El Festival Flamenco de Huelva se convierte anualmente en un escaparate donde la ciudad proyecta sus potencialidades programáticas en torno a este arte. En 2025 se ha celebrado la décima edición siguiendo el formato habitual de actuaciones en varios espacios escénicos, así como actividades complementarias. Entre estas últimas, cabe destacar la conferencia sobre el fandango de la cantaora onubense Regina, la exposición fotográfica Gloria Bendita de Ana Palma, las proyecciones cinematográficas Fandango y Silencio de la cineasta Remedios Malvárez, los talleres didácticos escolares que lleva a cabo La Cavaera, asociación dirigida por el guitarrista Antonio Dovao, y la exposición pictórica de retratos de artistas flamencos De tu campiña a mi orilla (Jerez&Huelva), de Miguel Verdejo. Esta última en el hall de entrada del Gran Teatro de la capital. Dicha exposición tuvo su primera puesta de largo, a principios de 2024, en el Espacio expoflamenco de Jerez de la Frontera.
Aprovechando la semana flamenca, y promovida por el periodista Rafael J. Terán, el Centro de la Comunicación Jesús Hermida, de Huelva, acogió la inauguración de la exposición José Luis de la Paz. Una vida, una guitarra. La exposición acoge una retrospectiva del artista, tristemente desaparecido hace varios meses, dando una visión amplia de la magnitud personal y artística de José Luis Rodríguez García de la Torre (Huelva, 1957 – Miami, 2025).
El Espacio Santa Fe, antigua comisaría de la Policía Nacional reconvertida en sala cultural, fue la primera en recibir actuaciones flamencas con tres artistas de la tierra. Fue el momento de Juan Rafael Romero, joven promesa onubense, con una afición desmedida y con una voz que presagia un futuro lleno de logros. También acudieron a la cita la bailaora María Canea y el cantaor Jesús Corbacho, Lámpara minera de la Unión 2024.
La primera cita del Gran Teatro de Huelva, minutos después de la inauguración de la exposición de Miguel Verdejo, fue la de Israel Fernández y Antonio el Relojero. Destaco, profundamente, la valentía y el arrojo de un cantaor de este calibre, al presentarse ante el público, como viene haciéndolo hace algún tiempo, con la única red de seguridad del veterano guitarrista de Colmenar de Oreja. Hace ya algún tiempo que me sorprendió con su toque añejo y directo, capaz de captar la atención del aficionado por su singularidad, retrotrayéndonos a momentos pasados. Israel brilló, especialmente, en el cante por guajiras y por tientos, así como nos deleitó con su particular homenaje a Antonio El Chaqueta.
«En el segundo baile, de negro, y con una iluminación haciéndole justicia al cante y al momento, el cantaor elevó a sobresaliente el cante y Eva… ¡ay, Eva!, dibujó con sus brazos y manos el cante grande. Si alguna vez tuviera que explicarle a un pintor renacentista cómo es este baile, sin duda me acordaría e intentaría ahondar en el momento vivido»

Al término de su actuación, el escenario se preparó para recibir al guitarrista Francis Gómez, de Moguer. Francis tiene un poso de cultura musical tan grande que está capacitado para atraer a quienes acudimos con los oídos abiertos al flamenco más clásico y a aquellos que buscan sonoridades nuevas y encuentros con otras músicas. Sí, soy un enamorado de la guitarra del moguereño. Desde que lo descubrí en su proyecto FlazzTrío, hace ya algunos años, hasta hoy que es guitarra de concierto y de acompañamiento de artistas de relevancia, nunca ha dejado de sorprenderme. El espectáculo contó con la colaboración de los cantaores Israel Moro, Carmen Molina, Juan de Mairena y Arcángel, así como las palmas y las voces de Los Mellis y la percusión de Lito Mánez.
Quizás uno de los momentos más especiales del festival fue el baile por siguiriya de Eva la Yerbabuena al cante de Pepe de Pura. Estábamos casi en la mitad de su espectáculo. Eva había bailado a la bulería por soleá con la fuerza y maestría que nos acostumbra. En el segundo baile, de negro, y con una iluminación haciéndole justicia al cante y al momento, el cantaor sevillano elevó a sobresaliente el cante y Eva… ¡ay, Eva!, dibujó con sus brazos y manos el cante grande. Si alguna vez tuviera que explicarle a un pintor renacentista como es este baile, sin duda, me acordaría e intentaría ahondar en el momento vivido. Finalizó su actuación por alegrías.
Seguidamente, una de las sorpresas agradables del festival. La primera actuación en solitario del músico multiinstrumentista Fran Roca. Llenó de música flamenca el escenario y los cinco sentidos de todos los presentes. Armónica, flauta, guitarra, y todo ello sonando a flamenco. Especial relevancia tuvo su toque por bamberas y el acompañamiento al cantaor chiclanero Antonio Núñez El Pulga.
El barrio obrero, santo y seña del legado británico en la capital, es también la seña y génesis de este festival. A mediados de la primera década del siglo XXI albergó los primeros festivales de Huelva –denominados Quitasueños, en recuerdo al emblemático lugar de la pescadería onubense donde durante tanto tiempo en el siglo XX se reunían aficionados y artistas de la época–, promovidos por la extinta Unión Local de Peñas Flamencas de Huelva en una idea original del cantaor y grandísimo aficionado Eduardo Hernández Garrocho. Con la llegada del nuevo formato promovido por el Ayuntamiento de Huelva se le dotó de personalidad propia y constituye uno de los momentos álgidos de la cita onubense. Este año ha pasado a denominarse Espacio Cajasol, ya que es esta entidad quien colabora en su sostenimiento.
A la primera cita acudió la cantaora Filo de los Patios. Cantaora sin aditivos, con esencia, con personalidad propia. Bajo mi punto de vista, una de esas cantaoras que entregan los veinte reales del duro en cada una de sus actuaciones, no escatimando su potencial de fuerza y flamencura. Le siguió la veterana Aurora Vargas, quien impuso su maestría y duende en los cantes de compás. Rosario La Tremendita cerró la noche conectando cien por cien con el público asistente y mostrando sus maneras cantaoras. Maneras que llevan el aire de los viejos maestros del siglo XX a los ritmos y melismas de este primer cuarto del XXI. En ella certificamos que donde hay conocimiento puede crecer el árbol del flamenco.
«Antonio Rey está dotado para elevar el flamenco, como cultura, como arte, a la máxima categoría de músicas del mundo. En él conviven el intimismo y la fuerza. Puede tener en sus manos un mar en calma y un mar embravecido, pero siempre lo manejará a su antojo, porque está tocado por el don»
Otra cita importante del Festival Ciudad de Huelva es la gran final del concurso infantil de fandangos, organizado y promovido por la Peña Flamenca La Orden. Una cita ineludible. El fandango de Huelva y sus jovencísimos valores forman parte del festival. He ahí la importancia. Niños y niñas de entre 6 y 17 años han participado en esta edición, con lo que ello significa de prosperidad para el fandango y su futuro. El primer premio recayó en Erika Martín, el segundo en Cristina Sierra García y el tercero en Martín Sánchez. Este año el concurso iba dedicado a las escuelas de cante de la provincia onubense y se homenajeó al fandango de Calañas. Como artistas invitados acudieron a la cita Ezequiel Benítez y Paco León, dos artistas que ya de por sí no necesitan presentación y que ocupan plaza destacada en el flamenco actual. Extraordinario el cante del jerezano e igualmente la guitarra de Paco.
La segunda sesión del Espacio Cajasol se abrió con la guitarra de Paco Cepero. Hablar del maestro Cepero es hacerlo de una leyenda del flamenco. Recibió el premio especial Ciudad de Huelva, y nos deleitó con el manantial de su toque. Colaboraron junto a él Samuel Serrano y Paco León. Solo puedo añadir lo que el maestro Cepero dijo al finalizar el toque de su rumba Agua marina: «¡Ea, ahí tenéis, 83 años!». Pues eso, 83 años y levantando sensibilidades no está a la altura de cualquiera. Seguidamente, fue el turno de Alonso Núñez Rancapino Chico, quién llenó el escenario de sus maneras cantaoras junto a la guitarra de Diego Amaya.
Para finalizar la noche, Vicente Redondo El Pecas. Y ya se sabe: Huelva quiere a su Pecas, como Pecas quiere a Huelva. El artista lo sabe y cada vez que tiene la ocasión nos demuestra que es así. Nos deleita con sus vivencias y sentires, consiguiendo ese feedback necesario entre artista y afición. Nos recuerda de dónde viene, de dónde procede su cante y a los legendarios cantaores con los que cruzó espacio vital. Imprescindibles son sus tarantos recordando al Muela o la soleá de El Brujo. Acompañado de la guitarra de Manuel de La Luz y la percusión del nieto del legendario palmero El Eléctrico, contó con las palmas del veterano Bobote.
Y como broche de oro al festival, un espectáculo de una excelencia inigualable. Pisó las tablas del Gran Teatro Antonio Rey. Probablemente uno de los guitarristas que ocupen plaza preminente en la sonanta actual. Su guitarra en sí mismo es una sinfónica. Es flamenco, lo demostró durante la más de hora y media de espectáculo, pero además es un músico de enorme categoría. Antonio está dotado para elevar el flamenco, como cultura, como arte, a la máxima categoría de músicas del mundo. En él conviven el intimismo y la fuerza. Puede tener en sus manos un mar en calma y un mar embravecido, pero siempre lo manejará a su antojo, porque está tocado por el don. Acompañado por Ane Carrasco, Juan Parrilla, Mara Rey, Toni Rey y Jesús Méndez, Antonio nos fue atrapando y arañando el alma de comienzo a fin. No hubo tregua, solo flamenco hecho música y música convertida en flamenco con mayúsculas.
Este ha sido el balance de un festival, el de Huelva, que poco a poco se va asentando, si bien debe trabajarse con mayor cariño por parte de sus promotores, a fin de conseguir una comunión total con la ciudad y fuera de ella, además, entre los aficionados al flamenco y los que potencialmente puedan acercarse a él a través de este tipo de eventos. Nadie puede negar que la calidad de los espectáculos ofrecidos haya sido notable, si bien sobrecargar maratonianamente las jornadas no es lo óptimo. Desde esta tribuna, deseamos lo mejor en la próspera continuidad de un festival que vino para quedarse y debe ser una cita anual y prevalente de la misma. ♦









































































