Si la Bienal de Flamenco de Sevilla se caracteriza en estos últimos tiempos por ofrecer una serie de noches efímeras que mueren el mismo día de su estreno o puesta en escena, el Patio de Banderas del Real Alcázar acogía en la noche del martes 15 de septiembre uno de esos espectáculos que, a buen seguro, tendrán largo recorrido en el tiempo.
Alonso Núñez ‘Rancapino Chico’ llegaba al principal evento flamenco que se celebra en el mundo –cada dos años– con una propuesta en la que el cante flamenco a 78 rpm (revoluciones por minuto) era el protagonista. Un espectáculo compuesto por los versículos del «antiguo testamento» de lo jondo en formato de pizarra, tal y como aseveraba Juan Valderrama (hijo) en la introducción del espectáculo, que transitaba por los más grandes del género.
Cantes de ayer, para el flamenco de hoy, donde la memoria colectiva puede reconocer casi de forma literal a Tomás Pavón, La Serneta, El Gloria o Manuel Torre por soleá en la voz de caramelo de Rancapino Chico y la guitarra mudéjar de Rafael Rodríguez, al Mellizo y Chacón por malagueñas con el toque de un Antonio Higuero en estado de gracia o unas seguiriyas donde Silverio, El Nitri y las cabales del Loco Mateo versión Sernita de Jerez juegan con los sonidos del cante del dolor presente.
«Estoy muy a gusto hoy aquí con ustedes», exclamaba Alonso Núñez, Rancapino Chico, ante un público que llenaba el Real Alcázar antes de meterle mano a Las Tres Gracias de su padre en unas alegrías en las que Aurelio Sellés fue el gran protagonista ‘de pizarra’, antes de meterse de lleno en los cantes a compás con los que iniciaba la recta final de su recital flamenco.
«Alonso Núñez ‘Rancapino Chico’ se reconciliaba con una ciudad y un festival flamenco que quiere y tiene en alta estima al cantaor chiclanero. (…) Un artista que profesa respeto, pero no tiene ningún tipo de cortapisas a la hora de enfrentarse a retos nuevos, siempre con el cante flamenco más clásico y ortodoxo como protagonista»

Al contrario de lo que suele ser habitual en sus recitales, metido en ritmo y con una velocidad considerable, recordaba a La Perla, La Repompa y La Niña de Peines por tangos. Cádiz, Málaga y Sevilla unidas a compás binario, entre juguetillos y estribillos que son la fonoteca fundamental de la historia del flamenco.
Como en el caso de las bulerías, que a medio camino entre la cuchuflilla y el palo flamenco más universal, es imposible no traer al recuerdo a Pericón de Cádiz, a cuyo comp ás se marcaba una pataíta Luis Peña en recuerdo de las fiestas de «esos grandes granujas» que dio la ciudad con más arte y gracia del universo.
Arropado por todos los suyos, es decir, el conjunto anterior más Naim Real, Edu Gómez y Diego Montoya al compás y el soniquete de palmas (con los jaleos extras de Juan ‘El Sopa’) recibía la más cálidas de las ovaciones de la noche Rancapino Chico, despejando cualquier atisbo que recordase la cita del pasado en el Teatro Lope de Vega, donde se nos paró el reloj a todos. Tan es así que por fandangos se permitía la licencia de recordar a Paco Toronjo por Huelva, antes de dar por concluida su intervención a golpe de sentencia del Niño de la Calzá o, de nuevo, La Niña de los Peines.
Alonso Núñez ‘Rancapino Chico’ se reconciliaba, de este modo, con una ciudad y un festival flamenco que quiere y tiene en alta estima al cantaor chiclanero y, ayer, zambra de Paco Cepero dedicada a su padre, Camarón y Caracol incluida, mostraban la evolución de un artista que profesa respeto, pero no tiene ningún tipo de cortapisas a la hora de enfrentarse a retos nuevos, siempre con el cante flamenco más clásico y ortodoxo como protagonista.
Texto: David Montes
Ficha artística
Pizarra, de Alonso Núñez ‘Rancapino Chico’
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Real Alcázar de Sevilla
15 de septiembre de 2026
Cante: Rancapino Chico
Guitarra: Antonio Higuero y Rafael Rodríguez
Palmas: Naim Real, Edu Gómez, Diego Montoya y Juan ‘El Sopa’
Baile: Luis Peña
















