Si usted, querido lector, amable lectora, busca en la Bienal algo bonito, entretenido, gustoso, este no es su espectáculo. Eso no quiere decir que sea aburrido o desagradable, ni mucho menos. Pero conviene saber que se trata de una apuesta radical, fuera de los códigos convencionales, y que las sensaciones que provoca no se miden en likes. Es, simplemente, algo distinto, el fruto de una búsqueda que no ha terminado, que no puede terminar. Su artífice se llama Ana Morales, una creadora forjada en el flamenco que lleva ya algunos años desmarcándose de los circuitos jondos clásicos para abrirse camino en festivales abiertos a los lenguajes contemporáneos y performáticos.
Pero si usted está dispuesto a vivir una experiencia diferente como espectador, a adentrarse en territorios de experimentación y riesgo, entonces sí, acompáñenos sin miedo. Tenga, eso sí, cuidado con sus pasos, pues lo que deparará esta Rapsodia. Fantasía subterránea es, como su título indica, una bajada al subsuelo a través de unas plataformas descendentes. A las entrañas de la tierra, parece decirnos Morales cuando, con el rostro cubierto por una madroñera –en una imagen en cierto modo romántica, de maja goyesca–, con su bata de cola y unas velas consumiéndose en su muñeca, aprieta con fuerza entre sus dedos su vientre, porque todo ha de salir desde dentro, empezando por las propias tripas.
Sin embargo, las interpretaciones literales podrían acabar ahí, ya que la poética del espectáculo tiende a ser, nunca mejor dicho, críptica. “Caer fue solo la ascensión a lo hondo”, la oímos afirmar en una doble paradoja que nos invita a la duda: ¿estamos seguros de que subir no es bajar, y viceversa? Si a estas alturas Rapsodia le parece demasiado filosófico, o demasiado vanguardista (así llamamos a veces, por pura pereza, a las creaciones que no entendemos), ahí tiene la guitarra de Manolo Franco, que va a articular el montaje y oficiar como garante de la flamencura más clásica.
«Una bajada al subsuelo a través de unas plataformas descendentes. A las entrañas de la tierra, parece decirnos Morales cuando, con el rostro cubierto por una madroñera, con su bata de cola y unas velas consumiéndose en su muñeca, aprieta con fuerza entre sus dedos su vientre, porque todo ha de salir desde dentro, empezando por las propias tripas»

Como toda exploración aventurera, el itinerario de Morales tendrá momentos de inquietud, de desasosiego, de vértigo, de serenidad y hasta de ansiedad, especialmente cuando la bailaora percute con sus pies unas planchas metálicas, desatando un cacofónico estruendo. Las luces y el sonido, con el saxo y los recursos electrónicos de José Venditti, van acompañando estos estados de ánimo, y cómo no de la sonanta de Franco, brillante en la morosísima farruca, en los fandangos o en la bambera que va a interpretar la niña Cristina Sierra.
Porque allí abajo, en ese subsuelo dostoievskiano, tal vez encontremos el eco de nuestra propia infancia, la inocencia perdida que podemos tomar de la mano. Al menos el rostro de Ana Morales se ilumina en este pasaje, en parte porque los nervios del estreno han quedado seguramente atrás, pero también porque ha superado la parte más dramática del montaje y se encamina hacia la ansiada libertad, danzando gozosamente descalza, derramando el agua que pende de bolsas trasparentes que gotean sin cesar y levantando la tierra impetuosamente, siendo por fin ella misma.
Dotada de unas facultades físicas impresionantes, la premio Nacional de Danza 2022 se ha acompañado del poeta Enrique Fuenteblanca y del iconoclasta Niño de Elche para dar forma a su personalísima katábasis, que es como los griegos llamaban al descenso al inframundo planteado como prueba de heroicidad o viaje iniciático. Imposible no recordar ese otro descenso, el que Morales emprendió con Andrés Marín en su anterior montaje, Matarife, cuya huella dantesca es evidente en este nuevo trabajo.
El camino de Rapsodia no ha hecho más que comenzar, y no cabe duda de que en su andadura irá puliendo algunos pasajes y tal vez encontrando mejores emplazamientos que la Real Fábrica de Artillería, pero nace con fuerza y arrojo dignos de encomio.
Hay espectáculos más superficiales, pero están en otra parte.
Ficha artística
Rapsodia. Fantasía subterránea, de Ana Morales
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Real Fábrica de Artillería de Sevilla
13 de septiembre de 2026
Baile: Ana Morales
Guitarra flamenca: Manolo Franco
Saxofón & amp. electrónicas: José Venditti





















