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La Bienal de Sevilla 2026, bajo la mirada de los críticos de ExpoFlamenco

Alejandro Luque, Carmen Arjona, Fede Calderón, David Ladrón de Guevara y Jesús Naranjo hacen balance de la XXIV edición. Los mejores espectáculos, las decepciones, los problemas organizativos y los retos de futuro centran un análisis coral que combina elogios artísticos y críticas a su modelo.

Quico Pérez-Ventana por Quico Pérez-Ventana
10 octubre 2026
Tiempo de lectura: 12 mins
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'Perlas a millares (30º aniversario de la Antología de la Mujer en el Cante)', de Carmen Linares. XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla. Teatro de la Maestranza. 3 oct 2026. Foto: Archivo fotográfico Bienal @Laura León

'Perlas a millares (30º aniversario de la Antología de la Mujer en el Cante)', de Carmen Linares. XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla. Teatro de la Maestranza. 3 oct 2026. Foto: Archivo fotográfico Bienal @Laura León

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La XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla ha cerrado sus puertas y llega el momento de hacer balance. Durante varias semanas, la capital andaluza ha acogido una intensa programación que ha reunido a grandes figuras, artistas consagrados y nuevas generaciones del cante, el baile y el toque. Una edición con momentos memorables, propuestas discutidas y algunas asignaturas pendientes que vuelven a aparecer en el debate flamenco.

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ExpoFlamenco ha consultado a cinco de los críticos que han participado en su cobertura: Alejandro Luque, Carmen Arjona, Fede Calderón, David Ladrón de Guevara y Jesús Naranjo. Otros dos especialistas que han firmado crónicas para este portal, Manuel Martín Martín y David Montes, no han podido participar por motivos más que justificados. Pero las respuestas de los cinco críticos aludidos nos permiten ofrecer una panorámica diversa sobre lo que ha dado de sí esta Bienal, desde los hallazgos artísticos hasta los problemas de organización, pasando por la presencia del flamenco clásico, las nuevas tendencias y la necesaria renovación del público.

 

Los nombres propios de una Bienal

Elegir los mejores momentos de una programación tan extensa no resulta sencillo. Las preferencias de nuestros críticos reflejan sensibilidades distintas, aunque algunos nombres aparecen en más de una valoración.

Jesús Naranjo se queda con dos espectáculos de cante. El primero, el de Ezequiel Benítez, por la importancia de que un artista de su generación lleve a una cita de estas características una propuesta clásica con personalidad propia. «Para mí es importante que un cantaor de la generación de Ezequiel lleve a este tipo de macroeventos una propuesta clásica, donde además imprima un sello de calidad y singularidad propia», señala.

Su segunda elección es Carmen Linares, cuya actuación de clausura le produjo una satisfacción especial. Naranjo reconoce que en los últimos años había apreciado una merma en las facultades vocales de la cantaora. Por eso celebra que haya sorprendido con un espectáculo respaldado por una crítica favorable. Destaca también la participación de Marina Heredia, Rocío Luna, María Terremoto y la bailaora Rafaela Carrasco. Considera que algunas de las cantaoras participantes están llamadas a ocupar en el futuro el lugar de referencia que hoy representa Linares.

En esa misma valoración coincide David Ladrón de Guevara, quien incluye entre los grandes momentos de la edición la clausura de Carmen Linares en el Teatro de la Maestranza con Perlas a millares. El espectáculo celebraba los treinta años de su Antología de la mujer en el cante, presentada en ese mismo escenario. Para el crítico, «fue una oda a la mujer en el cante y, a la vez, un relevo».

Ladrón de Guevara sitúa entre sus tres momentos principales el pregón cantado Ecos primitivos. Cante en altura. Danza en tierra, ideado y dirigido por Segundo Falcón en la Plaza de San Francisco. Cinco voces interpretaron desde los balcones trillas, tonás, romances, martinete y saeta, mientras Ana Morales respondía con su baile desde la calle. «Fue devolver el flamenco a la plaza, a su origen de rito colectivo, y la Bienal no pudo empezar mejor», afirma.

Su segunda elección es Babel. Torre viva, de David Coria, presentado en el Lope de Vega. Lo considera «el espectáculo más redondo de la Bienal, por su sensibilidad y por su acabado». La tercera es la aparición de Isabel Bayón en Epílogo de un cante que se hizo baile, el homenaje que recibió en el Teatro Central. A su juicio, la presencia de la bailaora superó al propio espectáculo: «Irrumpió como esos espontáneos que saltan al ruedo desde el tendido y se hacen dueños de la plaza».

El reconocimiento a Isabel Bayón figura también entre los momentos elegidos por Alejandro Luque, que subraya su carga emocional. Sus otras dos preferencias apuntan hacia propuestas menos previsibles. Por un lado, Canito y Raúl Rodríguez, «por ser de lo más imprevisible de la programación». Por otro, la trilogía de Pablo Martín Caminero, «por su ambición y atrevimiento».

Fede Calderón se inclina por tres momentos musicales muy concretos. Recuerda a Pedro El Granaíno interpretando Encima de las corrientes, de Enrique Morente, en la Iglesia San Luis de los Franceses. También destaca a Alejandro Hurtado, tanto por la rondeña de Ramón Montoya como por las marionas y canarios junto a Enrike Solinís. Su tercera elección corresponde a las soleares de Mayte Martín en el Lope de Vega.

Por su parte, Carmen Arjona señala entre sus preferidos a Los Parrilla, el espectáculo de Juan Tomás de la Molía con Águeda Saavedra y las actuaciones de Aurora Vargas y Juana Amaya. Una selección que concede protagonismo a artistas y propuestas vinculados con distintas expresiones del flamenco tradicional.

 

Para David Ladrón de Guevara, el pregón inicial fue «devolver el flamenco a la plaza, a su origen de rito colectivo, y la Bienal no pudo empezar mejor». También destaca la irrupción de David Coria en el Lope, «el espectáculo más redondo de la Bienal, por su sensibilidad y por su acabado». Y el paso de Isabel Bayón por el Central: «Irrumpió como esos espontáneos que saltan al ruedo desde el tendido y se hacen dueños de la plaza»

 

Los críticos de ExpoFlamenco hacen balance de la Bienal de Sevilla. De izqda a dcha, David Ladrón de Guevara, Jesús Naranjo, Alejandro Luque, Fede Calderón y Carmen Arjona.
Los críticos de ExpoFlamenco hacen balance de la Bienal de Sevilla. De izqda a dcha, David Ladrón de Guevara, Jesús Naranjo, Alejandro Luque, Fede Calderón y Carmen Arjona.

 

Un nivel artístico notable, pero con síntomas de repetición

Más allá de las preferencias individuales, ¿qué balance artístico deja la Bienal?

David Ladrón de Guevara destaca que el nivel medio ha sido «bastante alto». A los espectáculos ya mencionados añade Gesto mínimo, de Alfonso Losa, Sobre todas las cosas, de Macarena López, La compañía, de Sara Jiménez, Menos es más, de Rosario La Tremendita, Cañizares sinfónico, del maestro Cañizares, y Devenir de la guitarra, de Alejandro Hurtado.

Sin embargo, también advierte de cierta previsibilidad. «Se puede bailar muy bien un paso que ya hemos visto muchas veces», resume. Considera que algunas propuestas no llegaron a cuajar del todo y que otras mostraron síntomas de agotamiento.

Alejandro Luque encuentra motivos para el optimismo en la convivencia generacional. Para él, lo mejor ha sido «comprobar que los veteranos están en buena forma y que los jóvenes aseguran la continuidad de este arte al máximo nivel».

No obstante, lamenta la reiteración de nombres de una edición a otra y cuestiona determinados encuentros artísticos que terminan siendo espectáculos independientes reunidos bajo un mismo cartel. También reclama una presencia femenina más equilibrada y una programación más atrevida, «mirando más hacia los márgenes, donde también hay vida inteligente».

Jesús Naranjo se muestra más escéptico ante el conjunto de la programación. «No creo que haya nada excesivamente reseñable sobre otras ediciones. Un poco más de lo mismo», sostiene. Echa en falta una apuesta clara por nuevos contenidos y formas, tanto en las propuestas clásicas como en aquellas que pretenden explorar otros lenguajes.

A su juicio, la abundancia de festivales y espectáculos flamencos durante todo el año también reduce la capacidad de sorpresa de una cita bienal.

Carmen Arjona coincide en la crítica a la repetición de artistas. «¿Cuándo veremos a los artistas que nunca pisaron la Bienal?», se pregunta. También cuestiona la dirección artística de determinados montajes. Advierte de que algunos proyectos presumen de contar con un director, pero después manifiestan una dirección «nula, insuficiente o ineficaz».

La crítica destaca, no obstante, un aspecto positivo de esta XXIV edición: una mayor presencia de apuestas y expresiones de flamenco clásico.

 

Para Alejandro Luque, lo mejor ha sido «comprobar que los veteranos están en buena forma y que los jóvenes aseguran la continuidad de este arte al máximo nivel». Lamenta la reiteración de nombres de una edición a otra y cuestiona determinados encuentros artísticos que terminan siendo espectáculos independientes. También reclama una presencia femenina más equilibrada y una programación más atrevida, «mirando más hacia los márgenes, donde también hay vida inteligente»

 

San Luis, el Lope de Vega y los espacios escénicos

Los escenarios también ocupan un lugar importante en las valoraciones.

Fede Calderón considera especialmente acertada la programación desarrollada en la Iglesia de San Luis de los Franceses. Para él, lo mejor de esta edición ha sido que los espectáculos celebrados allí estuvieran tan acordes con las características del espacio.

Jesús Naranjo celebra la recuperación del Teatro Lope de Vega como uno de los escenarios esenciales de la Bienal. Lo considera una grata noticia, aunque cree que el festival debería seguir incorporando nuevos espacios escénicos de calidad.

David Ladrón de Guevara encuentra precisamente en la relación entre el flamenco y la ciudad uno de los grandes aciertos del arranque del festival. El pregón de Segundo Falcón en la Plaza de San Francisco le permitió recuperar la dimensión colectiva de un arte que no siempre necesita permanecer encerrado entre las paredes de un teatro.

Esa presencia urbana, sin embargo, constituye una de las principales carencias señaladas por otros críticos.

 

'Devenir de la guitarra', de Alejandro Hurtado y Enrike Solinís. XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla. Iglesia de San Luis de los Franceses. 20 sep 2026. Foto: Archivo fotográfico Bienal @Laura León
‘Devenir de la guitarra’, de Alejandro Hurtado y Enrike Solinís. XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla. Iglesia de San Luis de los Franceses. 20 sep 2026. Foto: Archivo fotográfico Bienal @Laura León

 

Una organización con demasiadas asignaturas pendientes

Las críticas más severas de nuestros colaboradores se dirigen a la organización y al funcionamiento cotidiano del festival.

Carmen Arjona cuestiona la coincidencia de horarios entre espectáculos. «Esto parece una gymkana en lugar de un festival de flamenco», afirma. También reclama que los pases para la prensa estén disponibles desde el principio, como ocurría anteriormente.

Especialmente contundente se muestra con la programación de artistas de edad avanzada en espacios poco adecuados. Califica de «inadmisible» que algunos intérpretes mayores, uno de ellos casi centenario, fueran programados al aire libre, a partir de las once de la noche, en el Muelle de la Sal. A su juicio, las escaleras y las condiciones del suelo suponían un riesgo innecesario.

Arjona denuncia igualmente el desequilibrio entre las numerosas invitaciones gratuitas, algunas de las cuales terminan sin utilizarse, y los elevados precios de las localidades destinadas al público general.

Fede Calderón comparte buena parte de estas críticas. Señala las deficiencias en la promoción del festival por la ciudad y la escasa extensión de sus actividades a las calles y los barrios. También lamenta la celebración de eventos sin programa publicado y la ausencia de programas de mano físicos.

A ello añade los problemas con las acreditaciones y entradas de prensa, así como un proceso de registro que considera mejorable.

Uno de los aspectos que más le sorprende es la existencia de butacas vacías en recintos cuyas localidades figuraban como agotadas, mientras permanecían fuera espectadores dispuestos a pagar por entrar.

Entre sus propuestas figuran abonos con descuentos para quienes quieran asistir a numerosos espectáculos, entradas especiales para jóvenes, actividades con los colegios y una mejor conexión mediante transporte entre los distintos recintos.

El precio de las entradas aparece también en su valoración artística. Calderón considera que han sobrado algunas estrellas con cachés y localidades excesivamente caros, especialmente en el Maestranza, mientras han faltado cantaores habituales de las peñas que sostienen la actividad flamenca durante todo el año. Cita expresamente a Manuel Cástulo y Paqui Ríos.

La accesibilidad preocupa igualmente a Jesús Naranjo, quien reclama mayores facilidades para asistir a los espectáculos, también para quienes se desplazan desde fuera de Sevilla.

 

Carmen Arjona coincide en la crítica a la repetición de artistas. «¿Cuándo veremos a los artistas que nunca pisaron la Bienal?», se pregunta. También cuestiona la dirección artística de determinados montajes. Advierte de que algunos proyectos presumen de contar con un director, pero después manifiestan una dirección «nula, insuficiente o ineficaz»

 

¿Dónde está el público del futuro?

La renovación de los espectadores constituye otro de los grandes desafíos que identifican los críticos.

Alejandro Luque considera que la Bienal necesita una estrategia que vaya más allá de cada edición. «La Bienal debería aportar precisamente futuro, es decir, un plan para la próxima década», afirma.

Su preocupación nace del envejecimiento del público y de la escasez de actividades destinadas a nuevas generaciones. Rechaza, además, la identificación automática de la juventud con las fusiones musicales más conocidas: «No, no valen los encuentros con el rock como propuesta joven: eso ya es música clásica».

Luque sitúa el reto del flamenco en su capacidad para desenvolverse en un siglo XXI marcado por la inmediatez y la hiperconexión sin perder su identidad. Considera que, por ahora, está consiguiéndolo.

Jesús Naranjo recuerda que el flamenco lleva tres siglos en permanente transformación. «Es un arte vivo, porque es un arte y una cultura en sí mismo», señala. Por eso entiende que siempre habrá artistas dispuestos a ampliar sus límites y a explorar territorios que en otro momento habrían parecido impensables.

La Bienal, a su juicio, debe funcionar como escaparate de todas las tendencias. Pero también ha de acercar el flamenco a quienes todavía no lo conocen, sin olvidar a quienes trabajan diariamente por su conservación, promoción y divulgación.

Naranjo insiste, además, en la necesidad de que el festival arraigue en la sociedad que lo vio nacer y tenga una presencia mucho mayor en las calles y rincones de Sevilla.

Fede Calderón comparte la preocupación por el relevo generacional, especialmente en lo relativo a los precios y las oportunidades de acceso para los jóvenes. Su propuesta de actividades escolares apunta a la necesidad de crear aficionados desde edades tempranas.

 

Jesús Naranjo recuerda que el flamenco lleva tres siglos en permanente transformación. «Es un arte vivo, porque es un arte y una cultura en sí mismo», señala. Por eso entiende que siempre habrá artistas dispuestos a ampliar sus límites y a explorar territorios que en otro momento habrían parecido impensables

 

'Ecos primitivos. Cante en altura. Danza en tierra'. Pregón de la XXIV Bienal de Sevilla. Plaza de San Francisco. 9 sep 2026. Foto: Laura León / Bienal
‘Ecos primitivos. Cante en altura. Danza en tierra’. Pregón de la XXIV Bienal de Sevilla. Plaza de San Francisco. 9 sep 2026. Foto: Laura León / Bienal

 

Un flamenco sin fronteras ni bandos

El debate sobre la evolución del flamenco también ocupa un lugar central en las reflexiones de nuestros colaboradores.

David Ladrón de Guevara rechaza las divisiones tajantes entre lo que debe considerarse flamenco y lo que queda fuera de sus límites. «Me sorprende quien sentencia que esto es flamenco y esto no, como si fuera solo cuestión de formación y no también de sensibilidad», reflexiona.

El crítico observa con preocupación el endurecimiento de determinadas posiciones, tanto entre los aficionados como en el propio ejercicio de la crítica. Cree que las redes sociales han contribuido a alimentar una corriente excesivamente quejosa. «El peligro es que se fabriquen bandos en lugar de aficionados o, incluso, disfrutones», advierte.

Y plantea una actitud distinta ante los espectáculos: acudir con la mente abierta, intentar comprender las propuestas y disfrutar de ellas antes de emitir un juicio. «La opinión llega después, y llega mejor».

Para la próxima Bienal, Ladrón de Guevara pide que continúen conviviendo en una misma programación las expresiones más hondas y las más abiertas. Incluso defiende la presencia de espectáculos imperfectos o discutidos, porque considera que el riesgo es necesario para evitar la uniformidad.

Su conclusión resume esa filosofía: «Lo que importa es que el público llegue a la butaca a disfrutar y no a militar».

Naranjo también defiende la pluralidad de caminos del flamenco, aunque pone especial énfasis en la atención a quienes mantienen vivas sus formas tradicionales. Considera que la Bienal debe reflejar todas las sensibilidades sin abandonar su responsabilidad con el patrimonio artístico.

Fede Calderón aborda la cuestión desde una perspectiva histórica, con una frase tan irónica como esperanzadora: «El flamenco se lleva muriendo desde que nació pero siempre sobrevive. Hacia dónde va no sabemos, pero sobrevivirá seguro».

 

Una Bienal más abierta a su territorio

Otra de las coincidencias entre los críticos es la necesidad de ampliar el horizonte geográfico de la programación.

Alejandro Luque reclama que el festival muestre el flamenco en toda su extensión territorial, mucho más amplia de lo que, en su opinión, permite apreciar la selección de artistas y propuestas.

Jesús Naranjo va un paso más allá y pide un acercamiento mucho mayor al resto de las provincias y a las distintas zonas cantaoras del entorno sevillano.

La reivindicación de Fede Calderón sobre los cantaores de peñas apunta en esa misma dirección. No se trata únicamente de reunir grandes nombres internacionales o espectáculos de elevada producción. También considera necesario reconocer el trabajo de quienes mantienen la actividad flamenca durante los doce meses del año, lejos de los grandes escenarios.

Esta cuestión conecta con una reflexión más amplia: qué lugar debe ocupar la Bienal dentro del ecosistema flamenco y cómo puede mantener su singularidad en un calendario cultural cada vez más abundante.

 

«La reivindicación de Fede Calderón sobre los cantaores de peñas: no se trata únicamente de reunir grandes nombres internacionales o espectáculos de elevada producción. También considera necesario reconocer el trabajo de quienes mantienen la actividad flamenca durante los doce meses del año, lejos de los grandes escenarios»

 

'Epílogo para un cante que se hizo baile. Suite de cantes'. Espectáculo homenaje a Isabel Bayón. XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla. Teatro Central. 15 sep 2026. Foto: Archivo fotográfico Bienal @Laura León
‘Epílogo para un cante que se hizo baile. Suite de cantes’. Espectáculo homenaje a Isabel Bayón. XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla. Teatro Central. 15 sep 2026. Foto: Archivo fotográfico Bienal @Laura León

 

La próxima Bienal, ante el reto de renovarse

Las cinco miradas dibujan un balance con luces y sombras. Existe reconocimiento hacia la calidad de numerosos espectáculos, el buen momento de artistas veteranos y jóvenes y la capacidad del flamenco para seguir ofreciendo emociones y hallazgos.

Pero también aparecen críticas recurrentes: la repetición de nombres, la falta de riesgo en algunas propuestas, los precios elevados, las dificultades de acceso, la escasa presencia en las calles y los barrios y la necesidad de conectar con nuevas generaciones.

No todos los críticos coinciden en el diagnóstico artístico. Para unos, la Bienal ha mantenido un nivel notable. Para otros, ha ofrecido pocas novedades respecto a ediciones anteriores. Tampoco existe una única respuesta sobre el camino que debe seguir el flamenco, ni probablemente tendría sentido buscarla.

Lo que sí comparten estas cinco voces es la convicción de que la Bienal debe seguir siendo una cita esencial, capaz de reunir distintas maneras de entender un arte que se transforma sin renunciar a su historia.

La XXV edición tendrá ante sí un desafío que va más allá de confeccionar un buen cartel: renovar la relación del festival con sus artistas, sus públicos y su ciudad. Porque el futuro de la Bienal no depende únicamente de lo que ocurra sobre los escenarios, sino también de su capacidad para seguir formando parte de la vida cultural y social de Sevilla. ♦

 

Quico Pérez-Ventana

Quico Pérez-Ventana

Sevilla, 1969. Periodista andaluz de intereses etéreos y estrofas cabales. Tres décadas de oficio en prensa musical y cultural. Con arrimo y sin arrimo, para seres de cualesquier afecto.

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