Ayer viernes, día 3, estuvimos en Lebrija, y confieso que no puedo ser imparcial ante el Tributo a Juan Peña El Lebrijano . Ambos fuimos como hermanos, y aparte de conducir las incontables conferencias ilustradas que impartimos por todo el mundo, o de ejercer de consultor fortaleciendo así un vínculo y una conexión muy íntima, comprenderá el lector que es muy difícil autorregularse.
Es por ello que obviaré la seducción de la nostalgia a fin de resaltar a quien estaba destinado al cambio necesario, y que, si nadie pudo detener su evolución iniciada, es porque condujo a la historia contemporánea del cante gitano al concepto de la conciencia individual.
Tributo a Juan Peña El Lebrijano es un concierto que, por su éxito de aceptación popular tan desbordante, se vio obligado a anunciar el mismo día una doble función a lleno absoluto, aborda un período muy concreto de quien nunca durmió con el pensamiento de la muerte porque vivió, por un lado, para que las generaciones actuales se lo encontraran todo hecho y no perdieran de vista el porqué están viviendo días de gloria. Y de otro, para conformar una obra que, basada en la tradición, sirve para abrir la mente sin perder nuestra más preciada identidad.
Esclarezcamos, en relación a eso, que El Lebrijano , formado en el más ortodoxo clasicismo, fue un adelantado del vanguardismo, incorporó los estilos fundamentales al mundo sinfónico con La palabra de Dios a un gitano (1972), y buscó puntos de encuentro con la música árabe andaluza y la música búlgara.
Y pongo el foco en lo mollar del concierto, en la música árabe andaluza, género en el que se adentró a raíz del disco Persecución (1976), y por el que recibió palos por todos lados. Fue tildado de transgresor, rebelde, violador, quebrantador, infractor, desobediente, gachó, etc., etc., etc. Y la inmensa mayoría de estos agravios fueron proferidos desde el mundo gitano sin un solo análisis crítico. Es decir, sin escuchar la obra.
«Si ha habido un artista que ha añadido la máxima exigencia a la extraordinaria capacidad de producción musical que tiene Lebrija y que ha sido fundamental en la historia del flamenco, ese es Juan el Lebrijano. El ilustre músico que abrió un nuevo camino desde el mundo árabe, secuenciado sobre una extensa muestra de palos jondos que miraron al futuro»
Un alegato a favor del amigo en el recuerdo no sólo nos lleva a la expresión árabe “felah-mengu” (campesino huido) que puso en circulación Blas Infante, sino a Zyriab, que en el siglo IX introdujo innovaciones musicales que tanto influjo tuvieron en la península ibérica, sin olvidar las “moaxajas” y las “jarchas”, composiciones de la España musulmana que con las tendencias silábicas y el fraseo melódico se harían presentes en los cantes sin guitarra. y los de acompañamiento.
La tradición árabe se perdería por completo. No obstante, a Juan el Lebrijano le sobraban argumentos para el hermanamiento musical que propuso, como el que algunos autores ven la relación entre un modo musical árabe, el “maquam hijaz”, y la música flamenca, afirmando que la fusión del modo “frigio” y el “hijaz” dio como fruto la cadencia andaluza, esto es, la progresión de cuatro acordes, tan común en la música flamenca.
Hay, a esta luz, similitudes entre el inicio del martinete natural con la llamada a la oración musulmana conocida como “Adhan”. Igualmente, encontramos esa analogía en una de las variantes de las soleares de Alcalá atribuidas a Joaquín el de la Paula , y en una de las seguiriyas del jerezano Manuel Molina , así como en el conocido Reniego del señor Manuel Cagancho de Triana.
Si ha habido, por tanto, un artista que ha añadido la máxima exigencia a la extraordinaria capacidad de producción musical que tiene Lebrija y que ha sido, de manera inexorable, fundamental en la historia del flamenco, ese es Juan el Lebrijano, el ilustre músico que, entre otros, abrió un nuevo camino desde el mundo árabe, secuenciado, además, sobre una extensa muestra de palos jondos que miraron al futuro –hoy presente–, mientras expanden a los territorios más diversos el legado heredado. de la vida flamenca.
Y de profundizar en el aspecto productivo de esa variante de la cultura lebrijanista, va el concierto conducido por el guitarrista y profesor Benito Velázquez , que ha puesto en la voz identitaria de Antonio Peña y la descripción musical extraordinaria de Faiçal Kourrich, aquello que la hemeroteca de los profanos no logró enseñar. A saber: el impulso creativo de un lebrijano tan ilimitado como que lo que nos une a él no es la música que se ve, sino la luz que nos permite verla.
Es lo que ha planteado el concierto, buscar el amanecer que no iluminaron a los invidentes discotecas como Persecución (1976), Encuentro (1985), Casablanca (1998), Lebrijano presenta a Faiçal. Puertas abiertas (2005) y Dos orillas (2013), las cinco obras sobre las que se articula la propuesta.
«Para hacerlo renacer y dar forma a este reconocimiento, un elenco de músicos muy jóvenes que han contribuido a la reevaluación de una parte singular de su obra. Todo un ejemplo de malabarismo musical con una velocidad de creación sin cotejo, donde el núcleo indagador de su estilo compositivo cobra todo su esplendor»
De este modo, la secuenciación de los contenidos predijo lo anunciado por El profeta Isaías (2013). Se evocó la calle donde nació el homenajeado Calle San Francisco (1998). Y de ahí a Las mil y una noches (1985), que Juan las asocia a la recopilación medieval de cuentos tradicionales de Oriente Próximo compilados en lengua árabe durante la Edad de Oro del islam.
Se vertieron, mismamente, Lágrimas de cera , además de percibir cómo Truena el poema de Antonio Machado , ambas composiciones del disco Dos orillas (2013). Y tras la danza instrumental de Benito Velázquez, se alcanzó el ecuador con una Danza mora como antesala de Condenaos por ser gitano. Cante de galeras , creación que produjo un estupor colectivo y que, transitando entre el romance y la nana y escoltado por Enrique de Melchor , el cantaor incluido tanto en Persecución (1976) como en el LP Flamenco en el Teatro Real (1981).
Pero Juan el Lebrijano es sinónimo de independencia, de autonomía, por eso implora Dame la libertad (1985 y 2013), para proseguir el programa quitando la cerradura a las mentes estancadas con Granate (2005). Confirma, igualmente, su compromiso de celebración con el futuro desde El anillo ( Chibulí ) (1985), y clausurándose el concierto con un popurrí de bulerías en el que se dio cobijo a las letras más identificativas de quien el paso del tiempo se ha convertido en un clásico.
Es así como la gala, que ofreció, además, un vídeo de Antonio Manuel Falcón y el reconocimiento que el alcalde de la localidad, Pepe Barroso , y el responsable de Cultura, Pepe Martínez , tuvieron con el hijo del homenajeado y prestigioso abogado, Juan José Peña Cortés , se adentró en una de las múltiples aptitudes canoras del polifacético Juan Peña El Lebrijano. Y para hacerlo renacer y dar forma a este reconocimiento, un elenco de músicos muy jóvenes que han contribuido a la reevaluación de una parte singular de su obra, todo un ejemplo de malabarismo musical con una velocidad de creación sin cotejo, donde el núcleo indagador de su estilo compositivo cobra todo su esplendor.
Asistimos, por tanto, al llanto –literal– de felicidad artística por mor de un musical flamenco en el que los intérpretes tienen el inmenso privilegio de descubrir al compositor que brilló con luz propia, a la voz que fue soberana en su expresividad y en la autenticidad de sus afectos, al músico que tuvo un infinito conocimiento de los matices, y, en definitiva, a quien, desde la intimidad de su cante, aportó a la cultura española modulaciones que nos llegaron al alma.
Ficha artística
Tributo a Juan Peña El Lebrijano
Teatro Municipal Juan Bernabé, Lebrija (Sevilla)
3 de octubre de 2025
Al cante: Antonio Peña
Guitarras: Benito Velázquez e Inés Núñez
Violín: Faiçal Kourrich
Cante y coros: Abdelatif Chioua, Raquel Zapico y Laura Ganfornina
Palmas, coros y jaleos: Raúl Velázquez y Sergio Carrasco
Piano: Eugenio Dorantes.
Bajo: Juan Antonio Guerrero.
Percusión: Joaquín Caballero.
Montaje audiovisual: Antonio Manuel Falcón








































































































