En Cádiz son muchos quienes aseguran “¡yo estuve allí!”, pero no hay que creerlos a todos. No salen las cuentas. La anécdota es cierta y está ampliamente documentada, pero los testigos no fueron tantos. Corría el verano de 1984 cuando se celebró en el Teatro José María Pemán de Cádiz, en el Parque Genovés de la capital gaditana, el anunciado concierto de un pianista estadounidense llamado Chick Corea. A la hora de salir a actuar, desde el escenario se veían más sillas vacías que ocupadas.
Entre quienes habían pagado la entrada y quienes se habían colado, no debían de sumar más de cuatrocientas almas. Pero ese puñado de fieles melómanos no iban a olvidar nunca aquella tarde. Porque por el camerino asomó, de improviso, Paco de Lucía acompañado de su esposa de entonces, Casilda Varela. Y no por casualidad, apareció por allí una guitarra y el ofrecimiento de tocar juntos, para pasmo del respetable. Así, aquel día estival, un puñado de afortunados vieron a los dos gigantes reunidos por primera vez en un escenario, haciéndose el Spain. Como nota desenfadada, Chiquito, como le llamaban cariñosamente, hizo amago de tocar las palmas y no le dejaron.
Seguramente Paco de Lucía recordó esta anécdota en las ocasiones posteriores en las que pisó las tablas del Pemán, ya convertido en una estrella mundial y acompañado de su célebre sexteto. Una leyenda más de las muchas que atesora el teatro gaditano que, después de un largo periodo de quince años de obras, reabre sus puertas en la noche de este jueves 20 de agosto con el espectáculo Cádiz, orilla del flamenco, de la mano de David Palomar, Rosario Toledo, Jesús Fernández, María Moreno y el Ballet Flamenco de Andalucía dirigido por Pilar Ogalla y Andrés Peña.
Un modo justo, este de llevar lo jondo por bandera, para reinaugurar un teatro que durante décadas vio desfilar a algunas de las estrellas más rutilantes del género. Recientemente, las redes sociales de la Taberna Marqués de Cádiz daban a conocer un revelador cartel que anunciaba una actuación de Manolo Caracol, en concreto el 9 de septiembre de 1956, como “último festejo de la temporada” de lo que entonces se conocía como “Teatro del Parque”, ya que no fue hasta 1964 que las autoridades locales lo rebautizaron con el nombre del poeta y dramaturgo gaditano José María Pemán.
Éste celebró que, con la nueva rotulación, el coliseo pudiera ser habitado por personajes nacidos de su pluma como Lola la Piconera, el Viejo y los niños y La Viudita Naviera, pero lo cierto es que la música se adueñó mayoritariamente de su programación, y muy especialmente el flamenco. En la memoria de los aficionados más veteranos permanece indeleble aquella 1ª Noche Flamenca que reunió un 21 de agosto de 1973 un cartel delirante, formado por La Perla de Cádiz, María Núñez, Camarón de la Isla, Diego Clavel, Fosforito, Alfonso el de Gaspar, Juan El Lebrijano, Chano Lobato, Curro Mairena, Paco el de Solano, Merche Esmeralda y Diego el de la Margara, con las guitarras de Manolo Brenes, José Cepero, El Habichuela y Niño de los Rizos. Oficiaban como presentadores Antonio Murciano y Donato Patiño.
De hecho, el Pemán fue testigo de la era dorada de los festivales de los años 70 y 80, cuando acogió varias actuaciones legendarias de un Camarón de la Isla en estado de gracia, así como de otros artistas como Remedios Amaya, Juan Villar, etcétera, etcétera. El propio Camarón fue objeto de homenaje en 1985, en el mismo teatro, con otro cartel de aúpa en el que destacaban los nombres de Niño del parque, El Boqueron, Chano Lobato, Juan Villar, Manoli de Gertrudis, Rancapino, Juana la del Revuelo, Martín Revuelo, Pansequito y El Lebrijano, junto al propio José Monge Cruz.
«Después de quince años de obras, el Teatro José María Pemán (Cádiz) reabre sus puertas en la noche de este jueves 20 de agosto con el espectáculo ‘Cádiz, orilla del flamenco’, de la mano de David Palomar, Rosario Toledo, Jesús Fernández, María Moreno y el Ballet Flamenco de Andalucía dirigido por Pilar Ogalla y Andrés Peña»
En lo que respecta al baile, junto a grandes momentos protagonizados por astros como Antonio El Bailarín, Mariemma, Pilar López, Antonio Gades, este escenario se celebró regularmente el Concurso de Baile por Alegrías de la Peña La Perla de Cádiz, que también fue testigo de una memorable actuación de la familia Farruco en una final del certamen. Pero si había una figura que no podía faltar en las programaciones del Pemán cada verano, esa era Rocío Jurado, quien, a pesar de haber tomado el camino de la canción ligera, nunca dejaba de recordar ante el micrófono sus orígenes flamencos.
En estas programaciones tuvo un papel fundamental la Peña Enrique El Mellizo. Lo subraya Manolo González Piñero, socio de la peña y funcionario al cargo del teatro en aquellos años, quien recuerda que uno de los conflictos principales era el orden de actuación. Entre risas evoca cómo Rancapino, cuando debía salir a cantar el primero, escondía los zapatos y alegaba: “No puedo salir a escena, me han robado los zapatos”. O la vez aquella en que al Beni de Cádiz le tocó salir a las seis de la mañana y, nada más enfrentarse al público, les espetó: “Qué, esta noche no se habéis puesto ninguno el pijamita, ¿no?”.
También cita González Piñero la noche aquella en que estaba anunciada Lola Flores. Un responsable político tuvo la ocurrencia de decirle a la jerezana que estaba muy contento porque se habían vendido todas las entradas, y la artista respondió: “Pues hay que reconsiderar mi contrato, ¿eh? Que he firmado muy poco comparado con lo que yo voy a ganar”. No podían correr el riesgo de que, en un momento, el parte de un médico decretara que Lola se había quedado afónica.
Si el Pemán adquirió tanta relevancia, fue en buena medida por la falta de espacios escénicos de gran capacidad en la ciudad, ya que Cádiz solo disponía como alternativas del salón de actos de Valcárcel y el salón de actos de la Plaza de España. Pero solo el Pemán podía garantizar 2.300 localidades después de su reforma, cuando las sillas de plástico sustituyeron a las de madera. Pero era también un recinto muy desprotegido, en el que no era difícil burlar la seguridad. Otro recuerdo persistente entre los gaditanos alude a la actuación del grupo Triana que apenas había logrado animar la taquilla, pero cuando sonaron los primeros acordes empezó a caer gente de los árboles cercanos como si fuera una plaga de primates, y se llenó el teatro.
Con la reapertura del teatro, toda esta memoria flamenca volverá a revitalizarse con nuevos hitos. Y aunque la Asociación de Memoria Histórica de Cádiz clama por un cambio de nombre para que no quede horado el nombre de un escritor indisolublemente asociado al régimen franquista, lo cierto es que toda la ciudad, empezando por sus aficionados jondos, celebra el regreso de esas noches de magia en su teatro del parque de toda la vida. ♦



















