Ha arrancado el año 2026 en Granada de la mejor manera posible, con la excelencia del baile de una de las mejores, de mayor proyección internacional y con numerosos reconocimientos además de un bagaje en los escenarios tremendo. La Peña La Platería del Albaicín abrió sus puertas a una de sus hijas, socia de la casa, socia de honor de la peña, Premio nacional de danza, Desplante minero de La Unión y actual directora del Ballet flamenco de Andalucía, con unas ganas de triunfar conseguidas que no precisaron más que dos movimientos de hombros para despejar cualquier duda. Patricia Guerrero, la gran Patricia, diseñó para la ocasión un espectáculo preciso, medido, flamenco y elegante en el que no faltaron guiños a la estética de las danzas sacromontanas, con esos movimientos de hombro que tan sensuales se antojan.
A pesar del frío polar en la noche del sábado, no cabía un alfiler en el salón del cante de la peña para admirar, adorar y disfrutar de Patricia. Vino acompañada de la guitarra inconmensurable de José Fermín Fernández, del cante de Sergio el Colorao y el compás de José Cortés el Indio.
Aunque Sergio el Colorao venía tocado tras estar las navidades con gripe y sin apenas cantar, demostró lo gran profesional que es. Otro se habría amparado en el grupo para pasar desapercibido, pero él se vino arriba y lo demostró en muchos tercios en los que no hubo trampa ni cartón. Llegó hasta donde pudo y bien llegado, sobre todo en la seguiriya.
Además hubo congregación de artistas de la tierra que tampoco quisieron perderse a la bailaora. Jaime El Parrón, Esther Crisol, Vicente Márquez Tente, Juan Pinilla o Joni Cortés anduvieron por allí. El Colorao se presentó por tientos con la guitarra de Fermín y la entrada inicial de Guerrero. Templada, sosegada, limpia en los movimientos, milimétrica en cada braceo, una definición exacta a caballo entre lo clásico y la vanguardia, su gran fuerte y su sello. Por tangos hubo guiños al Sacromonte y a Curro Albaicín que ha instaurado una forma sugerente de provocar con el hombro. Pero Patricia va más allá y propone nuevas fórmulas a las que agarrarse.
«Patricia Guerrero, la gran Patricia, diseñó para la ocasión un espectáculo preciso, medido, flamenco y elegante en el que no faltaron guiños a la estética de las danzas sacromontanas, con esos movimientos de hombro tan sensuales»

Se quedó solo Fermín en el escenario anunciando: «Voy a tocar algo, ¿no? Y se lo voy a dedicar al último mohicano del cante, Jaime el Parrón». Aquello vino en compás de ¾ con un detalle del Anda jaleo, algunos pasajes que me recordaron sutilmente al Niño Miguel, otros a falsetas de tangos de los Ovejilla, o incluso aires de fandangos de Huelva. Fermín, ¿se puede saber qué hiciste? ¡Nos volviste locos con esa forma de tocar! Todo andaba en compás de aparente bulería pero venía y se iba como el soplo del viento. Porque entre medias, un remate de abandolao y de granaínas dieron la vez a El Colorao, que metió la Baladilla de los tres ríos de Pepe Albaicín, de aquel lejano cante y tronío por milongas que supusieron meter por primer vez a Lorca discográficamente en el flamenco.
Por la puerta lateral aparecieron Patricia y El Indio bailándose el uno al otro, recorriendo el pasillo hasta el escenario a fuerza de compás desnudo para bailar ella por alegrías. A solas, sin guitarra, solo cante y compás guiaron a la bailaora. Sin falta de nada más. Pantalón blanco roto y camisa de lunares, ¡no se pué sé más flamenca! Y sin silencios, ni engaños ni remilgos, porque los caracoles en el baile no parece que lo permitan y así lo respetó. Para quien quiera profundizar en su baile, que se fije en cómo domina los brazos y los hombros en el conjunto de movimientos de cintura para arriba. Para mí, sublime.
Siguió El Colorao por seguiriyas con la guitarra de Fermín, con entrega y solvencia a pesar del postcatarro. Se envalentonó en los tercios iniciales de Manuel Molina conjugados con otra a caballo entre la del Viejo de la Isla y Francisco la Perla apostándolo todo al remate de Curro Durse mirándose en el espejo de Manuel Torres.
Guerrero dejó la soleá para el final. Y terminó como comenzó, templada, sosegada, fina, pulcra en la estética y aplicando la danza del siglo XXI al baile del pasado: un tótum revólutum excepcional.
Los artistas se situaron toda la noche en una esquina del escenario lo que no hizo sospechar desde el principio que veríamos una bata de cola. Y así fue, embutida en un traje de lunares gris ajustado, con hombros y mangas de encaje negro y vuelo corto pero fastuoso cuando tomaba protagonismo en el revuelo de volantes. Y para cerrar, un fin de fiesta por bulerías. Como dije antes: ¡¡No se pué pedí más!!
Ficha artística
Recital de baile de Patricia Guerrero
Peña La Platería, Granada.
10 de enero de 2026
Baile: Patricia Guerrero
Toque: José Fermín Fernández
Cante: Sergio El Colorao
Palmas: José Cortés El Indio








































































