de Lanza. Diario de Ciudad Real y en página 3 del n.º 41.458 de El Norte de Castilla. Diario de Valladolid en sus respectivas ediciones del miércoles 29 de enero de 1958.
[5] Este zángano –Nazareno y olivares– fue grabado por el maestro para Belter en 1971 con la guitarra de Paco de Lucía.
[6] En nuestro libro Flamecum Revolutum. Editorial: Saludos Flamencos. Pág.367.
[7] Ibidem.
[8] Fandango Se lo cuentan a mi mare (1930). Cayetano Muriel. ODEÓN (182.964). Minuto 01:48. Este parentesco musical ya fue señalado por Paco Vargas en El flamenco en Málaga. Historia y actualidad de su cante y artistas. Almuzara, 2010, pág. 55, de la siguiente manera: “El ‘Zángano de Puente Genil’ es un fandango claramente inspirado en otro de los estilos de Cayetano, el que responde con la letra ‘Se lo cuentan a mi mare’. En ambos casos, sin embargo, encontramos la mano del artista, que con su capacidad creadora versiona cantes conocidos para darles matices nuevos, aunque apenas sean perceptibles, hasta conseguir un cambio que acaba siendo ley. En el caso que nos ocupa, ese artista es Antonio Fernández Díaz, ‘Fosforito’, última Llave de Oro del Cante, y maestro reconocido que imprime carácter propio a todo lo que canta”.
[9] Ibidem.
[10] Esta rondeña (Navegando me perdí) fue grabada en 1954 para la Antología de Hispavox. No obstante, existe un claro antecedente de este cante en las grabaciones de El Cojo de Málaga en 1924 para la casa Gramófono rotulados como Fandanguillos del Cojo y con las coplas: A la sandía el color… y Los pelos echaos pʼatrás…(AE 1.273 y AE 1.316), y Espuma que lleva el río… (AE 1.297).
[11] También son muy parecidos al segundo tercio del fandango nuevo de Juan Varea (Mi alegría se llevó)
[12] El musicólogo Guillermo Castro considera que se trata de una característica melódica que aparecen en: los cantes mineros, algunos fandangos de Jaén, fandangos de Lucena, verdiales, algunas malagueñas flamencas, jaleos extremeños y en algunos fandangos de Granada. Interesante consideramos el hecho de que aparezca en los fandangos de Lucena, por su cercanía geográfica con nuestro zángano flamenco. En Génesis Musical del Cante Flamenco, Libro con Duende, 2014, pág. 257.
[13] Este zángano –Me gusta mi Mariquilla– fue grabado en 1964 con la guitarra de Melchor de Marchena en el disco Café de Chinitas. Selección de Cantes de Málaga para Hispavox, en un registro que comienza con la verdial lucentina Y se murió sin ser mía. Podemos escucharlo a partir del minuto 02:05
[14] Este parentesco musical fue señalado por el gran aficionado Daniel Pino en su blog Corrala del Cante-http://corraladelcante.blogspot.com/2016/07/zanganos-de-puente-genil.html -el 8 de julio de 2016 de la siguiente manera:” Me atrevería a denominarlo como el zángano valiente. Como cantara Chaparro, se trata de un ‘cante de poder’. Para crear esta versión, Pedro Lavado recurrió al primer tercio de la rondeña (versión transmitida por Almadén, no la de Rafael Romero)”.
[15] Se trata de una grabación en directo de la participación de Pedro en el VI Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, editada por Ariola en 1971 con la guitarra de Rafael Muñoz El Tomate.
[16] La familia directa de Pedro Lavado nos dice que fue este quien creó el zángano flamenco. En una entrevista a su hijo Paco Lavado nos manifestó que el zángano flamenco lo creó su padre, que, a su vez, lo aprendió de su abuela Pura – madre de Pedro -, natural de las Alpujarras granadinas, que traía de dichas tierras unas músicas muy parecidas. Flamencum Revolutum, Saludos Flamencos, 2020, pág. 370.
[17] En opinión de Rafael Chaves guarda mucha similitud con antiguas rondeñas de baile, identificadas por la repetición del primer verso para conformar los dos primeros tercios
[18] En nuestro libro Flamecum Revolutum. Editorial: Saludos Flamencos. Pág.270.









































































