Cuántas veces escuchamos o leemos que los premios no lo son todo, que lo importante es el día a día, así como la consecución de objetivos y logros que nos proponemos. Es cierto, pero no lo es menos que los premios y reconocimientos también son importantes desde el punto de vista que estimulan a seguir caminando en la dirección emprendida e incluso a modificar la huella a mejor, si eso nos hace crecer como personas, profesionales o sencillamente nuestro trabajo es importante como semilla de un granero que llamamos sociedad.
Durante la semana el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía ha entregado en Huelva, a través de la consejera de Desarrollo Educativo y Formación Profesional, el XI Premio Flamenco en las Aulas, correspondientes al curso 2024/2025. En ellos se han reconocido a diversos centros educativos de la geografía andaluza y se han entregado dos premios de honor, uno al guitarrista onubense Juan Carlos Romero Monís y otro a la Peña Cultural Flamenca Femenina de Huelva. El primero de ellos por su trabajo pedagógico en la difusión del legado de Manolo Sanlúcar, y a la peña por su papel pionero en introducir a la mujer en el tejido asociativo del flamenco, abriendo caminos y derribando barreras de género dentro del ámbito artístico.
El maestro Romero aseguraba que «el flamenco es una música exigente y que debe ir ligada a la parte emocional, a lo que el flamenco tiene de memoria, y que hay que recordarles a los niños que sus propios antepasados fueron quienes dieron forma a esta música, resaltando la importancia de conectar las raíces con la enseñanza». Por su parte, Helga Molina, presidenta de la entidad flamenca onubense, se sentía enormemente agradecida por este reconocimiento y lo dedicaba, en especial, a todas las mujeres fundadoras de la Peña Femenina, por el importante paso que se dio a principios de los años ochenta del siglo pasado, así como a todas sus presidentas, socias y mujeres que han pasado por el cuadro de cante. Una labor la de cada una de ellas que ha ayudado a engrandecer no solo los principios fundacionales, sino también el del flamenco en general y el fandango en particular, con nombre de mujer.
Y hablando de la Peña Femenina de Huelva, y dentro del marco del III Congreso Internacional de Educación y Flamenco celebrado en la Universidad de Huelva, la entidad onubense acogió la actuación de dos artistas de esta tierra que llevan en su cante y su guitarra un corazón hecho de voz y cuerdas directos al alma. Me refiero a Olivia Molina y Manuel de la Luz. Son dos artistas exigentes consigo mismos. Cada vez que he tenido la oportunidad de disfrutar de su cante y su guitarra he encontrado en ellos un manantial de flamenco sin aditivos cuyo venero es el conocimiento y la raíz, así como una alta calidad profesional que la mayoría de las veces, como sucedió en esta ocasión, impactan directamente sobre la piel que habito.
«Los premios de honor a Juan Carlos Romero y Peña Femenina, así como el cante de Olivia Molina y el toque de Manuel de la Luz, nos hacen ver que el camino está allanado a que el arte que nos reúne sigue teniendo senderos serios por los que caminar»
Comenzó Olivia su actuación por toná, dando paso a los tangos llevándonos por diversas geografías del cante. Su voz es tan sumamente melódica y flamenca que te hace disfrutar en cada una de las variantes que interpreta. Se asentó en el cante por taranto. Nos llevó al recuerdo de Antonio Castillo El Muela y al de José Ruiz Rosa El Chino de Málaga. Su voz es un premio para los que la disfrutamos. De pronto me vi con el sombrero a lo lorquino y a la tortolica comiendo de su mano, tal como dice la letra del cante levantino.
Prosiguió con el cante por alegrías, cantiñas y mirabrás, para seguidamente llamar al cante por soleá donde Manuel nos abrió el alma con su toque. Cuando una guitarra por soleá te hace viajar a paisajes propios de ese cante es que poco más hay que describir. La voz de Olivia sufre, pero el vello de los allí presente se nos levanta en cada tercio. Llevo muchos años escuchando a Olivia, pero hoy me ha cogido de la solapa y no me ha dejado escaparme como en esa lucha constante entre corazón y cante. Cuando la emoción viene de donde late la vida nada es mentira y todo es verdad. Una verdad sin apariencias, una verdad que emociona. E igual le ocurrió cuando Manolo comenzó a desgranar en su guitarra lo sones de Huelva. ¡Ay, amigos, aquí no puede haber ojana! Si el toque de Manolo comenzó a despertar a la pleamar de nuestros cantes, cada regusto que nos dejaba Olivia con las letras populares de Rebollo, de Paco Isidro, de la Conejilla o Pepe La Nora nos traía el escalofrío y la plenitud de una bajamar atlántica. Uff, pues no que he vuelto a sentirla tal como la describía.
Y después de luchar con cada emoción que es un fandango, homenajearon los cincuenta años de aquel Nuevo Día de Lole Montoya y Manuel Molina. El cante de Olivia nos trae diversas letras del hijo del encajero, de ese poeta de corazón trianero y universal que hace medio siglo nos abriera los ojos a un nuevo día.
Una semana que finaliza con los actos de aniversario de la declaración del flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Huelva se hace eco de ello y le ha dado al flamenco el lugar que merece. Los premios de honor a Juan Carlos Romero y Peña Femenina, así como el cante de Olivia Molina y el toque de Manuel de la Luz, nos hacen ver que el camino está allanado a que el arte que nos reúne sigue teniendo senderos serios por los que caminar, sobre todo si seguimos respetando la huella de aquellos que nos lo legaron y nosotros sabemos ir sembrando el carril de otras nuevas que lo hagan aún más grande y atractivo para las generaciones futuras.








































































