Recuerdo cómo en casa de mis abuelos maternos se escuchaba a Manolo Caracol o Juanito Valderrama. Y desde entonces me empezó a llamar la atención la guitarra. Descubrí el nombre en un casete de Luis Calderito. Esto supuso un pellizco para mí, al convertirse en uno de mis referentes en la guitarra de acompañamiento. Poder entrevistarme con él es una de mis ilusiones, al igual que conocer una de sus introducciones por farruca de las que te arañan el alma. Calderito es una persona cercana, humilde, afable, y además un flamenco de pro. Y en su guitarra se citan la verdadera tradición rica en personalidad, matices y flamencura a raudales.
El guitarrista Luis Ruiz García, Luis Calderito, nace en abril de 1967 en la cordobesa localidad de La Guijarrosa. Sus padres, Pedro Ruiz y Rafaela García, forman la familia junto a sus hermanos Pedro, Juan y Alfonsa. Desde niño siente gran afición por la guitarra flamenca. En su casa su padre tocaba la bandurria y el laúd. Es por esa vía en la que nuestro guitarrista comienza a interesarse por la música. Empieza por acompañar a su hermano Pedro a comprar una guitarra. A la vez, acude con él a sus primeras clases en Montilla, con unos ocho años de edad. Con un maestro barbero que, afirma Luis, “entre pelado y afeitado enseñaba a personas a poner diferentes acordes y algunos punteados. Una vez estaba explicando el acorde de re mayor a mi hermano y no se enteraba. Yo fui y le puse con mi mano cómo era, y desde entonces empecé a asistir a las clases”.
Su desarrollo como guitarrista hace que el hermano le busque un profesor más avanzado en el toque. Empieza con el guitarrista cordobés Merengue de Córdoba. Coincide con Vicente Amigo, José Antonio Rodríguez y Paco Serrano. Calderito apunta en este momento: “Gracias a Merengue, la guitarra en Córdoba tiene una importante evolución. Y ni Merengue ni su mujer, en el baile, Concha Calero tienen el reconocimiento que se merecen”.
La guitarra de Luis destaca por su velocidad y su gran ejecución técnica. Por sus buenas maneras acompañando al baile y, sobre todo al cante, del que es un gran aficionado y un gran conocedor. De hecho, a lo largo de su carrera acompaña a figuras como Niña de la Puebla, Luis de Córdoba, José Mercé, Naranjito de Triana, Carmen Linares, Curro de Utrera, Tina Pavón, Mariana Cornejo, El Polaco, Juanito Valderrama, Julián Estrada, Araceli Campillos, etcétera, etcétera.
Un punto de inflexión en su carrera es cuando conoce a Curro de Utrera. Este cantaor se afinca en la Guijarrosa, donde Luis ya desde los doce años acompaña a diferentes aficionados del mundo del flamenco. Allí hablan sobre el joven guitarrista. Curro lo hace debutar con una figura en una Misa Flamenca en la Peña Flamenca de Montellano Antonio Porras.
Gracias a Curro de Utrera acompaña a La Niña de la Puebla con quince años. Luis, un poco asustado, comenta que la Niña de la Puebla era una persona muy agradable y cercana. Que le dijo: “Niño, tú no te preocupes que esto va a salir muy bien”. Claro que sí, ya que Luis Calderito llevaba semanas aprendiendo los cantes de la Niña de la Puebla con varias cintas de casete.
«El toque actual ha evolucionado muchísimo técnicamente, está mejor que nunca. Pero por otro lado se ha perdido algo de flamencura en la guitarra de acompañamiento» (Luis Calderito)

Desde ese momento comienza su andadura por peñas y festivales de toda la geografía flamenca. En festivales como el de Montellano junto a Quique Paredes, Chano Lobato y Paco Taranto. Ahí toca solo, ya que era un desconocido para los demás. O en el Festival de Fernán Núñez con diecisiete años junto a Beni de Cádiz, El Chozas, José Galán, Justo Roldán y Manolo Brenes. En este último festival cuenta que “le dijeron a José Galán que si le podía tocar el niño. Y José accedió. Luego en la segunda parte le preguntó el Chozas a José que si le dejaba al niño. Y José respondió que cuando era un melón nadie lo quería, pues ahora me toca a mí”.
Curro de Utrera también intercede para que conociera a Valderrama. El célebre cantaor buscaba un sustituto, puesto que Niño de Pura tenía más compromisos, sobre todo con su hermano bailaor José Joaquín. Entonces la Peña Manolo Caracol de Montalbán organiza un cartel con Valderrama y Niño de Pura junto a Curro de Utrera y Luis Calderito. Aquí nuestro maestro me detalla lo siguiente: “Juan le dice a Curro que lo llamará para que, junto con el niño, fueran a comer a Espartinas. Así que en unos días fuimos. Y Dolores Abril nos puso un cocido con una pringá de categoría. Y hablando en el salón, Juan me da un papel con fechas para un mes. Desde entonces quince años que estuve con Valderrama entre galas, viajes, vivencias y anécdotas”.
A partir de ese momento su carrera transcurre entre los compromisos con Juanito Valderrama y otros artistas antes mencionados que recurren a sus servicios, además de ser guitarrista frecuente en numerosos festivales desde 1985. Me relata una anécdota con Naranjito de Triana. Con él coincide en el Festival de Lucena de Córdoba junto a Luis de Córdoba y Manuel Silveria. Me dice: “Naranjito no le conocía y estaba algo inseguro de que lo acompañara. Pero al final de la actuación dijo: ¡un aplauso para este muchacho que no conocía! Naranjito era una enciclopedia y muy respetuoso con todos los flamencos”.
Aparte, destacan sus grabaciones con Juanito Valderrama, Curro de Utrera, El Perro de Paterna o Julián Estrada. Colabora con la cantante de copla Marián Conde y el cantautor catalán Joan Manuel Serrat, en un homenaje a Valderrama. Aparece en diversos programas de televisión como guitarrista acompañante. Realiza giras por Buenos Aires con el cantaor cordobés Curro Díaz y la bailaora Nieves Camacho, por Holanda con Curro de Utrera, Carmen Linares y la bailaora cordobesa Concha Calero. En 1991, Luis Calderito colabora con el Ateneo de Córdoba en la grabación de Flamencos de Córdoba, un homenaje a Agustín Gómez. Destaca su reconocimiento en el Premio de Guitarra de Concierto en la Peña de Alhaurín de la Torre de Málaga. En 1992 y 2007 ejerce como guitarrista oficial del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba.
Entre sus guitarras, le tiene especial cariño a una Juan Montero de 1983 con clavijeros de palillos. Me expresa con cariño: “Esta guitarra la compró mi padre con mucho esfuerzo. Compró un becerro, lo crió y lo vendió por 70.000 pesetas. Le puso 10.000 pesetas más para comprar la guitarra”. Además, posee una Manuel Reyes de 1995, que es con la que toca actualmente, y una Hermanos Conde. Aparte, cuenta con una guitarra amplificada para acompañar a Valderrama Hijo.
Tras un paso de tres años afincado en Alemania, Luis de vuelta a Pozoblanco sigue con sus compromisos guitarrísticos. Su mujer, Paqui Redondo, presenta sus credenciales como cantaora en un disco titulado La luz de mi esperanza. Un álbum en el que la voz de Paqui sin alardes ni aspaviento hace del flamenco un camino lleno de pureza y conocimiento desde el buen hacer. Y es ahí donde la guitarra mece el cante cual cuna flamenca, entre un oleaje de matices y armonías que nacen desde el alma del propio Calderito. Es más, entre peñas y festivales se puede disfrutar de esta dupla perfectamente compenetrada flamencamente hablando. Un exhaustivo dialogo entre un cante bien definido y una guitarra perfectamente engarzada.
Su experiencia docente lo lleva durante años a compartir su música desde la Peña El Mirabrás, de Fernán Núñez. Y ahora desde su casa. Luis transmite su pasión por la guitarra de acompañamiento: sus guías guitarrísticos son Enrique de Melchor, Paco Cepero o Niño Ricardo. Y en el toque de concierto, Sabicas y Ramón Montoya. Desde la pureza flamenca opina: “El toque actual ha evolucionado muchísimo técnicamente, está mejor que nunca. Pero por otro lado se ha perdido algo de flamencura en la guitarra de acompañamiento”. El guitarrista Luis Calderito quedará como un maestro del acompañamiento al cante. Sus servicios lo solicitan músicos de todos los estilos. Sirva como ejemplo el fagotista Niño Ruben o el saxofonista Juan Diego Sáez.
En el mástil de su guitarra desfilan arpegios, trémolos, picados o rasgueos seguros, flamencos y acompasados. Es una guitarra segura como escudera del cante y técnica en solos y falsetas. Aunque no es consciente de que su guitarra pasará a la historia con maestría, en su toque se guardan las raíces de la verdad guitarrera. Melodioso, armonioso, bien estructurado, tan sosegado como rítmico, el toque de Luis Calderito es una certeza real donde la jondura se abre paso y su personalidad eleva la flamencura a su máxima expresión. Gracias, maestro. ♦















