Si programar es ordenar la realización de un proyecto, con qué criterios se ha planificado esta Bienal 2026 si no hay contenidos para consultar, ni tan siquiera esquema secuencial que seguir. En suma, que seguimos sin programa de mano. No sé si por racanería o por falta de respeto al público. Lo cierto es que la guía de accesibilidad a lo que se propone, no garantiza el derecho a participar en la vida cultural flamenca de Sevilla.
Esa omisión del alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, destapa las costuras del evento que, en la noche de ayer, propuso no una insinuación a quien ni siquiera conoce a Francisco Ruiz alias El Xerezano, bailaor del siglo XIX y famoso por su zapateado de primera (sic), sino al nombre que, tras la conquista castellana, allá por el siglo XIII, Jerez pasó a llamarse Xerez, cuna de artífices de la medida exacta del ritmo, elemento vital para determinar las relaciones de valor entre los sonidos que hoy producen mayor furor.
Y ha sido la guitarra de Manuel Valencia, instrumentista jerezano quien ha presentado esta estereotipada mezcla de intentos con los ecos añejos de su tierra, a más de evidenciar que, con un sonido estridente de cuerdas que solapó a las voces, es un guitarrista seguro, versátil y en progresión, por más que alterne mezcolanzas de sus predecesores, siempre a la búsqueda de lo sugerente y lo alegórico, del sonido brillante y firme a la altura de la tierra de la que procede, lo que provoca un sentimentalismo epidérmico indudable.
Mismamente, el hijo de Diego el Cabero, de quien en febrero se cumplió un lustro de su adiós, ejerció de maestro de ceremonias para el cante secundado igualmente por Antonio Malena Hijo, aunque la carta de presentación de la terna cantaora fue desde la soleá por bulerías bajo el símbolo de un ceremonial escuetamente aceptable. Y ahí lo dejo.
Y a partir de entonces, nos sobrevinieron las propuestas individualizadas. Antonio de la Malena recurrió a Antonio Mairena para evidenciar por cantiñas su ascendencia lebrijana, en tanto que subió el nivel por tientos, propendiendo a jerezanizar su garganta para subir al trianero Monte Pirolo desde los tangos, en los que buscó la idoneidad estilística, dejando sus compromisos vocales en el intento de la exigencia de los matices, sin perder la transición melódica y lanzado a una gradación dinámica desde un sonido más epatante para sí mismo que para el exterior.
«Asistimos a un espectáculo manifiestamente mejorable a no dudarlo, pero también impropio, sin sucesión continua de estímulos, bastante convencional, con mucha falta de imaginación y –por ser generosos– con exiguos instantes a retener. Y todo por mor de un despliegue de recursos que, al cumplir las mismas expectativas que el inexistente programa de mano, no estuvo a la altura de las exigencias de la XXIV Bienal de Sevilla»

Dolores Agujetas, por su parte, buscó la firmeza expresiva paterna más que la solidez técnica, impulsando los ataques sobre la seguiriya corta de Jerez pero sin que su sonido lo percibiéramos penetrante y poderoso, casi violento, sin obviar la dureza que imprimió a los fandangos ceperianos, manteniendo la tónica esforzada en los arranques e intentando sorprender sin asombro positivo, por cuanto le costaba interiorizar la caída de los tercios, amén de que no pudo ofrecer ese fraseo variado y lleno de inflexiones y gitanería de su estirpe.
Aguerrido y temperamental, como acostumbra, percibimos a Luis el Zambo, que no pudo encarar los tercios de la granaína malagueña, a la que le faltó ligazón y dosis de afinación en el chaconiano molde de la granaína, presentando su mejor credencial en el creciente contraste y la lograda emotividad que aportó a la que antaño llamábamos bulerías de escuche, con una técnica tan personal como solvente y exhibiendo una más que agradable gradación rítmica con momentos restallantes.
El trío cantaor, a tenor de lo expuesto, no confirmó su incuestionable valía. Y para mantener la tónica, un amaño añadido de fiesta por bulerías con la pataíta de Juana de la Curra, Manuela la Majuma y Luisa de la Torrán, subiendo los ánimos –¡por fin!–, Tía Yoya, que, a sus 87 años cumplidos el pasado mes de junio, puso de manifiesto que el baile gitano sin academicismo es memoria porque es un universo de la cultura del pasado, ya que renace en cada instante del movimiento. Ahí radicó la fuerza de la naturaleza de la que siempre en el Jerez familiar las mujeres hicieron leyenda.
Asistimos, por consiguiente, a un espectáculo manifiestamente mejorable a no dudarlo, pero también impropio, sin sucesión continua de estímulos, bastante convencional, con mucha falta de imaginación y –por ser generosos– con exiguos instantes a retener. Y todo por mor de un despliegue de recursos que, al cumplir las mismas expectativas que el inexistente programa de mano, no estuvo a la altura de las exigencias de la XXIV Bienal de Sevilla. ♦
Ficha artística
Xerezanías – Noche Única de la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Real Alcázar de Sevilla
16 de septiembre de 2026.
Cante: Luis el Zambo, Dolores Agujetas y Antonio de la Malena
Guitarras: Manuel Valencia y Antonio Malena Hijo
Palmas: Javier Peña y Juan Diego Valencia
Colaboración especial: Las Tatas de Jerez
Dirección: Manuel Valencia
















