Compartir un mismo escenario donde sus miembros dialogan a fin de que el empaste conforme la misma unidad sonora, y que respondan alternativamente con la misma melodía musical aunque diferente modulación, es lo que se llama un cuadro flamenco, una formación donde distintos intérpretes interactúan para construir una actuación única.
El cuadro es, por tanto, un organismo vivo, irrepetible en muchos tablaos de tronío, y no se cuelga más que en la pared emocional del espectador, de ahí que la percepción suela ser, por lo general, agradable y eficaz, como la propuesta de Dani de Morón, especialmente inspirada, personal y concebida para la definición entusiasta.
Al principio fue la presentación por bulerías de muy buena factura como preludio, amén de dosis de intención y variedad en las falsetas, continuando con la soleá apolá y la variante trianera del Zurraque con el apoyo vocal de los cantaores, pero con momentos de verdadera inspiración melódica, especialmente en el corpus central.
El desarrollo totalmente pensado por Dani de Morón exigía voces con un centro denso y redondo, tal que la debla con el martinete a ritmo de seguiriya, ofreciéndose al baile de Claudia la Debla sobrepasada de zapateado, al que Dani de Morón le añadió ese sonido tan envolvente que demandan cantes de proyectada sonoridad.
Los tientos se sustentaron en la musicalidad y profesionalidad del compositor, resultando del agrado del respetable por su representación, poniendo de relieve su capacidad de emisión en la expresión melódica de la mariana, tan apreciable y totalmente lograda.
En las cantiñas cuajó la guitarra una muy estimable labor, pues se entregó en sacar los máximos registros de El Bola, importándole a Dani de Morón la calidad intrínseca del cante, obteniendo resultados muy meritorios y sin afán de protagonismo alguno, así como Los Mellis, siempre atentos a la demanda musical.
«Dani de Morón, emocionado por la victoria y con lágrimas derramadas, pidió al público que ayudaran a los demás, encaminando así los últimos tiempos musicales a los tangos con el lucimiento de Claudia la Debla, que aquí sí describió movimientos elegantes, detallistas, refinados e incluso jocosos, interpretados con rotundidad y solidez, así como a las acentuaciones guitarrísticas del cuplé por bulerías del cierre, donde todo fue pura sonoridad y fortaleza de registros, destacando la compañía por su contenido festero y oportunidad de escucha»

Eficaz y coherente al servicio del espectáculo percibimos al guitarrista, igualmente, en la notable musicalidad del romance portuense, con sabiduría escénica ante el cante de El Bola y El Colorao, exigiéndoles un centro denso y redondo, solidez en el grave y ese sonido circundante tan característico en lo rítmico de quienes custodian el oficio y la profesionalidad del cante atrás.
La coherencia con el desarrollo del programa quedó de manifiesto, empero, en el acompañamiento a la farruca de El Colorao, de la que resaltamos los acentos, la emisión desahogada y la brillantez en el agudo, siendo comedido y prudente en las notas de paso, cubriendo, a esta luz, una amalgama de compases que aportaron luminosidad al estilo.
Más liberado aparece Dani de Morón en la seguiriya, en la que introduce una falseta de Diego del Gastor e incluso otros fraseos, acaso por ser el preludio del fandango cané de Alosno y las ulteriores seguidillas antiguas –léanse sevillanas alosneras y lebrijanas–, de un alto nivel y cargadas de vivacidad en la voz de Amparo Lagares, con lo que pasábamos del pulso de las cuerdas a los empastados sonidos del folclor andaluz.
El concierto resultaba entretenido y enérgico, lo que siempre es de agradecer, a más de que la ejecución se encomendaba a artistas jóvenes pero que han madurado con una gran naturalidad y sin atajos, lejos de la obsesión de algunos flamencos por ejecutarlo todo, incluso lo que desconocen, y cuanto con más marrullería mejor.
Dani de Morón, emocionado por la victoria y con lágrimas derramadas, pidió al público que ayudaran a los demás, encaminando así los últimos tiempos musicales a los tangos con el lucimiento de Claudia la Debla, que aquí sí describió movimientos elegantes, detallistas, refinados e incluso jocosos, interpretados con rotundidad y solidez, así como a las acentuaciones guitarrísticas del cuplé por bulerías del cierre, donde todo fue pura sonoridad y fortaleza de registros, destacando la compañía por su contenido festero y oportunidad de escucha.
Dani de Morón había logrado en Sevilla un triunfo sin mácula, uniendo a su calidad de rango y su singularidad, un variado plantel para que el Cuadro generara expectación y provocara, a su vez, estados de contenida impresión, pues si dejó retratada en esencia la existencia vital de un cuadro flamenco, es porque había conectado directamente con el público, que reaccionó positivamente, aplaudió y tributó un éxito entusiasta.
Ficha artística
Cuadro, de Dani de Morón
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla – Noche única
Espacio Turina
27 de septiembre de 2026
Guitarra: Dani de Morón
Cante: Sergio el Colorao, Amparo Lagares e Ismael el Bola
Baile: Claudia La Debla
Palmas: Los Mellis

















