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Víctor Fernández: «El flamenco se valora mucho más fuera de España que en casa»

El bailaor granadino lleva al Vancouver International Flamenco Festival dos miradas sobre su danza, una contemporánea y otra apegada a la raíz. «Cuando me subo a un escenario dejo salir a ese niño y lo dejo que juegue», dice.

Quico Pérez-Ventana por Quico Pérez-Ventana
14 septiembre 2026
Tiempo de lectura: 8 mins
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El bailaor granadino Víctor Fernández. Foto: Beatrix Molnar

El bailaor granadino Víctor Fernández. Foto: Beatrix Molnar

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El bailaor granadino –afincado en Bilbao– Víctor Fernández regresa al Vancouver International Flamenco Festival con una propuesta que resume bien su manera de entender la danza: mirar a la raíz sin renunciar a la búsqueda. Los días 26 y 27 de septiembre, el artista participará en el espectáculo Nuevo IV – Lo Nuevo y lo Añejo con dos solos, uno de lenguaje contemporáneo y otro apegado al flamenco tradicional, además de impartir una clase magistral.

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Formado junto a maestros como Farruquito, Eva Yerbabuena, Isabel Bayón o Rafaela Carrasco, Fernández ha construido un lenguaje propio en el que conviven los códigos flamencos y las influencias de la danza contemporánea. En esta conversación con ExpoFlamenco, habla de sus orígenes en Albolote, de creación y enseñanza, de los límites del flamenco, de la situación de la danza en España y de una trayectoria internacional que vuelve a llevarlo hasta Vancouver. Un viaje en el que, como él mismo explica, lo añejo representa «la raíz, la tierra» y lo nuevo, las sucesivas capas que han ido vistiendo su cuerpo y su baile.

 

– Los días 26 y 27 de septiembre actúa en el Vancouver International Flamenco Festival. Una ciudad que está a más de ocho mil kilómetros de Granada pero que es muy cercana para el equipo del presente portal global de arte flamenco. Cuéntenos cómo va a ser su nueva aventura canadiense, incluida la clase magistral.

– Efectivamente, el programa del Vancouver International  Flamenco Festival es muy variado. Invito a todo el mundo que esté cerca de la ciudad a que le eche un vistazo, porque hay una programación muy interesante. Habrá recitales de cante, conciertos de guitarra y mucho baile. Yo estaré dentro del espectáculo Lo nuevo IV, propuesto el día 26, donde intervendré con dos solos, uno con una mirada más actual, más contemporánea, y otro con una mirada a lo antiguo, al flamenco más tradicional. Por otro lado, el día 27 tengo el placer y la oportunidad de compartir en una clase magistral un poquito de mi trabajo y mi humilde visión de la danza flamenca. Ahí podré conocer un poquito más de cerca a los estudiantes de flamenco en Vancouver.

– Empezó bailando sevillanas en Albolote con unas botas que, según ha contado, eran más grandes que usted. ¿Qué queda de aquel niño cuando sale hoy a un escenario?

– Qué bonita imagen me has traído de nuevo. Albolote es mi pueblo natal. Fue allí donde tuve mi primer contacto con el flamenco a la edad de 7 años. Era un niño cuando me puse por primera vez unas botas de flamenco. Las recuerdo enormes, un sensación que nunca olvidaré. No sé si era la realidad o lo que esas botas generaban en mí. Considero que subirse a un escenario es un acto de sincerarse, de abrirse. Una acción muy sincera e inocente, como la de un niño. Cuando me subo a un escenario dejo salir a ese niño, lo dejo que juegue, pero ya con la herramienta de la madurez y la experiencia.

– Ha pasado por una formación académica muy extensa y al mismo tiempo por maestros como Farruquito, Eva Yerbabuena, Isabel Bayón o Rafaela Carrasco. ¿Quién de esos maestros modificó realmente su manera de bailar? 

– Todos ellos son maravillosos artistas, bailaores y bailaoras y pedagogos. He tenido la suerte de poder formarme con profesionales de gran reconocimiento en este arte. Personalmente, cuando estudio con algún profesor me gusta destilar su esencia, su forma de ver y comprender la danza y el movimiento. Aprendo las formas, las lleva mi cuerpo, para luego integrarlas bajo mi filtro. Creo que es la única forma de preservar contigo lo que aprendes de tus profesores. Es por esto que me llevo siempre algo de cada uno de ellos y lo mantengo conmigo.

– Años atrás decía que un bailarín nunca deja de investigarse. ¿Qué está investigando ahora en su propio cuerpo?

– Creo que un bailaor/a no es el mismo nunca. Las inquietudes de cada momento moldean su danza como respuesta del momento que está viviendo. Es decir, un bailaor evoluciona porque su inquietudes cambian. Hay épocas en las que me mueve más la forma, otras más el concepto. Ahora estoy en un momento más introspectivo. Miro a mi interior, mantengo un diálogo conmigo en el que busco la verdad, mi verdad. Algo que me defina y que de manera honesta me represente en el ahora.

 

«Considero que subirse a un escenario es un acto de sincerarse, de abrirse. Una acción muy sincera e inocente, como la de un niño. Cuando me subo a un escenario dejo salir a ese niño, lo dejo que juegue, pero ya con la herramienta de la madurez y la experiencia»

 

– ¿Qué encontró en la danza contemporánea que no encontraba dentro del flamenco? 

– En la danza contemporánea encontré una apertura a nuevas formas y nuevos conceptos. Una fuente nueva de agua fresca que me abrió otra dimensión dentro del flamenco. Algo con lo que alimentarme para seguir evolucionando. No llegué a ella por necesidad de encontrar algo que no encontraba en el flamenco, sino por inquietud de aprender nuevas fórmulas y exponer a mi cuerpo a lugares donde se encontraba incómodo con el fin de abrir un abanico de posibilidades y aprendizajes, que poco a poco pude ir recogiendo y adoptando y que pude canalizar para enriquecer mi lenguaje dentro de los códigos flamenco.

– ¿Hasta qué punto se pueden romper los códigos para que algo siga siendo flamenco?

– Qué pregunta más difícil. Aquí hablamos de límites. Los límites para mí son diferentes a los tuyos, y los tuyos diferentes a los de otra persona. Los límites pueden ir más lejos o por el contrario ser más restrictivos. Pues aquí pasa algo parecido. Estamos de acuerdo en que el flamenco tiene una estética y estilística concreta, un ritmo, una música, unas estructuras. Pero cuando hablamos de flamenco también hablamos de otra dimensión. Son maneras de hacer, energías, peso, actitud. Farruquito en una clase dijo: yo soy flamenco desde que me levanto. Esto es una bella imagen que alude a lo que me refiero. Es muy complicado poner una palabra exacta a qué es o no flamenco, pero sí que hay un ingrediente secreto que tiene que existir para que a alguien se le despierte un ole.

– ¿Le molesta la palabra fusión aplicada a su trabajo?

– No me molesta. Pero no me siento identificado tampoco. Me interesa más el concepto flamenco con influencia contemporánea, ya que mi interés reside principalmente en la línea estética flamenca.

– ¿Qué ha significado Bilbao en su transformación como creador? ¿Habría existido una obra tan brillante e innovadora como Tríade si hubiera seguido viviendo en Granada o Madrid?

– Bilbao ha sido un gran apoyo en la creación de la pieza Tríade. Por suerte vivo en una ciudad donde se fomenta mucho la creación y la producción coreográfica. Hay mucho respeto por la danza. Bilbao me brindó la oportunidad de poder desarrollar esta pieza con unas condiciones muy buenas que el creador necesita cuando se enfrenta a un proceso coreográfico. A la segunda pregunta que me plantea, le responderé que una creación nace por una necesidad. En este caso una necesidad creativa que pide a gritos ser mostrada. Por eso de alguna u otra manera Tríade hubiera visto la luz independientemente del lugar donde me encontrara.

– ¿Se considera antes bailaor, bailarín, coreógrafo o profesor?

– Creo que dependiendo del contexto en el me encuentre el cubo va cambiando de cara para priorizarse por encima de las demás. Pero no creo que se ubiquen de manera separada. Todas necesitan de las demás. El coreógrafo necesita del profesor para transmitir sus ideas. El pedagogo, del coreógrafo para crear clases atractivas y motivadoras. El bailaor necesita del bailarín y viceversa. Todas están interconectadas.

 

«Cuando hablamos de flamenco hablamos de otra dimensión. Son maneras de hacer, energías, peso, actitud. Farruquito en una clase dijo: ‘yo soy flamenco desde que me levanto’. Es muy complicado poner una palabra exacta a qué es o no flamenco, pero sí que hay un ingrediente secreto que tiene que existir para que a alguien se le despierte un ole»

 

El bailaor granadino Víctor Fernández. Foto: Beatrix Molnar
El bailaor granadino Víctor Fernández. Foto: Beatrix Molnar

 

– Hace una década advertía de la precarización de la danza y de la desaparición de las grandes compañías. ¿Qué diagnóstico hace hoy?

– Tristemente sigue siendo la misma. La situación no ha cambiado mucho o incluso ha empeorado. A nuestro país le falta aún mucho para situar la danza en el lugar que se merece. Las presupuestos de ayudas económicas que apoyan la danza, las programaciones de los teatros y las compañías siguen recortándose, por lo que el problema afecta a todos los componentes estructurales del sector y la danza se ve afectada por todos los frentes.

– Ha trabajado desde Shanghai hasta Dresde y Londres. ¿Dónde entiende mejor el público extranjero el flamenco? 

– Me quedaría con el público japonés. Un gran público, aficionado y practicante de este arte desde hace décadas.

– ¿Existe todavía esa mirada exótica hacia el flamenco fuera de España? 

– Un rotundo sí. Se valora mucho más el flamenco fuera de España que en casa, lugar de origen.

– El premio que recibió con Tríade le abrió la puerta de Vancouver. ¿Qué significó que una obra tan experimental produjera precisamente esa oportunidad internacional? 

– Fue una gran sorpresa y un premio del que estoy enormemente agradecido. Primero, por permitirme trabajar en esta ciudad y llevar mi danza a ella, y también por presentarme a gente maravillosa que me ha acogido con los brazos abiertos, y que trata el flamenco con un inconmensurable respeto y profesionalidad.

– El espectáculo de Vancouver se subtitula Lo nuevo y lo añejo. En su baile, ¿qué es lo añejo y qué es lo nuevo?

– Pues bien, lo añejo me lleva a la raíz, a la tierra, a formas tradicionales. Me lleva a ese niño que bailaba flamenco, a mis orígenes. Por otro lado, lo nuevo me transporta a todas esas capas con las que mi cuerpo se ha ido vistiendo, capas nuevas, capas más recientes, que tienen la misma importancia que las capas profundas. Son capas que se han ido adaptando a nuevos discursos, a nuevas inquietudes.

 

«Creo firmemente en la resiliencia del bailarín y en la capacidad de adaptación que tenemos. La danza tendrá que habitar nuevas formas de llegar al público y de poder seguir adelante. Confío en que la situación mejorará, aunque probablemente tengamos que adaptar los formatos. La danza es un arte primitivo. El ser humano necesita moverse. Eso no puede dejar de existir»

 

– Ha sido mentor de artistas en Vancouver. ¿Qué ha aprendido enseñando flamenco a creadores que trabajan a miles de kilómetros de Andalucía?

– Trabajé guiando un solo coreógrafico para Katia Flores, bailaora y coreógrafa afincada en Vancouver, en una residencia otorgada por Flamenco Rosario. Fue una experiencia muy bonita. Una convocatoria de residencias muy enriquecedora para el mentor y para el coreógrafo. Es muy importante desde la posición de coreógrafo tener un apoyo externo. El coreógrafo en la etapa de creación atraviesa lugares de inseguridad, de miedos, y de autocrítica constructiva y destructiva, en la que la guía externa de una mirada limpia es muy positiva. Por otro lado, para mí como mentor fue fascinante adentrarme en una creación ajena, participar de ella como si fuera mía, pero limitarte solo a guiar sin condicionar. Hacer preguntas para reflexionar y al final que la creadora sintetice toda esa información que posee y que la materialice en una coreografía. Para mí fue un proceso fascinante.

– Siendo granadino y teniendo esa vocación de búsqueda, ¿cuánto hay de Enrique Morente en su manera de entender el flamenco?

– Ojalá tenga una pizca del gran Enrique Morente. Para mí es fuente de inspiración musical. Adelantado a su época y precursor de formas musicales que hoy en día siguen siendo actuales. Un cantaor que exploró más allá de los límites que imponía su época.

– ¿Qué le falta para subir un escaloncito más?

– Seguir trabajando, seguir formándome, seguir investigando, seguir enseñando y sobre todo seguir bailando. Eso es para mí la clave para seguir avanzando.

– ¿Cómo vislumbra el presente y futuro del baile flamenco? 

– Pues me gustaría vislumbrarlo esperanzador. No solo en el ámbito del flamenco, sino en la danza en general en España. Creo firmemente en la resiliencia del bailarín y en la capacidad de adaptación que tenemos. La danza tendrá que habitar nuevas formas de llegar al público y de poder seguir adelante. Confío en que la situación mejorará, aunque probablemente tengamos que adaptar los formatos. La danza es un arte primitivo. El ser humano necesita moverse. Eso no puede dejar de existir. ♦

 

 

Quico Pérez-Ventana

Quico Pérez-Ventana

Sevilla, 1969. Periodista andaluz de intereses etéreos y estrofas cabales. Tres décadas de oficio en prensa musical y cultural. Con arrimo y sin arrimo, para seres de cualesquier afecto.

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