De Alosno, y de 1977. Francisco José Arcángel Ramos, una de las voces indiscutibles del panorama actual, regresa a la Bienal de Sevilla con un nuevo espectáculo, La copla del cante, en el que evocará a grandes figuras como Marchena, Caracol, Pepe Pinto, Canalejas, El Sevillano, La Paquera o Adela la Chaqueta, mientras ultima su personal homenaje al rock andaluz.
Hace 25 años de la Bienal de Flamenco del 98, que fue su consagración. ¿Qué recuerda de aquello?
Pues lo recuerdo todo, por ser todo para mí tan nuevo y por acabar siendo tan gratificante. Recuerdo todos los días de ensayo, los espectáculos, los compañeros que tuve… En fin, fue algo no solo especial, sino que cambió de alguna forma mi vida. Tenía apenas 21 años y ya había hecho cosas, desde luego. Ya estaba trabajando con Cristina Hoyos, con Mario Maya… Y había hecho La Parrala con Carmen Linares. Pero el espaldarazo mediático y social que tuvo aquella Bienal fue realmente espléndido. Me colocó en el mapa del flamenco, de los aficionados, de las programaciones, y comenzó a abrirme un horizonte diferente ante mis ojos.
Sin el abrazo de Sevilla, ¿era imposible triunfar en el flamenco?
Yo no era consciente de lo importante que era, pero sin duda alguna lo fue. Yo creo que Sevilla, en aquellos momentos, y diría que también ahora, no era el único, pero sí uno de los epicentros de la escena flamenca. Y es un sitio donde, lógicamente, la repercusión de lo que allí sucede tiene un reflejo, no sé si inmediato, pero un reflejo potente, por supuesto que sí. El abrazo de esa ciudad, sin menospreciar el de ninguna otra, viene muy bien, cómo no.
En sus comienzos, en una época en que se hablaba mucho de fusión, usted rechazaba formar parte de ella. Luego empezó a hablar de búsquedas, de romper estructuras, ¿qué ocurrió en ese camino?
Bueno, yo nunca me he sentido contrario a la fusión, ni me siento parte de ella. Yo siempre he defendido la libertad expresiva por encima de todo, y también la tradición. Porque en lo que nunca me veo es en emprender un camino sin respeto a la tradición. Entiendo que cualquiera que emprende ese camino lleva implícito ese respeto, pero el conocimiento es importante. Y desde el conocimiento y la libertad, el movimiento que se produce siempre está justificado. Eso lo tengo clarísimo, porque ni yo ni nadie somos quiénes para poner vallas al campo. Pero sí me permito tener una valoración diferente de las cosas cuando se hacen desde un punto en el que yo no me siento cómodo. Por ejemplo, los intereses comerciales me parecen respetables, pero hacer algo por dinero o por moda nunca me ha interesado.
Usted estuvo muy cerca de Enrique Morente. ¿Qué importancia tiene su figura en ese giro, y en su carrera en general?
Enrique es determinante para mí, pero sin querer adoptarlo como maestro ni ser su discípulo. Simplemente en la relación personal que mantuve con él, por supuesto me marcó muchísimo, porque aprendí, sin pretenderlo, de cómo él entendía la vida y las cosas. Y luego su aparición es determinante en mi vida porque, simplemente escuchando su música, me abrió un horizonte que me era desconocido. Es un camino a seguir más intuitivo que otra cosa. Pero cuando acabas siendo consciente del favor tan grande que Enrique le ha hecho al flamenco y a mí, como aficionado, pues sí, reconozco que me atrapó su forma de ver las cosas.
¿Está la memoria de Enrique asumida y en buenas manos? ¿Podemos decir que ya se comprende su legado?
Bueno, supongo que siempre hay gente que sale por peteneras, nunca mejor dicho. Y, por otro lado, diría que no me corresponde a mí tampoco eso. Desde mi posición, siempre apoyaré su obra, porque para mí cumplía los dos requisitos que mencioné antes: hacer las cosas desde el conocimiento, porque Enrique era un conocedor de la tradición del flamenco impresionante, y que esté hecho con el suficiente talento para poner al flamenco a dialogar con otras músicas. Bueno, no al flamenco, porque los géneros no dialogan; dialogan los músicos que tienen la capacidad y la inquietud de hacerlo.
«Nunca me he sentido contrario a la fusión, ni me siento parte de ella. Yo siempre he defendido la libertad expresiva por encima de todo, y también la tradición. En lo que nunca me veo es en emprender un camino sin respeto a la tradición. Entiendo que cualquiera que emprende ese camino lleva implícito ese respeto, pero el conocimiento es importante»
Un estudioso, Miguel Ángel Fernández, habló de la Generación Arcángel. ¿Es consciente de ser el referente de toda una generación cantaora de Huelva que se desarrolló en el siglo XXI, la que iría de Jeromo Segura, Argentina y Rocío Márquez hasta Lucía Beltrán y Consuelo Haldón?
Por edad, por supuesto que sí, porque soy el mayor. Por lo demás, por supuesto que no. Yo no soy referente de nadie, ni nunca he pretendido serlo. Lo que pasa es que, cronológicamente, salí antes. Pero, vamos, salvando esa circunstancia, yo simplemente he intentado hacer mi camino.
Creo que se pasa de modesto… Al menos marcó un punto de inflexión en esa tierra.
Sí es cierto que en la época en la que yo salgo hay poca inercia flamenca. Huelva es una ciudad de siempre cantaora, pero de fandangos, nunca se detenía mucho en el flamenco. De hecho, repasas la historia de cantaores flamencos profesionales, y ha habido poquísimos. Es verdad que en aquella época sí estaba carente, de alguna manera, de un ambiente flamenco profesional, y sí, quizás fui el primero que me atreví, como digo, por edad. Pero, por lo demás, nada, nada. Yo le agradezco a Miguel Ángel su generosidad, pero Generación Arcángel no existe, por lo menos en mi planeta.
Usted formó parte de Unión Flamenca. ¿Sigue haciendo falta movilizarse en el sector artístico para defender a los intérpretes y creadores? ¿Ha mejorado algo?
Cuando arrancamos, en torno al 2020, era algo forzado por la situación, porque se vieron muchas carencias y hubo gente que lo pasó muy mal. De alguna manera estábamos obligados a reaccionar, pero igualmente ahora sigue haciendo falta, porque si bien hay un avance, yo siempre soy de los que creen que, si bien el género flamenco tiene un gran impacto y tiene una gran aceptación social y en todos los ámbitos, el profesional del flamenco no lo tiene tanto. Y en ese sentido hay que unir todas las fuerzas para que ese profesional, sin ningún pudor, se gane la vida como se la gana cualquier otra persona en otra profesión. La profesión flamenca goza de prestigio cuando la asociamos a una cara de éxito o conocida, pero cuando no se dan esas circunstancias, lo primero que se hace es fruncir el ceño. Hay mucho por hacer. Hay que dignificar no nuestra profesión, sino al profesional. Son dos cosas diferentes. Y hacer un poco de pedagogía también dentro del propio ámbito flamenco, para que la gente tenga claro que esto, aparte de una profesión magnífica, maravillosa, que habla de sentimientos y emociona a los demás, es un medio de vida.

¿Sigue vinculado a la Unión?
Sigo estando en la asociación; ahora mismo no en primera fila, pero sí pendiente de todo lo que ocurre porque mi ADN va un poco, pues eso, a luchar por eso. Exigir a las instituciones más protección, que se atienda más a la cultura flamenca, que es nuestra identidad. Por muchos años que pasen, estaré siempre intentando pedir más.
¿Están las instituciones implicadas con el flamenco? ¿O permanece esa sensación de que al político le encanta hacerse la foto con ustedes, pero luego, a la hora de escuchar reivindicaciones, no responden mucho?
Hay un poco de todo, ¿no? Yo siempre tengo esa sensación de que se puede hacer más, pero tampoco estamos en épocas pasadas, digo, muy pasadas, donde era todo más complicado. De alguna forma, vamos consiguiendo un poquito más de quórum entre nosotros, que también es importante, y vamos consiguiendo que las instituciones públicas se hagan eco de la grandeza que ahora mismo tiene el ecosistema flamenco.
La crítica flamenca siempre está ahí, pero en la Bienal parece captar más la atención. ¿Cómo la encaja?
Pues mira, yo entendí hace mucho tiempo que cuando considero que he cantado muy bien no había nadie en la puerta para sacarme a hombros, y cuando he considerado que he cantado muy mal no había nadie para increparme. Con lo cual, entiendo que la crítica, la opinión de los demás, es algo inherente a nuestro trabajo, va en el sueldo. Y hay que ser honesto y valiente con uno mismo para entender que, si lo has hecho mal, debes asumir las consecuencias e intentar mejorar cada día. Y, cuando lo has hecho bien, a pesar de que a lo mejor no haya sido del gusto de la mayoría o no haya conseguido el rédito que tú creías, irte a tu casa satisfecho. Yo creo que ese es el objetivo, y en eso tenemos que estar.
«No se trata de imitar a los maestros. Se trata de hacerle un guiño, un homenaje a su obra y ya está, pero tamizado por tu conocimiento y por tus condiciones. Sería absurdo que yo me pusiera a imitar como si fuera un camaleón cambiando de piel. Cuando se capta la esencia del cante, de la forma, del aspecto, de la fisonomía una persona, no hace falta imitarlo. Con que aquello huela a lo que tú recuerdas de él o de ella, ya estás haciendo un trabajo de acercamiento»
Muchos aficionados se pasan la vida denunciando que los artistas de hoy no honran la memoria de sus mayores. Pero yo no veo más que gente, incluso muy joven, haciendo cosas de Marchena, de Pastora, de Caracol… ¿Cómo se explica? ¿Vivimos en mundos distintos?
Que ellos viven en un mundo distinto es obvio, porque hay mucha gente acudiendo al repertorio de los maestros. Pero, por la razón que sea, muchos se muestran reticentes a aceptar esa realidad, quizá porque no se ven representados en ese tipo de flamenco o yo qué sé. Para mí no hay discusión: está clarísimo que los jóvenes le profesan ahora mismo un respeto a la tradición como casi nunca antes.
¿Y cómo hace uno para acercarse a esos maestros, en un repertorio como el que va a presentar en Sevilla, a esos maestros sin caer en el riesgo de la imitación, siendo su personalidad tan fuerte?
Obviamente no se trata de imitarlos. Se trata de hacerle un guiño, un homenaje a su obra y ya está, pero tamizado, lógicamente, por tu conocimiento y por tus condiciones. Sería absurdo que yo me pusiera a imitar como si fuera un camaleón cambiando de piel. Sí me parece muy importante que, cuando se capta la esencia del cante, de la forma, del aspecto, de la fisonomía una persona, no hace falta imitarlo. Simplemente, con que aquello huela a lo que tú recuerdas de él o de ella, ya estás haciendo un trabajo de acercamiento.
Está grabando disco nuevo. ¿Habrá algo de este espectáculo en él?
Sí, estoy grabando, pero el disco nuevo no tiene nada que ver. Estoy haciendo un disco que está inspirado en el rock andaluz.
¿Qué le interesa del género?
Siempre me ha interesado, me gusta muchísimo, porque siempre le he visto la flamencura a esta música y a esos músicos. Desde el mundo flamenco también hay que hacerle un guiño y un buen estudio a esta música y cantar esas canciones que son maravillosas.
Y a aquellos que no querrían que se saliera usted de los parámetros estrictamente flamencos habrá que decirles que se hagan a la idea, ¿no?
Yo es que siempre lo he tenido muy claro. He tenido una visión muy clara de lo que significa mi obra discográfica y mi carrera. Siempre he aprovechado la discografía para acometer proyectos diferentes a lo que normalmente hago en directo, como un soporte para las nuevas ideas y para las inquietudes. ♦















