Con la reciente desaparición del popular cantaor extremeño Ramón el Portugués, tan importante en la difusión del cante extremeño en Madrid, me han venido a la memoria los sonidos exóticos del flamenco de aquella su tierra. El llamativo eco peculiar de esta rama no andaluza del cante resulta fascinante. Los extremeños construyen su propio universo flamenco con perfume distinto, jaleos, como llaman sus bulerías frescas, Jerez queda lejos, y los tangos huelen a tierra húmeda.
Ole y ole el cante de otras comarcas, poca faena habría para los duendes de la Plaza Alta si les quitáramos las provincias andaluzas, Murcia y Cartagena, además de Madrid o Cataluña. Pero Extremadura es única, cada cante un grito de “viva yo”.
Sólo hace días que hemos perdido también al veterano flamencólogo extremeño, doctor en medicina, Paco Zambrano, gran conocedor del cante de su tierra, y autor de varios libros al respecto. Nos conocimos en un congreso flamenco en Málaga en una tensa discusión. Él no admitía mi observación de que Camarón había sido responsable en gran parte de la popularidad del cante extremeño en Madrid en los años setenta. Zambrano defendía el papel absoluto y exclusivo del Porrinas, pero pronto nos hicimos grandes amigos, y compartíamos conversaciones amenas a la hora del café. El flamenco extremeño queda cojo sin este hombre enamorado de su cultura.
«Paco Zambrano no admitía mi observación de que Camarón había sido responsable en gran parte de la popularidad del cante extremeño en Madrid en los años setenta. Zambrano defendía el papel absoluto y exclusivo del Porrinas»
Uno de los intérpretes más interesantes de la plantilla extremeña, siendo de los que relativamente poca atención atraen hoy en día, es Juan Cantero (Mérida, 1939). Con voz redonda y cálida, y poderosas facultades, su personalidad cantaora es vehículo idóneo para estos cantes. Ha sido cantaor fijo del Ballet Nacional de España. Además del clásico surtido de estilos de tangos y jaleos, al menos un tango extremeño le es atribuido a Juan Cantero, según Perico de la Paula, músico experto en la materia. Los siguientes versos son dos de los tradicionales para este estilo de Cantero:
Cómo quieres que te quiera,
ay, ay, que te quiera,
si por tu forma de ser
nadie puede’ vivir a tu vera.
No me des pares y nones,
ay, ay, pares y nones,
que cuando te veo venir
conozco tus intenciones.
Este estilo de tango extremeño creado y popularizado por Juan Cantero me recuerda al antiguo Amor de Dios de Madrid en los años 70 cuando tanto sonaba. No la academia situada en la que había sido el mercado de abastos del barrio, sino los estudios de ensayo en una antigua casa destartalada en la calle Amor de Dios, donde, además de claqué, ópera o danza clásica, había clases particulares de flamenco, o conducían ensayos maestros tan queridos como La Tati, Merche Esmeralda, Paco Fernández, Ciro o María Magdalena, entre otros. Una lúgubre cueva subterránea servía de barra donde se firmaban contratos, los guitarristas intercambiaban falsetas y se discutía quién cantaba mejor, Pansequito o Camarón, mientras Paco, con sus grabaciones, nos enseñaba cuánto flamenco aún quedaba por descubrir, el guitarrista Miguel Vargas inventaba un código para el toque extremeño, Marelu derramaba su miel y la furia de la Kaíta localizaba su bestial rajo.







































































