Una lenta versión de La Tarara rompe el silencio en el escenario. La música proviene de una pequeña orquesta apostada a la derecha del proscenio, como no queriendo molestar ni robarle espacio a la coreografía. Un violín lleva la nota cantante, seguido por dos guitarras, una cantaora, un cantaor, palmas y percusión. Se ha instalado en el Flamenco una puesta en escena basada en luz macilenta sobre negro, lo que puede darle mucho ambiente, pero también persiste una escasa posibilidad de ver con claridad lo que acontece, y Tararamía se va a desenvolver con la misma escasa luz. Quizás el mensaje flamenco se encuentre escondido en la oscuridad, o al menos eso nos pretenden hacer creer.
El decorado lo compone un simple baúl, donde se guardan los viejos recuerdos que no queremos dejar caer en el olvido y el mantón bordado de la bailaora. Del baúl van saliendo los diferentes atuendos para cada baile. Ese único elemento será la solución para los cambios de vestuario de la bailaora, lo que favorece que no tenga que entrar y salir continuadamente del escenario durante la obra.
Con una generosa apuesta por el Flamenco, María José Franco ha pretendido dar vida en esta obra al personaje popular de La Tarara, que nace de una canción de la Edad Media rescatada por Federico García Lorca y grabada por Camarón de la Isla. Tararamía es una historia cantada y bailada del transcurrir de la vida de una mujer, un canto a la feminidad y a la lucha por ser una misma, la reivindicación de la propia personalidad y la libertad para poder ejercerla, y así se deja sentir en la letras especialmente escogidas para esta obra.
«Tararamía es una historia cantada y bailada del transcurrir de la vida de una mujer, un canto a la feminidad y a la lucha por ser una misma, la reivindicación de la propia personalidad y la libertad para poder ejercerla. Y así se deja sentir en la letras especialmente escogidas para esta obra»
Poco a poco, la música de la tarara, que empezó con especial lentitud, como el tiempo parece no correr en la percepción de las jóvenes, deja paso al resto de cantes que se van sucediendo casi sin tiempo entre uno y otro, como la vida misma que tampoco da tregua. Suenan los abandolaos, y la caña, las alegrías, los tangos de Graná, la malagueña, el cante por soleá, el taranto, la seguiriya, y de nuevo la tarara.
Tararamía es el estreno para el Festival de Jerez 2025 que la Compañía de María José Franco ha representado en el Teatro Villamarta, el 28 de febrero, precisamente el Día de Andalucía. Una obra flamenca donde la bailaora no ha necesitado acudir a otras disciplinas artísticas, aunque bien podría haberlo hecho porque tiene amplia formación en danza. Desde la juventud hasta la vejez, la figura de La Tarara cobra vida en el cuerpo de una mujer y en sus movimientos de baile.
La voz de Luis Moneo al cante y su presencia en la obra ha imprimido una fuerte dosis de aroma a los aires jerezanos.
Ficha artística
Tararamía, de Compañía María José Franco
XXIX Festival de Jerez
Teatro Villamarta
28 de febrero de 2025
Dirección, coreografía y baile: María José Franco
Artista invitado al cante: Luis Moneo
Artista invitada al baile: África Moreno
Música: Javier Ibáñez, Juan Manuel Moneo y Bernardo Parrilla
Cante: Cristina Tovar
Guitarra: Juan Manuel Moneo, Javier Ibáñez
Violín: Bernardo Parrilla
Percusión: Carlos Merino
Palmas: Javi Peña
Baile: Ana Moneo (Tarara niña)





























































































