Érase una vez una niña a la que le gustaba bailar flamenco. Isabel Bayón sigue siendo esa chiquilla que ama el flamenco y el baile hasta hacerlo una parte indisoluble de sí misma. El espectáculo homenaje que hemos vivido la noche del martes 15 de septiembre en el Teatro Central ha sido el mejor reconocimiento que se podía dedicar a la sevillana. Toda su familia, la biológica y la flamenca, tantísimos artistas y personajes de este universo, y tantísimo público, que han querido ser, estar y participar en un homenaje único y mágico en esta Bienal de Flamenco 2026.
Isabel está sentada en las primeras filas del patio de butacas. Está rodeada por su familia, amigos, artistas y un público que la admira y que abarrota el teatro. Muchos de ellos han dejado sin terminar el espectáculo que estaban viendo en otro espacio de la ciudad para vivir en primera persona el homenaje que han dado en titular, muy acertadamente, Epílogo para un cante que se hizo baile. Suite de cantes.
Solo una leve luz para recibir en escena a Jesús Torres, el guitarrista que ocupa el corazón de la bailaora. Con una cariñosa invitación de Jesús, Isabel sube al escenario para sentarse en una silla. Están situados una enfrente del otro y comparten una mirada cómplice que no pasa desapercibida. Jesús le habla con su guitarra, rasgueando tiernos y bellísimos acordes que nos emocionan. Y empieza la magia. Isabel Bayón abre con un pequeño y conmovedor discurso. “Este momento es el omega de mi vida”, confiesa la artista con la emoción grabada en la voz. El broche de oro a sus más de cincuenta años de presencia en los escenarios del mundo, de vida bailada, de hacer de su existencia una constante creación.
Detrás del telón aparece el cuadro de artistas. Son sus compañeros de fatigas, cómplices y hermanos de tantas horas de ensayo y escenario, de viajes y de existencia. Inma Rivero, Antonio Campos, Miguel Ortega y David Lagos al cante, indiscutibles y magníficas voces. Jesús Torres y Juan Antonio Suárez ‘Canito’ son las guitarras centrales de este espectáculo con su maravillosa ejecución. Aún saldrán más tarde a escena también el guitarrista Paco Arriaza, que desde la oscuridad de sus sentidos alumbra con su guitarra ternura en el escenario, y José Luis Ortiz Nuevo, El Poeta, el maestro de ceremonias con su peculiar forma de contar la historia de las cosas, de la bulería, de la Niña de los Peines, de Pericón, de Capinetti, de arrancarnos la risa. Son la reunión de amigos que han venido a cantar y a tocar para que Isabel Bayón le baile al cante y viceversa.
Se evidencia el frágil y delgado cuerpo de Isabel Bayón, pero también se ve el orgullo de quien ha vencido más de cien y una batallas. Solo su sonrisa agradecida nos hace olvidar por qué estamos esta noche aquí. Las guitarras y el cante no nos dejan caer en sentimentalismos. ¡Isabelita está deseando bailar! Y allá que se arranca, regalando al mundo lo mejor de su escuela sevillana preciosista, de sus sinuosos movimientos, de sus pequeños pies que son los que mandan, de esa cabeza bien colocá, de brazos y manos dibujando en el aire el cuento de la niña que quiere bailar flamenco.
«¡Isabelita está deseando bailar! Y allá que se arranca, regalando al mundo lo mejor de su escuela sevillana preciosista, de sus sinuosos movimientos, de sus pequeños pies que son los que mandan, de esa cabeza bien colocá, de brazos y manos dibujando en el aire el cuento de la niña que quiere bailar flamenco»

Isabel es, ante todo, elegancia, señora y esencia del baile flamenco. Uno a uno le van cantando letras que cuentan su historia, no cualquier historia, y ella les baila con generoso cariño, un baile bello, pausado, y a la vez fuerte y seguro, baile y cante fundidos en el movimiento. No se puede pedir más complicidad, más momentos emotivos y más segundos de duende y pellizco flamenco. Se oyen sollozos alrededor, y también un sinfín de oles y aplausos y elogios para la reina de la noche, porque esta noche Isabel Bayón es la estrella que brilla en lo más alto del universo flamenco.
Ella sabe que la queremos. El espectáculo es un derroche de transmisión, de vivencia y de arte compartido. Una experiencia interactiva en la que público y artistas viven la comunión del flamenco, esa comunión tantas veces nombrada y tan pocas veces vista por estos pagos. De pronto, todos nos sentimos participes en la fiesta.
Isabel se ha cambiado de ropa, bata de cola, para bailar por alegrías. Su traje blanco la hace ver todavía más pequeña en su enorme grandeza. Se nota el cansancio en su respiración, pero ella ha venido a dar todo lo que guarda en su interior. Hasta el final y sin desfallecer, vuelve a ser la que manda en el escenario y se suceden los zapateados, los giros, los arabescos con las manos, las contorsiones de su cuerpo y el rostro que mira con intención hacia un lado.
Podría haber sido un remate perfecto para el espectáculo, un fin de fiesta maravilloso, con esas alegrías y cantiñas, pero aún queda algo más que la bailaora nos quiere contar. Despide a los artistas y se queda sola en el escenario. El cante grabado suena ronco de fondo. Isabel Bayón quiere contarnos su presente. Ahora nos muestra la mujer en su soledad, el omega de una vida dedicada a bailar. Aún le queda el flamenco como esencia de su existir.
El público, con los sentimientos y el corazón compungido, se deshace en aplausos. El más sonoro y amado aplauso para Isabel Bayón, rodeada de su elenco, abrazada a un ramo de flores que le acaban de entregar. La bailaora sevillana nos ha regalado el momento más mágico de esta Bienal de Flamenco 2026. Va a ser muy difícil superar esta experiencia vital, este homenaje a la vida. ♦
Ficha artística
Epílogo para un cante que se hizo baile. Suite de cantes
Espectáculo homenaje a Isabel Bayón
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro Central
15 de septiembre de 2026
Cantaores invitados: Antonio Campos, David Lagos, Miguel Ortega e Inma Rivero
Guitarristas: Jesús Torres y Juan Antonio Suárez ‘Canito’
Contador de Cantes: José Luis Ortiz Nuevo
Colaboración especial al baile: Isabel Bayón
Colaboración especial a la guitarra: Paco Arriaga























