Me van a perdonar ustedes que no me entretenga demasiado en presentarles a esta artista porque, sin riesgo a equivocarme, creo que no necesita mucha introducción. Mucho menos en Sevilla, donde siempre ha dejado un gran sabor de boca. Dan fe de esto los incondicionales que van engrosando este culto con el boca a boca y que nunca desertan a pesar de los caminos paralelos más o menos alejados que ella emprenda. En el fondo, todos estamos enamorados de su cante más que de lo que cante, como demuestra su producción discográfica. ¿Es Mayte Martín la que mejor canta del panorama flamenco? ¿Es eso suficiente para emocionarnos o son necesarias otro tipo de voces? El eterno debate sigue vivo, como ya debió de existir en los orígenes del género.
En sus más recientes visitas la hemos podido ver en recitales variados que van del flamenco más clásico a la interpretación de piezas emblemáticas del repertorio latino, aunque siempre con éxito y buenas críticas. Si añadimos al coctel la magnífica acogida que ha tenido su reciente nuevo disco –In Illo Tempore, publicado este mismo año–, que además ha sido nominado a los Latin Grammy 2026 en la categoría de Mejor Álbum de Música Flamenca, veníamos al teatro con las expectativas en todo lo alto. Casi como cuando torea Morante de la Puebla, aun sabiendo también el mismo riesgo que ello conlleva.
Y comenzó frío el recital con los cantes de levante, o al menos el que esto les cuenta tuvo ciertas dificultades para entender los pasajes más sutiles, considerando que a Mayte se le entiende tó siempre. No supe si eran problemas en el sonido –luego se quejó de «chisporroteos en la voz»–, que no encontrara los registros acostumbrados o simplemente fue un arranque lento en función de los estilos que fue ejecutando. A lo mejor tampoco le acompañaba un teatro que permanecía absolutamente en silencio, quiero suponer que en señal de respeto y escucha atenta que no rompiese esa fragilidad con la que Mayte y José interpretan su repertorio. Fue curioso y sorprendente, considerando además lo que llevamos visto en esta Bienal, pero hasta los abandolaos que culminaron la malagueña no se escucharon algunos tibios oles del público. Y aun así y hasta casi el cierre con sus éxitos más conocidos, creo que oí más oles a José que los que salían de las butacas casi siempre acompañando los aplausos entre cante y cante. Cierto es que todo pedía recogimiento y disponer los sentíos al máximo: teatro, cantes elegidos, interpretación, clima y hasta la iluminación. Por momentos el Lope parecía una oscura abadía medieval en plenos oficios, ya que hasta las luces le daban tono de vidriera a los artistas, que pareciera que estaban celebrando una ceremonia hermética y ancestral. Tal era el silencio que a mí anoche me molestaban hasta el sonido de las cámaras o del aire acondicionado, que me parecía un túnel de viento de una fábrica.
Como podíamos prever, casi todo el recital se fue sustentando en los cantes de Puro, la segunda parte más jonda del nuevo disco. Comenzando justo por los tres cantes de levante que lo inician: Eres hermosa, Tan fuerte su volaura y Mira lo que te comprao, maravillosamente engarzados, aunque con ciertas y pequeñas variaciones. Esto mismo siguió ocurriendo con el resto de los temas del disco elegidos –malagueña, soleá, seguiriya, tientos o bulerías–, intercalando algunos tercios nuevos respecto a los que aparecen grabados.
«Cierto es que todo pedía recogimiento y disponer los sentíos al máximo: teatro, cantes elegidos, interpretación, clima y hasta la iluminación. Por momentos el Lope parecía una oscura abadía medieval en plenos oficios, ya que hasta las luces le daban tono de vidriera a los artistas, que pareciera que estaban celebrando una ceremonia hermética y ancestral. Tal era el silencio que a mí anoche me molestaban hasta el sonido de las cámaras o del aire acondicionado»

Fue encontrándose mas a tono a medida que se metía en las letras y los cantes, y ya los empastes eran otros. En la transición desde la malagueña Porque andando me desmayo, con sus correspondientes abandolaos a soleá, ya aparecieron matices más claros y reconocibles, considerando además que esa X Soleá del disco contiene joyas y momentos que surgieron de repente con solo las primeras notas de guitarra.
Siempre impecable y prodigiosa la labor de José Gálvez, creando ese halo sutil de acompañamiento, como si fuera un orfebre prodigioso, con las notas justas y precisas que necesita la voz de Mayte. Si esta gitana supiera, Tienes el comportamiento, La casita de los probes, Esa casa huele a gloria, Por allí viene mi bata, En el principio del tiempo y antes que tu nacieras, Se hunda la catedral, Tiene los ojos y cierre con Que no las pueo aguantá se juntan unas con otras como las olas del mar. Aquí si aparecen ya las emociones entre tercios, aunque, les confieso, me faltó llorar con la que más me gusta del disco: La salú y la libertá / son prendas de gran valía / que nadie sabe lo que valen / hasta que no están perdías, que cantaba el trianero Manolito el Pintor. Háganme caso y óiganla en el disco, que en días como los que vivimos no está de mal grabar a fuego estos versos.
Suben las emociones con la seguiriya Yo sentí el crujío, que comienza con el preciso y precioso toque de Gálvez, ese aldabonazo en la puerta que pone en suertes el inicio de los ayeos que nos llevan delante de mí mare evocando a Pastora o Mairena y terminando en todo lo alto con en el crujío que da título al tema. Transición a los tientos ligeros del disco con final en unos tangos tan paraos que dudamos si no seguían siendo los tientos de los que venían, pero si te llevan al Gurugú de Pastora o a la Hungría de Bernado de los Lobitos estamos en lo que estamos, como quiera Mayte que sean.
Es tanto el silencio reinante que podemos oír a Mayte decir «Cantiñas al 6» a José. Y ahí nos vamos, a por manzanilla a Sanlúcar, a Cai por sal o hasta la Lebrija y Utrera con Pinini. Y en esta senda nos metemos a ritmo de las bulerías Macrozoma culminadas en los cuplés que evocan el fantasma cercano de María de las Mercedes o el archiconocido Compromiso que aparece en Entreverao, la primera parte del disco. Mayte lleva años interpretando este conocido bolero que inmortalizó Antonio Machín y que seguramente interpretaría el mismo sobre estas tablas en más de una ocasión.
Que el respetable esté en pie aplaudiendo con fuerza por minutos, a ritmo o no de bulerías, es ya tan habitual que ha dejado de ser un termómetro fiable. No dudo que Mayte lo merezca casi siempre, porque a ella siempre le podemos dar a priori un ocho sobre diez sin temor a equivocarnos. Otra cuestión es llegar al diez o al once cuando sales jerío de muerte del teatro. No ha sido en este caso para el que suscribe si, por ejemplo, lo comparo con la Bienal de 2022. Pero claro, como dijo Heráclito, ni el agua del río ni nosotros somos siempre los mismos, tampoco los artistas. Aun así, Mayte nos regala su famoso S.O.S. y es donde sin duda, más cómoda y relajada la vemos. Como ella misma intenta transmitir en el disco destacando una frase de Gustav Mahler, «la tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego». Y en esto estamos todos, en la búsqueda del fuego que nos conmueva, que con eso ya pagamos a gusto la entrada.
Ficha artística
Arqueología de lo puro, de Mayte Martín
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro Lope de Vega
30 de septiembre de 2026
Cante: Mayte Martín
Guitarra: José Gálvez






















Excelente crónica que casi permite paladear el ambiente del pasado miércoles. Muchas gracias Fede por compartirlo.