La Carbonería (Sevilla), siempre hospitalaria, registraba al mediodía de este sábado 27 de septiembre una inusual afluencia de público. El motivo era de peso: José Luis Ortiz Nuevo presentaba un nuevo libro. En este caso, para ser exactos, una reedición, la de su fundamental Pepe el de la Matrona, de cuyo alumbramiento en la colección Demófilo se cumplen 50 años. Un título emblemático que supuso un antes y un después en la propia peripecia vital y profesional de El Poeta, y que ahora vuelve a los anaqueles de novedades de la mano de la editorial Athenaica.
Acompañado por el periodista Francis Mármol, así como por Manuel Romero al cante y Pedro Barragán a la guitarra, Ortiz Nuevo rompió el hielo al grito de “¡que sea la música lo primero que se escuche!”, y desde luego la música acompañó espléndidamente todo el desarrollo del acto, en el que hubo anécdotas, reflexiones, bromas y, como no podía ser de otro modo, cante bueno. Mármol empezó recordando que la de Pepe el de la Matrona fue la primera de una serie de obras de carácter biográfico que irían engrosando la bibliografía del archidonense, y no dudó en calificarla como “un libro muy humanista, porque coloca al hombre en el centro”.
Por su parte, el autor recordó que su encuentro con el maestro del cante sucedió “cuando yo era apenas un niño. Conocí a Pepe poco después de conocer a Morente, por vía de mi maestro Andrés Raya, hacia el año 69, y poco después se le rindió homenaje con un recital del propio Morente, con Menese y la guitarra de Perico el del Lunar”.
A partir de ese momento, evocó, “me enamoré de la persona y del personaje, y él se dejó querer. Él quizá hubiera preferido un libro más técnico, ‘las soleás son estas y estas, las seguiriyas estas y estas…’ Pero yo huía ya de lo doctrinario, de lo clasificatorio, de la idea de hacer un libro de flamencomanía. Pepe me dio satisfacción y me permitió orientar mi vida hacia algo interesante”.
Nacido el 4 de julio de 1887, José Núñez Meléndez, Pepe el de la Matrona, debutó a la temprana edad de 12 años. En 1906 se fue a Madrid a cantar a Naranjero y en el 14 decidió irse a tomar café a La Habana. Vivió de las juergas y las fiestas, y conoció a todos los mitos del flamenco: a don Antonio Chacón y Manuel Torre, a Pastora Pavón y su hermano Tomás… Y, en una época en que no era tan habitual viajar, pudo lucir su arte en los más diversos confines, desde España a México, pasando por Cuba, Estados Unidos, Canadá, Francia. Su vida, magistralmente plasmada por Ortiz Nuevo, es una mezcla de genio y aventura contada con grandes dosis de cariño y ternura.
«En una época en que no era tan habitual viajar, Pepe de la Matrona pudo lucir su arte en los más diversos confines, desde España a México, pasando por Cuba, Estados Unidos, Canadá, Francia. Su vida, magistralmente plasmada por Ortiz Nuevo, es una mezcla de genio y aventura contada con grandes dosis de cariño y ternura»

“Encontrarse con él era sanador, casi diría hasta santificador”, asevera el archidonense. “Yo llegaba a verlo como el equivalente de la visita del psiquiatra, y cuando salía me quería comer el mundo. Pepe me enamoraba con su forma de hablar, su alegría, su inteligencia, su armonía… Poseía un lenguaje andaluz refinado, rico, con una entonación hecha a compás”.
“Estrella Morente, que no tiene vergüenza”, agrega Ortiz Nuevo con desenfado, “me imita ahora hablando por Pepe el de la Matrona. Pero él siempre hablaba con fundamento, era una de las frases que siempre tenía a mano: las cosas, para él, tenían que tener fundamento”.
El biógrafo incide en algunos aspectos personales de gran trascendencia en la vida de Pepe el de la Matrona, desde su desmesurada afición a los alcoholes –“Se bebía una botella de aguardiente al día”, contó, “no he conocido a nadie más fuerte en mi vida”– al papel determinante que jugó su madre, “que era un guardiacivil vestido de paisano, pero le dio todo el impulso que necesitaba”, y cuya profesión le prestó su nombre artístico.
No podían faltar en el acto, como no faltan en el volumen, las ocurrencias, tantas y tan hilarantes que no caben en esta crónica. Ortiz Nuevo recordó, por ejemplo, la curiosa receta que tenía el artista sevillano para acabar con el capitalismo: “La única manera es que los obreros no tengan hijos. ¡Nada de hijos! ¡Cero hijos! Que los hijos los tengan los capitalistas, así se explotan los unos a los otros”.
O aquella vez en que, estando de gira con Vicente Escudero por los Estados Unidos, cierto crítico malaje quiso quitarle méritos asegurando que su éxito solo se debía al traje que vestía, y no a sus cualidades vocales. Al día siguiente, Pepe el de la Matrona pidió que se pusiera el traje en el escenario, y preguntó: “¿Qué? ¿El traje canta?”. ♦











































































Gracias, Alejandro. Por la sensibilidad que tienes.