Manuel Liñán no es solo un excelente bailaor, sino también un gran creador de espectáculos. Parece algo redundante, pero por desgracia las habilidades dancísticas no siempre van de la mano de una buena cabeza para desarrollarlas en escena. Basta ver trabajos como ¡Viva! o Muerta de amor, este último el gran acontecimiento de la pasada Bienal de Sevilla, para percatarse de ello. Para su regreso al certamen hispalense y al Teatro de la Maestranza, el granadino no traía un espectáculo propiamente dicho, sino un recital de bailes que, bajo la consabida etiqueta de “noche única”, prometía un buen muestrario de sus virtudes artísticas.
Hace tiempo que Liñán pasea por todo el mundo, y con gran éxito, una estética que pretende diluir, si no dinamitar, los límites entre el baile considerado de hombre y el de mujer, tanto en lo que se refiere a los códigos físicos como a la indumentaria y los complementos. Su mayor conquista en este sentido ha sido no tener siquiera que plantearse cuándo y cómo emplear unos y otros, sino dejarse llevar libremente por su apetencia de cada momento. Así, en Bailaor@ lo vimos transitar de la ambigüedad máxima en las alegrías iniciales (con peluca, mantón y bata de cola) al chaleco y pantalón del final.
Una metamorfosis a ojos vista que Liñán va experimentando con la fiel escolta de sus cuatro cantaores y su guitarrista. Tras cosechar su primer “ole” unánime con un virtuosismo con el mantón que cabría calificar de acrobático, viene un momento de remanso con la interpretación de la sevillana La flor del romero llora de Manuel Pareja Obregón a cargo de ese gran intérprete todoterreno que es el jerezano Miguel Heredia.
«Todo estaba listo para uno de los grandes momentos de la noche, la irrupción en escena de Miguel Poveda para evocar a Marchena por guajira, con Liñán ataviado con vestido rosa nude y abanico a juego. Fue una escena de preciosa complicidad entre dos astros de lo jondo»

Todo estaba listo para uno de los grandes momentos de la noche, la irrupción en escena de Miguel Poveda para evocar a Marchena por guajira, con Liñán ataviado con vestido rosa nude y abanico a juego. Fue una escena de preciosa complicidad entre dos astros de lo jondo, que iba a replicarse a continuación con los acompañantes dispuestos en semicírculo para dar la bienvenida al segundo invitado especial, el sevillano Rafael Campallo. Si Liñán reivindica una y otra vez el goce de bailar por bailar, el diálogo entre ambos bailaores fue lo mejor, un desparrame de arte y desenfado que se contagió por todo el patio de butacas.
A esas alturas del espectáculo, quedaban no obstante de manifiesto dos cuestiones problemáticas: de un lado, la dificultad de superar ese listón para que el interés del montaje no decreciera, y del otro una sonorización manifiestamente inadecuada, que, sumada a la desmesura de palmas y recias voces, abrumó con frecuencia al espectador y le escatimó el pleno disfrute.
Fueron atronadoras, por ejemplo, las bulerías al golpe, en las que me quedé con las ganas de ver una pataíta de Juan Tomás de la Molía (seguramente reservándose para su inminente estreno en la Bienal), y tampoco fue fácil distinguir los versos del gran Pepe Heredia Maya en el guiño que los estudiantes de la granadina escuela Efad hicieron al espectáculo Camelamos naquerar, estrenado ahora hace cincuenta años, y a las inmortales coreografías del maestro Mario Maya.
El último baile por alegrías de Liñán, en el que se desprende de una chaquetilla de lentejuelas, podría haber sido un dignísimo colofón de la noche, pero prefirió despedirse con Tomasito. No sé si el jerezano, que tiene todo el arte del mundo cantando, rapeando y bailando, era el broche más indicado, sobre todo por lo lejos que está del tono predominantemente intimista y pasional de las obras de Liñán. Pero su manifiesto recitado en favor de la tolerancia y la diversidad, seguido de su Sobreviviré, acabaron convenciendo al respetable y poniendo un desenlace jocoso a dos horas de baile, de emociones y de mucha, mucha energía.
Ficha artística
Bailaor@. Recital de bailes, de Manuel Liñán
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro de la Maestranza
23 de septiembre de 2026
Dirección, coreografía y baile: Manuel Liñán
Guitarra: Francisco Vinuesa
Cante: Juan de La María, José Manuel Fernández, Miguel Heredia y Manuel de la Nina y Sebastián del Puerto
Artistas invitados: Miguel Poveda, Tomasito, Rafael Campallo, Juan Campallo, Juan Tomás de la Molía



























