Cordobesa de 1975, Olga Pericet es una artista de plena madurez que regresa a la Bienal de Sevilla con el estreno de su última creación, Perspectiva sobre un baile sonoro. Con él celebra 35 años de carrera, de trabajo duro y búsquedas apasionantes que siguen motivándola.
Cumple 35 años de carrera con un estreno. ¿Cómo afronta este momento Olga Pericet?
Ahora mismo estoy en un momento de mi vida en el que he hecho como una parada, pero para verme con distancia a mí misma y la trayectoria que llevo. Como dices, este año vengo a la Bienal a celebrar mis 35 años con flamenco, con mi flamenco, y escogiendo varios momentos. Porque no han sido bailes, han sido momentos que he creado desde mi perspectiva, desde mi dirección, desde mi carrera y con gente que para mí ha sido especial en cada momento y década de mi vida.
Cómplices experimentados, ¿no?
Sí, que me conocen muy bien, y por eso quería que fueran partícipes de esto que voy a presentar. Viene José Manuel León a la guitarra, que es la persona que ha estado en mi última etapa, en la creación de mis últimas producciones. Vienen Miguel Lavi, que estuvo en las primeras, y Mercedes Cortés, que estuvo también como cantaora en mis primeras producciones, codirigiendo con Marcos Flores y con Daniel Doña, cuando teníamos la compañía de Chanta La Mui.
Usted ha atravesado por problemas físicos. ¿Cómo han influido en la Olga Pericet de hoy?
Pues mira, te hace pensar lo importante de tu profesión y lo afortunada que eres, porque lo miras con otros ojos, y ves que en otros campos puedes también dar mucho y comunicar mucho. También te pone en tierra, porque claro, todo cambia constantemente y el cuerpo es una máquina que no dura siempre. Entonces ahí viene la sabiduría: también aprendes a utilizarlo, a cuidarlo. Hay cosas que cuando eres más joven te encantan y después te aburren, pero así es la experiencia de la vida. Te vas haciendo mayor y tus prioridades, tus valores, tus sentimientos, tus emociones son otras.
Ha dicho expresamente que viene con una propuesta flamenca, mientras que en algunos espectáculos anteriores, en especial las dos primeras entregas de su trilogía, muchos echaron en falta más elementos flamencos. ¿Asumió ese riesgo?
Sí, yo lo asumía porque yo no soy solamente una bailaora flamenca. Yo creo a partir del flamenco, es lo que yo hago y como me siento, pero soy bailarina. Por eso, en esa segunda parte de mi trilogía, tendí más a un lenguaje más contemporáneo. De hecho, lo cocreé con Daniel Abreu y sabía lo que iba a presentar. También me abría espacios en otros circuitos y en otro público, pero la verdad es que yo tampoco pienso en eso. Fue lo que me salía en ese momento, como quien es bilingüe y dice: ‘pues tengo ganas ahora mismo de hacer un ensayo o de hacer un poema en inglés’, y mi cuerpo se fue hacia allí.
Aunque cunda el desconcierto…
Claro. De todas maneras, la trilogía sí que es verdad que hibridó mucho con ese lenguaje, me lo pedía el cuerpo y, de hecho, cambié de equipo, cambié de ruta, porque así soy yo. No me gusta que la gente que me siga diga: ‘Vamos a verla y siempre es lo que uno quiere o lo que esperan’. A mí lo que me gusta del público que me sigue es que no sabe lo que va a ver. Eso realmente es lo que me define.
«Yo no soy solamente una bailaora flamenca. Yo creo a partir del flamenco, es lo que yo hago y como me siento, pero soy bailarina. Por eso, en esa segunda parte de mi trilogía, tendí más a un lenguaje más contemporáneo. (…) A mí lo que me gusta del público que me sigue es que no sabe lo que va a ver. Eso realmente es lo que me define»
¿Por qué no concluyó la trilogía, al menos de momento?
En vez de hacer la tercera parte y cerrar la trilogía, me he parado. Primero, por necesidad. Segundo, porque emocionalmente ni lo notaba y quería también respirar. Hice muchos años de producción también y últimamente hay menos ayuda, de modo que necesitaba decir dónde estoy, qué es lo que quiero contar o ya no puedo contar, cómo se comunica mi cuerpo. Y pensé: quiero entrar otra vez en un cuerpo más flamenco. Voy a retomar y voy a recordar y voy a ver de dónde vengo, porque lo necesito y lo que quiero en ese momento. Y me salió el hecho de decir: voy a presentar mi flamenco, voy a celebrar todo lo que es. Porque te paras, empiezas a recordar y dices: ¡wow, son muchas cosas! Una cosa que me parece que no es nada pretenciosa es simplemente respirarme, compartir, celebrar. De hecho, no lo he anunciado, pero sí que quiero que mis compañeros o gente que yo quiero aquí, de Sevilla, comparta conmigo un trocito de mi tiempo para que lo disfrutemos nosotros y el público.
Hablando de esto, ¿usted cree que a los bailaores flamencos se les permiten menos libertades, que siempre se les quiere apretar el corsé o marcar el camino, más que a los cantaores o los guitarristas?
A mí es que me da igual, ¿sabes? Realmente, porque yo todo lo que tengo me lo he trabajado mucho. He dependido de las opiniones de los demás para estar en un cierto sitio. Como no me siento de ningún lado, pero mi sentimiento sí es flamenco… Siempre he hecho lo que me ha dado la gana. Y ahora me doy las gracias a mí misma por serme fiel, porque a lo mejor no me he facilitado un camino directo, pero el que he hecho ha servido para abrir puertas a las nuevas generaciones.
Hace poco hablaba con Manuel Liñán y recordaba el grupo de jóvenes que formaba con Marco Flores y con usted en aquel Madrid de los 90, y las ansias que tenían de experimentar. ¿Cuántas de esas expectativas creen haber cumplido, y qué cosas no han hecho todavía?
No puedes saberlo, siempre es una pregunta en el aire. Y ese interrogante es el que siempre mueve a hacer algo y a decir: ‘Creo que van a pasar más cosas’. Nosotros no teníamos expectativas, todo salía solo. Pero es verdad que somos hermanos de vida y hermanos de carrera artística, junto con Daniel Doña, que viene de otra disciplina. Después Manuel se fue para otro lado, porque nunca había ningún compromiso ni había matrimonio, al contrario. Y por eso yo creo que nuestra amistad tan grande y admiración y crecimiento artístico juntos. Me acuerdo que cuando formé compañía Chanta La Mui con Daniel Doña y Marcos Flores, no nos programaban porque íbamos con música grabada, que eso no era flamenco ni era nada. Lo hacíamos porque nos daba la gana.

Ahora todo el mundo lo hace.
Sí, pero entonces nos encontrábamos en salas alternativas o en circuitos muy… Me acuerdo que íbamos con Israel Galván, pero llevábamos otra línea, investigando cosas diferentes.
Ustedes tuvieron que empezar sin la menor idea empresarial, y sin ayudas. ¿Ha mejorado algo el apoyo a los creadores, las facilidades para lanzarte a la piscina de crear?
No, no ha ido para atrás. Y además, y esto sí lo reivindico, me parece denunciable que hace veinte o treinta años la gente cobrase más que ahora. Me parece que hay que hacer una reflexión fuerte de esto. Pero sí que es verdad que estamos en un país en el que la cultura se apoya bastante poco. De ahí viene también nuestra precariedad. De hecho, el flamenco se mantiene más porque tenemos demanda de fuera que por el apoyo de dentro.
Su espectáculo alude al “baile sonoro”. Justo ahora estoy leyendo el ensayo de Corinne Frayssinet Savy precisamente titulado El cuerpo sonoro, sobre Galván, Rocío Molina y Andrés Marín. ¿Va en esa línea?
No lo he leído, pero yo cuando digo baile sonoro no es mi cuerpo que percute. Para mí el flamenco tiene varios cuerpos, y todos son sonoros a su manera: el cuerpo flamenco del cante es uno, el cuerpo de la guitarra ya es otro, el cuerpo del baile es otro. A todos los llamo cuerpos, cuerpos sonoros. El baile sonoro son las cuatro personas que vamos a estar ahí, desde su cuerpo.
«Yo conecto más con el flamenco clásico. No es que lo reivindique, pero ahora mismo es lo que quería hacer. No es nada pretencioso, pero lo tiene todo. Es como una margarita, no le falta nada: una flor sencilla, pero tiene color, olor, tiene todo lo que tiene que tener. Sin embargo, me parece muy difícil llegar a esa sencillez»
En sus últimos espectáculos trabajó mucho sobre la guitarra. ¿Es su debilidad, o reparte sus amores entre todos esos cuerpos?
Yo reparto mis amores. Si no, me aburro mucho. Soy curiosa, no me puedo quedar con uno. Es verdad que últimamente estaba muy en la guitarra, porque me ha llamado mucho la atención lo importante que fue la guitarra española cuando Torres la inventó. Me enamoré de la fuerza que le dio y de todo lo que la guitarra nos ha dado y nos sigue dando, porque ha evolucionado mucho. Pero si te digo la verdad, mi debilidad es el cante. Muero con él.
¿Qué le pide a un cantador o una cantadora?
¿Sabes? No me gusta limitarlos. Me parece que se está perdiendo algo muy importante, que es lo más esencial del flamenco: la libertad.
En su propuesta reivindica también el “recital flamenco”. ¿Qué sentido le da?
Cuando digo recital, realmente creo que la palabra se queda pequeña. Yo conecto más con el flamenco clásico. No es que lo reivindique, pero ahora mismo es lo que quería hacer. No es nada pretencioso, pero lo tiene todo. Es como una margarita, no le falta nada: una flor sencilla, pero tiene color, olor, tiene todo lo que tiene que tener. Sin embargo, me parece muy difícil llegar a esa sencillez. Quería saber cómo ahora, después de haber hibridado en muchos cuerpos, estar en muchas disciplinas, haber trabajado con gente de teatro, de circo, cine, fotografía, ver cómo digo: y si ahora me meto en esta cosita que es lo clásico, de mi manera, a mi flamenco, por supuesto, ¿qué pasaría? ¿Qué hueco habito? ¿Qué es lo que habitaría? ¿Qué es lo que veo ahora diferente?
Y después, ¿vamos a por los próximos 35 años?
Bueno, no sé. Te voy a decir una cosa: yo no soy de las que se quieren morir bailando. Yo quiero despedirme bailando como quiero verme bailar y disfrutar. En cuanto yo me vea que no, hay también que hacer huecos y ayudar a la gente, que es tan bonita. Y me queda mucho, evidentemente, soy joven, pero también yo te digo que no… Como te he dicho antes cuando me has preguntado por mis lesiones, creo que también se puede trabajar en otros puntos y de otras maneras, donde puede estar disfrutando del flamenco desde otra perspectiva, de otro punto muy bonito.
Nada de morir en escena, ¿no?
Bueno, yo muero con esto. Cuando dice «yo muero», pues es verdad, por supuesto. Y además ahora digo: madre mía, cómo me gusta esto. Que a veces te quitan las ganas lo que no es el arte, lo que rodea a esta profesión. Pero oye, no es fácil estar tantos años en esto y me siento agradecida a la vida. ♦














