Días más tarde del 18 de junio de 1912, se empezaría a cantar en Utrera aquella letra de ‘Cuando murió la Serneta / la puertecita quedó cerrá‘ en alusión a sus cantes por soleá. La sentencia ha quedado en la memoria colectiva hasta día de hoy. Algo tendría la fuente para ser bendecida de este modo.
Sin embargo, la fecha tiene otro alcance porque, desde algunos años antes, se comenzaron a registrar las voces de los flamencos en cilindro de cera y a nadie le dio por grabar a nuestra cantaora. O tal vez, ella nunca quiso. Mas, la llegada del disco de pizarra, primero en formato monofacial y luego en doble caras, pudo alcanzar perfectamente a Merced. Hay que recordar que algunos de sus máximos seguidores grabaron en buen número en los años 1909 para el sello Odeón (como Chacón y Manuel Torre) y en 1910 para Zonphone (La Niña de los Peines). Pero la triste historia es que no tenemos ningún registro de la Serneta, un hecho que quedará marcado como un lapsus calami de proporciones bíblicas en la historia del género jondo, como tantos otros casos.
En busca de indicios razonables
De ahí que nuestro curso de verano en Espacio expoflamenco giró alrededor de una búsqueda sobre el perfil artístico y humano de la protagonista. Una intérprete que tuvo muy mala suerte con los historiadores, al decir del recordado José Manuel Martín Barbadillo. Así que no había más remedio que tirar de acreditados trabajos de investigación, como los de Luis y Ramón Soler o Manolo Bohórquez, aquellas tertulias de los Caminos del Cante con Alfredo Benítez y las referencias sonoras de quienes se señalaron como confesos devotos de la cantaora de la Albarizuela de Jerez. Ellos por fortuna pudieron coincidir con ella y fueron muy respetuosos con su legado; así se colige de las muestras de Pastora Pavón y su hermano Tomás, Don Antonio Chacón, Manuel Torre, Juanito Mojama y Centeno, entre otros. Pero nunca tendremos la voz de aquella.
En la jornada del día de Santiago Apóstol, 25 de julio, nos reunimos en Espacio expoflamenco para llevar a cabo un curso con el fin de acercarnos al impresionante legado que la tradición adeduda a la cantaora Merced Fernández Vargas ‘La Serneta’ (Jerez, 1840 – Utrera, 1912) a través de distintas fuentes de investigación.
Una inmensa riqueza expresiva
Por tanto, en la búsqueda del quejío de la Serneta fuimos con las cautelas necesarias. Una encomienda en buena parte intuitiva que se saldó con el asombro de las letras que se le atribuyen como aquella de Fui piera y perdí mi centro, Tengo el gusto tan colmao o Males que acarrea el tiempo... Y también por sus presuntos aportes musicales llenos de solemnidad y belleza (de una cantaora que además sabía de guitarra) como esos ayes alargados para aderezar algunos tercios…
La verdad que ha sido una aventura inolvidable la que hemos vivido en nuestro curso de verano, analizando una por una los ejemplos sonoros que nos pudieran llevar hasta ella. Una arqueología musical que, de camino, buscaba colocar su figura en lo más alto de la expresión flamenca de todos los tiempos.
Agradecimientos
No queda sino dar las gracias al corto pero excelente grupo de alumnas y alumnos que nos acompañaron así como al personal de expoflamenco, las compañeras Yuri y Nazanin, por las atenciones. Queda mucho camino por recorrer pero el pálido reflejo de aquella cantaora que unió por siempre Jerez y Utrera consiguió el brillo que sólo alcanzan las más grandes. Y a estudiar que se ha dicho.








































