La nueva propuesta de la coreógrafa y bailarina cordobesa Olga Pericet parte de Baile sonoro, montaje estrenado el 19 de agosto de 2024 en el Palacio de Jabalquinto, de Baeza, y aunque se anuncia como estreno absoluto e incluso se presenta como un diálogo a tres cuando lo es a cuatro, se caracteriza por un amplio abanico de repertorio y gran versatilidad, deslumbrando en intervenciones donde el lenguaje corporal es íntimo, muy trabajado, penetrante y pleno de una redondez que más que llenar, envolvió el proscenio.
La presentación fue la exposición escénica de los protagonistas previa a la farruca, donde la penetración de los movimientos no le plantean problemas a Pericet, por lo que muestra intensidad en la escena, con esos acentos y esa personalidad que le aportan carisma y comunicatividad.
A la bailaora cordobesa la vimos, en tal sentido, entregada, temperamental e intensísima, luciendo sus virtudes de gratísima flexibilidad y con una articulación genuina y nítida, lo que no significa que careciera de ardor o sobrada de recursos técnicos, de ahí la solución tan eficaz que aporta en el encadenamiento de sus pasos.
El cante de la vidalita no es el más apropiado para los registros de Mercedes Cortés, dado que por su carácter nostálgico y de tristeza apagada, demanda jugosidad en los medios tonos, un atractivo vibrato, fácil agudo y volumen francamente impactante –no aludo a los engañosos recursos de la mesa de sonido–, a fin de que pueda moldear la emisión y la coloratura y poder escucharse al menos la letra del cante.
Pericet reveló de manera inexorable cómo afrontar la soleá por bulería, pues descolló ante el discurso musical de la guitarra y con aportes meramente solventes frente al cante de Lavi, con lo que, salvo en las brusquedades de los cierres, se mostró enorme y caudalosa, abordándola de forma pletórica y atractiva en los desplazamientos, y muy competente a la hora de domeñar los conceptos temporales.
«Con los aplausos del público abandonamos el teatro con la convicción de haber estado ante una bailaora haciendo alarde de una envidiable lozanía y despliegue de recursos sin atisbo de titubeos, y expandiendo su más que sobrada capacidad, con vistas variadas de considerable extensión, con impactantes descripciones de más que satisfactorios resultados y de comprometida demostración de que desde la tradición y los cambios técnicos, te puedes adaptar a la madurez y alcanzar una evolución eficaz»

Las gradaciones dinámicas quedaban, pues, confiables y bien acomodadas, con tiempos escénicos sabrosos en el diálogo con la guitarra, que por cierto estuvo saturada de sonido toda la noche, pero con afinidad musical al propósito de la propuesta, en contraposición a la falta de jugosidad de los tangos afarrucados y la canción por tangos de Cortés, cantaora que sí se vino arriba en la conjunción por tonás para el baile.
Y es que el martinete con toná y seguiriyas de Olga Pericet se nos antojó muy logrado, con la justa teatralidad pero pulsando el manejo de los compases, que, con la cintura, los pies y las castañuelas, despiertan el magnetismo artístico, logrando un conjunto muy lucido, a lo Carmen Amaya, distinguiendo los gestos pausados de los recargados, y buscando matizar las inflexiones melódicas, con el añadido de mantener la naturalidad y la frescura de los movimientos.
Tras la recurrente guajira de José Manuel León con un sonido –insisto– para sordos y el agraciado mano a mano de Lavi y Cortés por bulerías, llegaría el baile de cierre, las alegrías de Pericet, con un lenguaje impoluto y de sorprendente flexibilidad en el manejo del mantón, ejecutado con nitidez y adecuación al cante, superando con nota su exigente cometido.
Pero anoten bien lo que escribo porque no se desprendió en ningún momento del mantón, donde encontramos rotundidad y circularidad escénica para un baile acometido sin prisa, pero sin pausa, describiendo la armonía rítmica, realzando de forma vibrante los acentos en las pronunciaciones y hasta aportando gestos almibarados y elegantes, sin la virilidad de esta época y sin caer en algo tan tedioso como la homogeneidad de los registros.
Con los aplausos del público abandonamos el teatro con la convicción de haber estado ante una bailaora haciendo alarde de una envidiable lozanía y despliegue de recursos sin atisbo de titubeos, y expandiendo su más que sobrada capacidad, con vistas variadas de considerable extensión, con impactantes descripciones de más que satisfactorios resultados y de comprometida demostración de que desde la tradición y los cambios técnicos, te puedes adaptar a la madurez y alcanzar una evolución eficaz.
Olga Pericet, Premio Nacional de Danza en 2018, ha estado, por tanto, a la altura de la expectación suscitada, celebrando con este montaje el 35 aniversario de su trayectoria y patentizando, al mismo tiempo, que conoce el baile en todas sus tendencias flamencas, puesto que ha mostrado la plasticidad dancística con un despliegue asombroso de técnica y virtuosismo, pero también su expresión más contenida, la que es muy sentida y que llega nítida al público riguroso a fin de recoger el caudaloso aplauso del reconocimiento verdad.
Ficha artística
Perspectivas sobre un baile sonoro, de Olga Pericet – Estreno absoluto
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro Central
21 de septiembre de 2026
Dirección, coreografía y baile: Olga Pericet
Composición musical, asesoría y guitarra: José Manuel León
Cante: Mercedes Cortés y Miguel Lavi























