La noche de los sábados, Torres Macarena abre sus puertas al cante. Son noches especiales que los aficionados esperamos con deseo de escuchar y deleitarnos con la nómina de grandes artistas que la Peña nos tiene reservada esta temporada. En esta ocasión se extendió una alfombra roja para recibir la dulzura sanluqueña del cante en voz de mujer. Nos visitó Laura Vital, una cantaora que llenó las sillas con un público atento, entendido, de esos que buscan el cante sin efectismos, sin rodeos, directo y sincero, casi un flamenco de culto.
Llegó y su sonrisa invadió el espacio. Ella es de esas personas que trasminan calma, una sensación que gusta tener cerca porque todo a su alrededor cobra otro sentido. Ella nos visita con el alma aún sangrante por la muerte de su padre en diciembre pasado. Su maestro, su guía en el flamenco, su apoyo y su mejor crítico. Es lo que avala la gran sabiduría que esta cantaora transmite con su cante. La afinación correcta, la colocación, el dominio de su aparato fónico. Probablemente fue su progenitor, cantaor también aunque no profesional, quien le enseñara que “el cante no es para sordos” (Caracol dixit) y ella se entrega en los bajos, a los que nos lleva como si cayera en un profundo abismo del que no podrá salir, resurgiendo con su propia voz hasta alcanzar las alturas donde es preciso, sin abusar, sorprendiéndonos. Su voz es dulce y aterciopelada, de las que entran pidiendo permiso, sin molestar, llevando cada palo a su sitio justo, que no por dulce su cante deja de ser bravo, jondo, y flamenco por los cuatro costados.
«La voz de Laura Vital es dulce y aterciopelada, de las que entran pidiendo permiso, sin molestar, llevando cada palo a su sitio justo, que no por dulce su cante deja de ser bravo, jondo, y flamenco por los cuatro costados»

Inició su actuación por tangos, derrochando alegría y salero gaditano, los de la Niña de los Peines. Como puerta de entrada es carta de presentación de quiénes son los maestros referentes en su memoria, aún joven, pero llena de conocimiento. Continúa por malagueñas, con un homenaje a las mujeres creadoras de cantes y de estilos, a las que tanto admira y reivindica en sus actuaciones. Primero la de la Trini, y seguidamente la de la Peñaranda, al estilo abandolao que hiciera Pastora Pavón. Una brillante ronda de cantiñas. A su lado su buen escudero, el magnífico guitarrista Eduardo Rebollar, y maestro de larga trayectoria, que conforma el binomio perfecto con la cantaora. No sin razón ella nos recuerda que pronto cumplirán los 25 años de pareja artística recorriendo escenarios y geografía. De alguna manera esta actuación es la primera celebración de ese cuarto de siglo. Laura se cuadra en la silla y cierra los ojos buscando en su interior a sus ancestros, el rictus de la tragedia se dibuja en su cara, mientras de la guitarra salen lastimosos y lentos los acordes. Por seguiriyas, para rematar con altura esta primera parte.
Cambio de atuendo y vuelta a las tablas. Es preciso resaltar la elegancia que derrama Laura Vital en los escenarios, elegancia que es muestra del respeto al flamenco y al público que la sigue. Nos cuenta que de niña llegó a conocer a Antonio el Arenero. Soleá de Triana, para retomar las serias vereas del cante. Acaba de sacar un disco que se titula Pura vida, y de él nos regala unas originales granaínas que trenza con cánticos andalusíes y poemas de Ibn Khaldün, que nos rememora a Juan Peña Lebrijano, Morente y Lole Montoya en el hermanamiento de las músicas entre continentes. Continúa con una ronda de fandangos y termina su actuación con unas bulerías sabrosonas que dejan al respetable con el gusto colmao.
Ya en los camerinos, esta cronista se atreve a pedirle una breve entrevista para que ella nos cuente mucho más. Esto es lo que nos relató.

Laura Vital: «En el proceso de duelo por mi padre, el arte me ha salvado»
– ¿En qué momento artístico siente Laura Vital que está?
– (Ríe) Pues mira, yo creo que estoy en un momento de madurez. Hace 33 años que me subí a un escenario y 25 años que gané el Giraldillo. Yo creo que las cantaoras a mi edad alcanzamos el equilibrio entre la transmisión, la expresión y el conocimiento de nuestro propio instrumento. Ahora hago los cantes más macerados, más serena, con más peso, lo cuento mejor. El instrumento con la edad pierde matices técnicos. Sin embargo, siento que a nivel de contar, cuanta más edad tiene un cantaor, una cantaora, mejor lo cuenta, más vivencias.
Fíjate que yo hasta ahora he sido muy privilegiada porque no he tenido nada malo. Ahora que, desde diciembre pasado, mi padre ya no está. Él que ha sido mi maestro, mi referente, el espejo donde yo me he mirado, me ha enseñado tantas cosas, una persona con una sensibilidad para el cante muy especial, que cantaba también. Y mi abuelo también cantaba y otras personas de mi familia. Ahora que él no está, siento que tengo la necesidad de continuar su propio legado, todo lo que he vivido, lo que me ha transmitido, y mucho más ahora que soy madre tengo esa necesidad. Como él me cantaba…
Un fandango yo escuchaba
mi padre me lo cantaba
pa que supiera entender
el legado que me dejaba.
Ese fandango cobra ahora un sentido muy diferente.
– Te llamas Vital y tu disco se titula Pura Vida. ¿Qué has querido decirnos con tu disco? ¿Cuál es el mensaje?
– Es un disco de madurez y de conciliación familiar. Cuando nace mi niña Malena estamos en ese periodo, los primeros años, muy nutricio, muy conectadas con la maternidad. Y, a veces, las mujeres caemos un poco en perder esa parte nuestra como mujer cuando somos madres. Es un testimonio que le quiero dejar a mi hija para que ella sepa que tiene a una madre que es un referente completo, es decir, soy madre y también artista. Su mamá es nutricia, le hace un puchero, la lleva al parque, la cuida, la mima, le da todos los caprichos. Pero también su madre es artista y es mujer. Entonces, creo que es muy importante que la niña crezca con una imagen completa de quién es su madre. Por eso Pura Vida han sido pequeños ratitos dentro de la conciliación familiar en los que yo cruzaba la puerta del estudio y era ese momento de conectarme con esa parte mujer, esa parte artista, esa parte que las mujeres cuando somos madres no debemos perder, porque son complementarias.
«Ahora que mi padre no está, siento que tengo la necesidad de continuar su propio legado, todo lo que he vivido, lo que me ha transmitido, y mucho más ahora que soy madre tengo esa necesidad»

– En tu disco has hecho un hermanamiento musical con Marruecos, nuestros referentes andalusíes, viajando de unas notas a otras en ese lenguaje universal que es la música. Otros artistas antes que tú, como Lebrijano, Morente, Lole y Manuel, ya han transitado en esa búsqueda. ¿Tú quieres poner algo más en ese camino?
– Cuando emprendo algún proyecto, mi máxima es disfrutar el proceso creativo y nunca espero nada ni tengo pretensiones. Es decir, ese tipo de propuestas surgen de mi amor por la música. Me sorprendo porque cuando tú empiezas un proyecto así el camino es un aprendizaje. Cuando he tenido que cantar en portugués, en árabe, yo he tenido que conocer más mi instrumento y, a la vez, llevarlo al límite. Ha sido un aprendizaje, porque la colocación del sonido cuando canto en árabe es distinta. Descubrir cosas de mi propio instrumento, gracias a estos hermanamientos con otras músicas. Mi padre siempre fue muy melómano y por eso en mi casa he escuchado muchos tipos de músicas. El flamenco es mi zona de confort, es lo que yo he escuchado de mis mayores, pero mi padre y mi madre siempre me han animado a que experimente, a que busque mi camino. Y yo creo que al final es importante ser uno mismo, ser coherente, y cuando hago ese tipo de hermanamiento yo lo hago desde el respeto y desde el estudio, es un trabajo de campo. No se trata de hacer hijos bastardos. Cuando me embarco en cualquier tipo de hermanamiento le echo muchas horas, estudio mucho la dicción, escucho la esencia, intento quedarme con ese esqueleto musical que tienen todas las músicas y que ya luego lo viste de una manera o de otra, pero para mí es fundamental el respeto.
Sí que es verdad que cuando tienes una idea y te metes en el estudio y empiezan a llegar esos músicos tan maravillosos, lo que tú tienes en tu cabeza al final el resultado no es ni el veinte por ciento de lo que tú habías imaginado. Los estudios de grabación son muy gratificantes porque descubres muchas cosas y sobre todo porque meterme en el estudio me lleva a aprender mucho, a estudiar. Por ejemplo, hemos hecho una serrana. Pues para hacer que ese cante suene a mí, cuántas serranas no habré tenido que escuchar, cuántas letras he tenido que descartar.
– ¿Eres una cantaora que disfruta cantando?
– Para mí el arte y cantar es una terapia. Yo canalizo muchísimo las emociones a través de la música. En todo este proceso de duelo de mi padre, para mí ha sido un bálsamo el poder cantar. Todo este tiempo en el que he estado en proceso de duelo tan durísimo, a mí el arte me ha salvado. Quizás en estos meses he tenido menos ganas de cantar, pero sí he tenido muchas ganas de escuchar, porque todo lo que escuchaba me llevaba a él. Ahora, cuando estoy tarareando una letra nueva en mi cabeza, la voz que escucho es la de mi padre. ♦








































































