Nació hace un centenar de años más uno. Siempre lleno de anécdotas, recuerdos y conocimientos. Conocí a Manolo Morilla cuando compraba leche cruda de un señor mayor delante de su casa. Amigo incondicional de Diego del Gastor desde la adolescencia, tenía el toque de éste bien injertado en su mente y manos. Teniendo una vida convencional de cabeza de familia, vivía su flamenco a deshoras, siempre a la sombra de su gurú Diego.
¿Qué interés pueden tener los recuerdos de un guitarrista moronense que nació hace un siglo, y falleció hace doce años, llevándose la sabiduría de su larga vida al lado de un guitarrista encumbrado por cierto sector? Por la parte que a mí me toca, confirmo que el intercambio de conocimientos y experiencia de Manolo Morilla fue siempre enriquecedor, una ventana a la historia reciente del arte jondo.
El nombre de Manuel Morilla sólo sonará a aficionados de Morón, Utrera, La Puebla, Lebrija, y otros pueblos flamencamente importantes de la comarca. A sus 77 años, se había codeado con muchas figuras míticas del flamenco del siglo veinte, pero sobre todo ha sido testigo mayor de toda excepción del desarrollo del flamenco en una época que abarca desde el reinado artístico de Ramón Montoya, hasta la actual época de Paco de Lucía y su oleada de seguidores.
Con la primera guitarra que cantó José Menese fue la de Manolo Morilla, de chiquillo, que fue en una boda. Por la mañana cuando acabó la boda se quedó con unos amigos que eran aficionados a la guitarra. Eran las tres de la tarde por allí, y dijo uno de los amigos “voy a buscar a un muchacho, un tal Menese, que es aficionado al cante y canta muy bien”. Poco después Moreno Galván llevó al joven cantaor a Madrid, y el resto es historia.
Figuras de fuera iban a Morón llevados por Camacho, que tenía una ganadería de toros. Aurelio, la Niña de los Peines, Manolo Vargas de Cádiz, gente grande pasaba por Morón en aquella época. Morilla tocaba a las grandes figuras. A Miguel Vargas muchas veces, a José Menese, al Clavel, al Lebrijano, a Fernanda y Bernarda, a Talega, a Perrate y otros. Eran fiestas bien pagadas con estos cantaores, Diego del Gastor organizaba todo, como un representante. De los guitarristas recientes, y de los que más le gustaban a Morilla, nombró a Juan Habichuela, Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía, y claro, Paco del Gastor, “el mejor guitarrista que ha dado Morón de la Frontera hasta hoy, ¡ese nos borra a todos!” sentenciaba Morilla.
Comentaba Manolo que antes de la guerra los viejos cantaban por soleá y seguiriya, pero poco. Gustaba mucho más “lo otro”, todo el mundo quería fandangos. Estaba el Niño de la Calzá, el Niño de Marchena, el Niño de Aznalcóllar… Muchos niños. Era lo que gustaba entonces, incluso más fuerte de lo que es la bulería ahora, la bulería tenía muy poca importancia.
Morilla decía que cuando era joven no se hablaba de los estilos de cante, que si de Utrera, de Alcalá o Cádiz y demás, eso ya vino después con Antonio Mairena. Si cantaba algo de Tomás, decían “los cantes de Tomás”, o Manolito de la María, o Juan Talega. Entonces llegó Mairena y dijo, “pues, los cantes de Joaquín eran de esta forma y se cantaban así”, y de la Serneta, y del otro, y el otro. Antes de Mairena por la calle no se sabía siquiera lo que era la debla ni la caña ni nada de eso… Cantaría alguno y decía ‘esto es martinete’, pero nadie sabía lo que era eso. Morilla destacaba que en su juventud, supongamos los años 40-50 del siglo pasado, los aficionados se limitaban a tangos, soleá básica, alegrías, además de alguna canción popular, dos o tres aficionados que tocaban chucurrún chucurrún, y no tenían idea de lo que era un toque en condiciones, nada más sevillanas y todo eso.
«El nombre de Manuel Morilla sólo sonará a aficionados de Morón, Utrera, La Puebla, Lebrija, y otros pueblos flamencamente importantes de la comarca. A sus 77 años, se había codeado con muchas figuras míticas del flamenco del siglo XX»
De la tertulia flamenca de Morón, Morilla fue promotor y primer presidente por el año ’70. Empezaron con dieciséis socios, cinco duros todas las semanas, y cuando habían reunido un dinerito, llevaban a Fernanda, o a fulano, y todos a la plaza, como no tenían local, allí vino Mairena, Fernanda y Bernarda, la Pepa, el Borrico… Mucha gente de Jerez los primeros años… El Juanata, el Mono, el Funi también, Curro Malena y el Lebrijano. De dieciséis que empezaron, llegaron a tener cuatrocientos y pico de socios.
A Diego le gustaba tocar las alegrías en Mi, pero sacándolo de la bulería, era muy cortito. Luego estaba el Niño Álvarez, que tocaba la guitarra muy bien. Manolo había oído historias de Pepe Naranjo y otros que lo conocieron. El Niño Álvarez se pegó un porrazo en un dedo, se le encangrenó y tuvieron que cortarle el dedo.
Morilla había tenido muchas vivencias con Anzonini y Fernandillo, bailaores cantaores festeros. Les acompañó infinidad de veces de fiesta, y convivió de chico. También con el bailaor Pepe Ríos, pero el mejor que había visto, según decía, ha sido el Quino. “El aire que tenía Anzonini bailando, eso venía del Quino, pero el Quino era más puro, nada más de cintura para arriba, como aquella de Jerez, la Pipa, así bailaba el Quino de Morón” explicaba Morilla.
Manolo decía que en Morón siempre se ha tocado más despacio que en ningún lado, en fiestas, entre gente, se tocaba despacito, recreándose. Algunos discuten hoy en día la diferencia entre la soleá por bulería, y la bulería por soleá. Decía Morilla que es exactamente lo mismo, y relativamente reciente. “Un día tocando para Lebrijano en Alcalá me dice ‘toca por soleá por bulería’”, que empezó a llamarse así, pero yo ya conocía esos cantes y se decía soleá, na’ más”.
Dijo Manolo que fue Ramón Montoya que revolucionó toda la técnica de la guitarra. Antes tocaban con mucho pulgar y mucho picado, pero poco arpegio y poco trémolo, y el compás por bulería lo hacían todo al golpe. Pero la alzapúa venía de Manolo de Huelva. Dijo que desde que tenía uso de razón, Ramón Montoya era el que renovó la guitarra, que era un revolucionario, igual que Ricardo, igual que Paco de Lucía, ha habido muchos que han tocado muy bien, pero estos han sido los grandes revolucionarios del toque moderno. Ricardo cambió los toques por bulería, empezó a cambiar este compás de dos golpes y ahora tenemos la bulería de 12 tiempos, como es hoy en día.
Morilla contaba que con las primeras grabaciones de Sabicas quedaron todos asombrados en España. Se fue a América y no lo conocía la gente, ni discos ni na’, esa forma de tocar, tan flamenca. Pero luego cuando Paco de Lucía, se quedaron todos con la boca abierta, ¡esto ya es el no va más!, decían”.
Este sabio maestro concluyó sus comentarios diciendo que el toque de Diego del Gastor tiene un sello que se reconoce donde sea. No es influencia propiamente dicho, sino un sello muy suyo que es inconfundible.
Cuando Manuel Morilla enviudó, metió su guitarra en el estuche, y no la volvió a sacar.







































































Dices que cuando teníamos reunido un dinerito nos íbamos a la plaza, (y no era plaza, era la Plata en la nave de Marcelino Ballesteros) para la reunión con los artistas
Dice que cuando teníamos reunido un dinerito y los artistas, nos reunimos en la plaza? no era la plaza, era la Plata en la nave de Marcelino Ballesteros
Además la foto que ponen de los aficionados no corresponde a la de los que proyectamos esta asociación, solo hay dos personas que estaban en las reuniones de los comienzos de la Tertulia Cultural Flamenca El Gallo, Manolo Morilla al que va dedicado este artículo y Antonio Cabrera