El cante sin adornos sólo puede ser bello si quien lo ejecuta lo hace con conocimiento, con facultades, con gusto, con personalidad y con música en la voz y, además, lo acompaña una buena guitarra. La noche del sábado 11 de octubre pisó las tablas de la Peña Flamenca Torres Macarena (Sevilla) el arahaleño Antonio López, un joven cantaor que ya tiene solera y sabiduría suficientemente amplia para decir aquí estoy yo “para hacerles un repertorio que espero que les guste”.
Admiro enormemente el respeto que este joven siente por el cante, y por el flamenco en todas las expresiones que se manifieste. Respeto que se deduce de su presencia en el escenario, su vestimenta siempre en traje impecable, tres piezas. Suele llevar un pañuelo de lunares al cuello, unos zapatos que lanzan destellos y, su seña más identificativa, un sombrero –que no mascota– de fieltro, como los que gastaba Manuel Torre y el mismo Antonio Mairena. Su presencia en el escenario es impecable. Su palabra para saludar al público es certera, justa y amable. Con su agradecimiento a la Unión de Peñas y a Torres Macarena, que han hecho posible que esta noche se programe en la agenda su actuación.
Él es artista y lo lleva a su máxima expresión en los escenarios cuando deja que su voz se llene del arte identitario de Andalucía, a sabiendas de que está recuperando en su garganta un preciado legado que ha recibido con el don de perpetuarlo, de mantenerlo y de fijarlo de nuevo en la memoria de los presentes. ¡Que no se nos olvide qué, de quién y dónde nacen!
Albacea de los cantes rancios, antiguos, ortodoxos, o como los quieran llamar, él los actualiza poniendo en el asador toda su frescura. Si tuviéramos que nombrar aquí a sus maestros sería preciso redactar una lista desde las primeras voces sonoras grabadas en cualquier soporte hasta nuestros días, porque me atrevo a decir que lo ha escuchado “todo”. Pero él, en sus charlas con los aficionados, pone nombre al maestro de los Alcores, al Torre, a Pastora, a Enrique el Mellizo, a Caracol o el Pinto, como no deja atrás a su maestro guitarrista Eduardo Rebollar, quien le acompaña esta noche con su insustituible guitarra de acompañamiento, ni a Calixto Sánchez, ni al letrista José Luis Rodríguez Ojeda, por citar algunos.
Como es costumbre de la casa, dos partes. Comienza con la caña, valiente recordando al maestro Mairena, los tercios hay que llevarlos por toda la escala hasta llegar arriba. Él habla de mestizaje porque coge de aquí y allá lo aprendido para hacer su propia interpretación, digna de elogio. Una buena carta de presentación para poner en situación al público que llena la sala, aunque muchos de los presentes ya lo conocemos y sabemos de sus cualidades, porque es asiduo de esta peña, donde acude con frecuencia a escuchar y ver los recitales de otros artistas.
«Rememora Antonio López la lucha imponente del hombre con la vida y la dibuja en su voz con una farruca que estremeció a los asistentes. Cuando el cante se llena de verdad, las entretelas de la memoria dejan caer muchos recuerdos. La guitarra de Eduardo Rebollar parece llorar con aires de muñeiras arropando el cante»
A continuación la mariana, con letra homenaje a Francisco Moreno Galván, salida de la pluma del poeta José Luis Rodríguez Ojeda, que nos acompaña en la sala. Una letra que retrata perfectamente al poeta, letrista, pintor, urbanista, pensador y filósofo de la Puebla de Cazalla, en su centenario. A imagen y semejanza de las que compusiera el propio Moreno Galván, Antonio López la ejecutó con toda la dificultad que encierra, colocando cada trazo de su voz en el lugar perfecto.
Y de la campiña sevillana nos transporta a Cádiz, la tierra de la sal y el compás, con unas alegrías que traen a la memoria a Calixto Sánchez, cargadas de letras de su composición, y sin olvidar a Pericón, pescando en el malecón, y a Enrique el Mellizo, que llenaron la sala de mar.
Por tientos tangos hay que fajarse, que son los tientos cantes con enjundia. Porque te llamas Aurora / me acuesto al rayar el día. Una completa selección de tientos que culminan con una interpretación de los poemas de Antonio Machado pero lo nuestro es pasar / pasar haciendo camino / camino sobre la mar, para dar paso a otra brillante selección de tangos que recorren la geografía andaluza hasta llegar a la misma Extremadura.
Rememora el cantaor la lucha imponente del hombre con la vida y la dibuja en su voz con una farruca que estremeció a los asistentes, porque cuando el cante se llena de verdad, las entretelas de la memoria dejan caer muchos recuerdos. La guitarra de Eduardo Rebollar parece llorar con aires de muñeiras arropando el cante.
El palo que nos llevó a la extrema supremacía de lo jondo fue la liviana que, como nos presentó el mismo cantaor, “lleva una estructura a [su] forma, con entrada, liviana grande, liviana doble y liviana del maestro de los Alcores y remate con toná liviana. Así fue como él mismo la describió y yo transcribo. Un bocado fino y exquisito para oídos que aprecian la jondura de lo grande.
Y cierre del acto con las bulerías que todo lo redondean para decir que fue un recital de gran altura. Hay que reconocer que Antonio López es un cantaor y gran aficionado, cuyo deseo de aprender no tiene límites, y que ha nacido con magníficas cualidades personales y vocales para el cante. Deseamos que su carrera sea larga y exitosa, porque su juventud aventura que tiene todavía mucho por decir y cosas que aportar.
Ficha artística
Recital de cante de Antonio López
Peña Cultural Flamenca Torres Macarena, Sevilla
11 de octubre de 2025
Cante: Antonio López
Toque: Eduardo Rebollar







































































