El granadino José Fermín Fernández es un guitarrista que cuenta con un discurso potente, timbrado y caudaloso, tendente a matizaciones redondas no carentes de morbidez, de elasticidad, y que, sin perder la colocación de la mano izquierda, deambula con la derecha entre la agilidad extrema y lo delicado, sin obviar la carnosidad y la variedad del fraseo.
Apelando al título del concierto, José Fermín salió sin banda, en solitario, abrazado a su guitarra, con la que se anunció por rondeña pero sin poder disimular las rigideces de los nervios, obviamente, aunque con calidades de partida, propias de su presencia en Sevilla, más que de falta de preparación, que se puso de relieve ante un papel tan delicado como debutar en solitario en esta XXIV Bienal de Flamenco.
Muy constante y con detalles a retener lo observamos en la segunda pieza, a la que le echamos en falta disconformidades en el fraseo, si bien con una articulación más regular y acordes más contundentes para alcanzar la brillantez, en tanto que reclamó nuestra atención en la granaína, con un trémolo de espeluzno y llena de contrastes y de fluidez no exenta de elegancia, para continuar con una balada como introducción a la rumba.
En tal sentido, reseñamos la balada porque la hizo con un tempo lento, pero perfectamente balanceado, donde escuchamos la entonación y el colorido desde una inexorable progresión, hasta conseguir el adecuado clímax.
Fue esta balada el previo a un extraordinario manejo de las cuerdas en la rumba, de sonido empastado y redondo, compacto y luminoso, sedoso, con el añadido de una rítmica radiante y virtuosa, con cadencias precisas y afinadas, garantizada, además, con una sonoridad equilibrada, transparente y de gran refinamiento sonoro.
Todo fluía ya a gusto del ejecutor, sin forzar la mano izquierda en el trasvase del taranto a la bulería, con un aliento generoso, pero con sonidos sobrados de apoyos, con falsetas nunca caídas de posición o sin terminar de redondear, y generando expansión a fin de llegar al buen puerto de la interpretación de la bulería, a la que acogimos como un añadido más para resaltar el dominio de la coloratura y los efectos pirotécnicos.
«Llamó la atención cómo el guitarrista convertía toda su propuesta en un símbolo de valentía y firmeza, propugnando una magnífica realización de la mano derecha, a la que sacó recursos de desbordante brillantez con ese puntito de exceso propio de la tradición flamenca, lo que le permitió ofrecer un sonido suntuoso, vigoroso y resplandeciente»

Llamó la atención, en otro orden de cosas, cómo el guitarrista convertía toda su propuesta en un símbolo de valentía y firmeza, propugnando una magnífica realización de la mano derecha, a la que sacó recursos de desbordante brillantez con ese puntito de exceso propio de la tradición flamenca, lo que le permitió ofrecer un sonido suntuoso, vigoroso y resplandeciente.
A lo que antecede le sumamos que las piezas ofrecidas nos alcanzaban con buen pulso rítmico, incluso sentido narrativo y momentos de esa recreación que acogemos como afortunadas, sin que faltaran esa creación de atmósferas y puntas de tensión que han de subyacer en todo notable concertista.
Para el cierre del concierto José Fermín Fernández se reservó una composición que, estrenada en el Generalife granadino, creó para el bailaor y coreógrafo Manuel Liñán, una contextura musical que incluye bonitas cadencias y que contribuyó a que el granadino justificara su presencia en la Bienal de Sevilla con buena nota, sin ejercicios circenses, y entiéndase esto exento de cualquier carácter peyorativo.
El compositor y guitarrista de Iznalloz destacó, empero, por las particularidades de su discurso musical, de ejecución limpia, blanquísima, de textura como del más puro cristal, lo que no significa que sobresalga por una cualidad etérea, dado que tuvo no pocos momentos en los que creó atmósferas mágicas y de intensa emoción estética para el oyente.
Lo que antecede son virtudes que atesora el granadino, pero son facultades que, al menos en el auditorio sevillano, no incubaron debilidades que se hicieran más o menos notorias, con lo que no insinuamos, sino que confirmamos que las ejecuciones estuvieron bien consumadas y sin que echáramos en falta reforzar el carácter ritual de las mismas.
Como resumen, noche importante para José Fermín Fernández y con un éxito indudable para sus seguidores. Pero tratando de ser objetivos, muchas, bastantes, luces y solo pequeñas sombras como las que hemos constatado de un guitarrista que ha buscado la conexión emocional con la Guitarra desnuda, o lo que es lo mismo: con el alma al aire.
Ficha artística
Guitarra desnuda, de José Fermín Fernández
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Espacio Turina
13 de septiembre de 2026
Guitarra solista: José Fermín Fernández.
Idea original: José Fermín Fernández
Cuerdas utilizadas: Knobloch Strings
Agradecimientos: Granada Capital Europea de la Cultura 2031
GUITARRA DESNUDA
01.- Rondeña
02.- Seis cuerdas rojas (Granaína)
03.- Gitana, te quiero (Balada)
04.- Jeannette (Rumba)
05.- La Unión y alquimia (Taranta y bulería )
06.- Heroínas de Sálvora (Tangos)
07.- Reliquia

















