La clausura de la Bienal de Sevilla ha venido a coincidir con la celebración de dos festivales en la provincia, tal que el de El Viso del Alcor, que como su nombre indica se celebra en la comarca de los Alcores, y el de Lantejuela, en la campiña Sur sevillana, eventos que promocionan la cultura desde el fomento de la diversidad.
El certamen de Lantejuela, que es el que mejor conozco desde que, allá por el principio de los ochenta del pasado siglo, acogía la Madrugá Flamenca del Algodón, planifica con esmero cada detalle de la decoración escénica merced a Juan y Cristian, y estructura la agenda artística desde su concepción flamenca, es decir, sabiendo la tipología que gusta al público al que se dirige, con el añadido no menor de que respeta con precisión suiza los criterios racionales que contempla la Ley de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas de Andalucía.
Los lantejolenses se dieron cita en la Caseta Municipal con puntualidad suiza y levantó el telón Raúl el Troya que llevó con pulso su propuesta, manteniendo el ritmo en forma progresiva, desde la soleá a la malagueña, mostrando su facilidad de proyección y una línea de cante matizadísima en el cuplé por bulerías, manteniendo una constante estructura en torno al núcleo de lo que proponía por fandangos, donde sorprendió a todo con la variante de El Gordito de Triana, evidenciando así el discurso más maduro y generoso de la noche.
De otra parte, Coral de los Reyes posee una singularidad jerezana y de proyección, es decir, en reclamo visual constante, exenta de histrionismos por tientos-tangos, y la soleá, viviéndose arriba por seguiriyas y unas bulerías de difícil superación, gracias sobre todo a un Antonio Higuero que aportó firmeza y rotundidad al discurso expresivo, con una mano derecha vibrante de necesidad al par de sugerir matices muy bien expresados.
«Aunque no lo parezca, hay vida más allá de la Bienal de Flamenco, y me refiero a los pueblos, donde se constata que para valorar lo que somos y reforzar a nivel colectivo lo que queremos ser, es fundamental conservar nuestra identidad cultural. Que tanto los locales como los foráneos la vivan con los momentos de alegrías y devoción que genera el flamenco, y que se sientan honrados de recibir tan importante herencia»
A quien observamos en fase de progresión es a Carmen Carmona, con credenciales para augurar un prometedor futuro, al menos por lo que le percibimos en la malagueña y los tangos, con unas variantes surgidas de fructíferas horas de estudio y, lo que es no menos importante, con el oficio con que desgranó las alegrías y los fandangos, propia de experta musical, con el añadido de las virtudes de la juventud más lacerante.
Por su parte, el ursaonés Manuel Cuevas, que destacó por incidir en la pujante musicalidad y a la búsqueda de la vocación comunicativa, pues se mostró firme y decidido en los tercios de la caña, con falta de madurez y rodaje como base que emplearía en la petenera o en el intento de imitar a El Pele por alegrías con el ulterior cierre de las variantes cordobesas, domeñando las notas graves y procurando entrar a tiempo en las bulerías de Vallejo, a más de apartarse de los códigos establecidos por la organización, pues añadió a su propuesta un cante más por fandangos, cantes donde sonó ampulosa y empastada la guitarra de Juan Manuel Cadenas, más conocido por El Chino.
Y ya que de guitarra platicamos, nobleza obliga citar, igualmente, a Juani Marín, Ángel Mata y Antonio Higuero, que también merecen el mayor elogio en nuestra valoración, logrando junto a El Chino ser unos músicos de una ejecución que, sin alardes suntuosos, ofrecieron seguridad y firmeza loables.
Y al cierre el baile de Salud Gordillo, alias La Chana, artista sevillana con ascendencia lantejolense que reclamó la atención en la bulería por soleá, mostrando parsimonia y una tónica general de búsqueda de agrado en su descripción, dando una imagen mucho más amplia de su estilo dialogando con el cante de Kiko Peña y la guitarra de Ángel Vera –¡vaya dos artistas!–, exhibiendo las fuentes de las que bebió y elevando el nivel de la redondez interpretativa en el cierre, dando lugar a un espectáculo algo más satisfactorio en su conjunto.
De este modo quedó culminado el Festival de Lantejuela, que en esta edición se saldó con éxito por parte del público y con aluvión de aplausos y cariño hacia los participantes. Porque, aunque no lo parezca, hay vida más allá de la Bienal de Flamenco, y me refiero a los pueblos, donde se constata que para valorar lo que somos y reforzar a nivel colectivo lo que queremos ser, es fundamental conservar nuestra identidad cultural. Que tanto los locales como los foráneos la vivan con los momentos de alegrías y devoción que genera el flamenco, y que se sientan honrados de recibir tan importante herencia.
Ficha artística
XXXI Festival Flamenco Lantejuela
Caseta Municipal de Lantejuela
3 de octubre de 2026
Cante: Manuel Cuevas, Raúl el Troya, Carmen Carmona y Coral de los Reyes
Guitarra: Juan Manuel Cadenas ‘El Chino’, Ángel Mata, Antonio Higuero y Juani Marín
Baile: Salud Gordillo ‘La Chana’, con Kiko Peña (cante) y Ángel Vera (guitarra)














