Los colores de Sevilla son especiales. No es menester discutirlo. Máxime en noches como la de hoy, en las que el clima, el lugar y la predisposición se unen en un compendio que insta a desear sentir el crisol que en ocasiones emite el flamenco. El Real Alcázar de la ciudad hispalense recibe a Israel Fernández y Diego del Morao. No se espera otra cosa de ellos que conviertan la noche en arte. El marco lo tenemos, solo es necesario que la plástica que se encuadre en él esté a la altura.
Casi se cumplen quince minutos sobre la hora prevista cuando los artistas salen al escenario. Quizás hubiera sido el momento y el lugar en el que haber sentido un big bang inicial provocador de un primer pellizco. Los cuerpos de cuerda y compás hacen la llamada al cantaor, quien principia su actuación con bulerías cortas a compás. Seguidamente, se sienta delante del piano y nos lleva de una manera singular y melódica a la serrana –Por ser más grande / no es la flor más hermosa / pequeña es la rosa / y es la que vale–, para rematarla con la guitarra de Diego de Morao a compás de abandolao.
Rápidamente nos hemos dado cuenta de que De Oro y Marfil es un proyecto en el que Israel nos introduce en un sutil viaje por su personal manera de interpretar el cante. La cantiña acompañada de Morao da paso al tema Al alba, que en los años 70 escribiera e interpretara Luis Eduardo Aute. Nuevamente, salta del teclado a las seis cuerdas. Los compases jerezanos de Diego le ponen el camino perfecto para la bulería por soléa, así como los tientos-tangos, en los que no desaprovecha la ocasión.
«’De Oro y Marfil’ nace quizás de la ambición del artista por acercarnos a su faceta más musical explorando nuevos terrenos escénicos. Aunque lo encontremos, no podemos esperar al cantaor más flamenco en estricto sentido, mas sí darnos de bruces con la versatilidad e intimismo de un artista que en la última década ha sido y es referente de un arte, el flamenco, que camina hacia nuevos públicos, y quién sabe si nuevas sensaciones»

De aquel primer propósito con el que llegamos –noche, arte y pellizco– aún nos falta este último. Queda solo en el escenario Diego, comienza a hacer magia con sus seis cuerdas. El toque por bulerías le es tan familiar que puede mecerlo, arrullarlo y darle la grandeza propia que merece. Arranca el primer ole a compás que escucho en la noche, han pasado más de cincuenta minutos. Cuando ocurre un poco de esta catarsis, la misma es capaz de transportarse a los demás. Israel, que venía a sentarse frente al piano, le pide a Diego que se quede y juntos llaman al cante por siguiriya. Es lo que al cantaor le apetece. Rompe el esquema establecido y produce ese poquito de sensación que veníamos echando en falta. Cante, toque, siguiriya y noche solo es uno. Olvidarse de un posible encorsetamiento da buen fruto: el del lamento plañidero.
Trío de cuerda y el piano de Israel nos llevan al cante por granaína y media granaína. Buena ejecución recordando al maestro Manuel Vallejo en aquella letra que populariza a final de los años 20 del siglo pasado: Con un suspiro le pago / a aquel que por mí suspire / con un suspiro le pago / yo miro a quien bien me mire / yo no acaricio, ni alabo / a aquel que de mí se retire.
En este viaje intimista y de singulares maneras, Israel explora el rock andaluz con Es tarde para amar, y vuelve al flamenco con su tema Inocencia. Seguidamente regresa a la bulería y en un ventalle de letras nos entrega sus virtudes y las de Morao, destacando en los ritmos de Pastora –la de los peines–. Tres fandangos con sabor a Caracol y El Gloria ponen el broche final a una actuación que como dejamos entrever pasó por diversos momentos, como si de una montaña rusa se tratara.
De Oro y Marfil nace quizás de la ambición del artista por acercarnos a su faceta más musical explorando nuevos terrenos escénicos. Aunque lo encontremos, no podemos esperar al cantaor más flamenco en estricto sentido, mas sí darnos de bruces con la versatilidad e intimismo de un artista que en la última década ha sido y es referente de un arte, el flamenco, que camina hacia nuevos públicos, y quién sabe si nuevas sensaciones. De Oro y Marfil, con Israel Fernández a la cabeza, no es vanguardia: es la continua línea de artistas flamencos con almas de flamencos y ganas y posibilidades de volar por otros espacios compartidos. ♦
Ficha artística
De oro y marfil, de Israel Fernández
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Real Alcázar de Sevilla
14 de septiembre de 2026
Cante y piano: Israel Fernández
Guitarra: Diego del Morao
Percusión, palmas y coros: Ané Carrasco, Pirulo y Marcos Carpio
Coros: Tamara Malena y Juana del Mono
Cuerdas: Violeta Díez Díez, Lucía Borque Gallego y Helena Martínez

















