La migración ha estado siempre en la vida del hombre. Sería indeterminado el porcentaje de personas que dejaron de pertenecer a su lugar de origen para hacer una vida productiva en otras tierras. Claro que la crisis migratoria que principió el pasado 30 de julio tras la invasión de decenas de miles de marroquíes hasta la ciudad autónoma de Ceuta, con un centenar de muertos, es considerada por los analistas políticos como la peor de la historia reciente de España, lo que me retrotrae a los flamencos de esa admirada orilla africana del estrecho de Gibraltar.
El primer nombre que acude a la memoria es Francisco Vallecillo Pecino, el hombre al que quise como a un padre; el aficionado más culto que he conocido en el género, que me prefirió como agente consultivo, confidente y consejero cuando ostentaba el cargo de asesor de flamenco de la Junta de Andalucía, y el ilustre andaluz que eligió a Ceuta como ciudad de adopción y como tierra para su última morada, de ahí que en multitud de ocasiones recitara estos versos: Yo no soy de esta tierra / ni en ella nací. / La fortunita roando, roando / me trajo hasta aquí.
Vallecillo nació en Los Barrios (1914), pero eligió Ceuta para vivir, para crecer, para divulgar su pasión, el flamenco, y hasta para morir en 1990. Y fue en la ciudad ceutí donde tuvo empleado a sus órdenes a Manuel de los Santos Moreno, alias Fideíto, hermano de la suegra de El Flecha y tío de Antonio el Chaqueta, y al que se le atribuyeron las bulerías de Antonia Pozo, El pollito que piaba, a más de que Paco acogió en su casa al Chaqueta en multitud de ocasiones de fiesta hacia los años sesenta, como lo evidencian las grabaciones que obran en mi poder y que le sirvió incluso a Camarón de la Isla, al que le facilité una de ellas para su producción discográfica.
Vallecillo, en tanto gestionaba durante años la almadraba de Ceuta, sumaba a la fiesta a Antonio Jarrito, el hijo de Tío Jarrito; Antonio El Mosca, los hermanos Pipoño de Jerez, la guitarra de Paco Moreno, Rafael el Tuerto y Juan el Chiquetete, padre de Isabel Pantoja, sin olvidar a Gabriel Macandé, el guitarrista ceutí Antonio Arenas y los hermanos Borregos.
Y con estas vivencias, no sólo se convirtió en el flamenco más influyente y respetado del Campo de Gibraltar, sino que, con una docena de amigos, creó en febrero de 1971 la Tertulia Flamenca de Ceuta. Se ubicó en un local de la calle González de Vega por espacio de cuatro años. Y ese mismo año la imaginación avanza, pues el 17 de julio de 1971 nace el I Certamen Flamenco de Ceuta, con Antonio, Manuel y Curro Mairena, Isabel Romero y El Mimbre en el Teatro Cervantes.
A partir de ahí, la Tertulia retomó el nombre de la revista de la Cátedra de Flamencología de Jerez y lanzó Flamenco, que estuvo en circulación desde febrero de 1972 a diciembre de 1976, en que se publicó el número catorce, labor difusora donde Vallecillo ejerció de fundador, director, redactor, diseñador y publicista, obteniendo por ello el Premio Nacional de la Cátedra de Flamencología de Jerez (1975).
«Es, lamentablemente, la otra cara de Ceuta en estos días, la que si a lo largo del año invita a reflexionar sobre nuestro patrimonio cultural más preciado y a divulgarlo es porque es una ciudad autónoma involucrada con un género único en el mundo que no admite más desembarco que la emoción de lo jondo. ¿T`has enterao, Mohamed?»

Pero hay más, porque en 1972 nace el Gran Festival de Ceuta; el 23 de julio de 1973 creó el I Festival Flamenco de la Juventud, y ese mismo verano de 1973 organizó una excursión con los miembros de la Tertulia que se llamó Tras las huellas del flamenco, en la que durante varios días del mes de julio hicieron un recorrido por las principales localidades flamencas. Yo los recibí en Écija, y ahí nació nuestra amistad, hace ya 53 años.
En marzo de 1976 se inauguró el nuevo local de la Tertulia en la Plaza Teniente Ruiz, 3, que anteriormente había sido sede de la sociedad recreativa ‘Er Contró’. Allí estaría la Tertulia 39 años, hasta marzo de 2014, en que, por la subida del alquiler, se vio obligada a trasladarse a la calle Juan I de Portugal, 29, en el Pasaje Las Balsas, siendo su presidente José Escobedo Arcas, alias Niño de Amaya. Es la tercera sede de la Tertulia.
Ya por entonces, y gracias a las publicaciones de Vallecillo, supimos de cantaores locales como Antonio de Ceuta, Niño de Ceuta, El Cohete o Andrés Escudero; los guitarristas Antonio Picasso o Manuel el Encajero, y el baile de Parete o Carmen Rojas, además de Manuel Molina, el de Lole Montoya; el buen amigo en el recuerdo José Luis de la Paz, y el tocaor gaditano Antonio el Herrero, que cerró los ojos en Ceuta.
Sin perder el camino propuesto, Luis Sentís sucedió en el cargo a Vallecillo el año 1980, en tanto que éste continuó favoreciendo al flamenco creando la ITEAF (Institución para la Tercera Edad de los Artistas Flamencas). Tras Sentís accedieron a la presidencia Antonio Durán Valencia, que creó la I Semana Flamenca de Ceuta, José Escobedo y Jesús Gutiérrez, actual presidente.
Y así llegamos a septiembre de 2022, en que, bajo el mandato del citado Jesús Gutiérrez, se anuncia el I Ciclo de Otoño Francisco Vallecillo, sin duda la personalidad académica más relevante de la historia del flamenco en Ceuta, lo que, unido a los recitales de la Tertulia Flamenca, hoy sita en la calle Pedro de Meneses, y al 55 Festival Flamenco, celebrado los días 8 y 9 de julio del año en curso, se conforman la agenda cultural flamenca de la Ceuta contemporánea.
Es, lamentablemente, la otra cara de Ceuta en estos días, la que, si a lo largo del año, invita a reflexionar sobre nuestro patrimonio cultural más preciado y a divulgarlo, es porque es una ciudad autónoma involucrada con un género único en el mundo que no admite más desembarco que la emoción de lo jondo. ¿T`has enterao, Mohamed? ♦




















































































